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El poder de la decisión

El poder de la decisión
octubre 01
2020

Tomar una postura sobre el papel y la responsabilidad en las áreas donde se participa de manera personal, es lo que se necesita para ser parte del cambio en el país.

En cualquier medio y en un sinnúmero de circunstancias es común escuchar expresiones como “ya saben cómo soy”, “¡así soy y qué!” y otras similares. Por lo general, estas respuestas se dan a conductas en el fondo deleznables. Dichas frases se convierten en una terrible justificación, y a partir de ellas surge la importante pregunta: ¿Así eres o así quieres ser?

En la actualidad, México vive una etapa de múltiples tendencias sociales que buscan plasmar sus corrientes ideológicas en modificaciones legales. Algunas promueven la despenalización del aborto, otras buscan la legalización de la marihuana y otros estupefacientes, o la prohibición de la venta de alimentos con alto contenido calórico a menores de edad.

En el fondo de esas expresiones personales y manifestaciones sociales, subyace una cuestión toral: la capacidad de decidir. Al final, es el individuo, en un instante propio, quien decide lo que hace o deja de hacer, de consumir, de seguir.

¿Cómo tomar una decisión?

Es aceptado que cada individuo reconozca su importancia, considerando y apreciando el hecho de ser único e irrepetible, y que ello le otorgue dignidad. Sin embargo, quedarse únicamente en ese punto sería algo egoísta, pues es fundamental reconocer que, al vivir en sociedad, nos encontramos rodeados por muchas personas que, aun sin conocerlas, gozan de los mismos atributos y, por lo tanto, también tienen dignidad.

Los otros, al tener esta cualidad, lo menos que merecen es respeto. Este valor representa lo que se necesita para no causar ofensa o perjuicio. En el momento en que se es consciente de esa realidad, decidir es muy sencillo: se debe hacer aquello que, respetando la dignidad del otro, no le ofenda ni perjudique.

Eso mismo se puede interiorizar respecto de aquellas cosas que elijo para mí. Un ejemplo: de acuerdo con datos de la Secretaría de Salud (SSA), del total de personas que han fallecido por COVID-19 en México, 67% presentaba diabetes, hipertensión u obesidad. Estos padecimientos están estrechamente vinculados a malos hábitos alimenticios, fumar o llevar una vida sedentaria, algo común en la sociedad actual. Aun cuando no existiera la pandemia, esas enfermedades generan una terrible calidad de vida y son la causa de muerte de muchos mexicanos, incluso en edades tempranas.

¿Cómo elegir respecto de mí?

Mi vida, ésa que es única e irrepetible, es posible a través de un cuerpo, una estructura física que me caracteriza, un “envase”, una máquina impresionante. Ese cuerpo, por ser excepcional, también merece mi respeto y cuidado.

Por otro lado, el tiempo, el mero hecho de vivir, le genera un desgaste natural; si a eso se suman los daños que le puedo generar por descuido o negligencia, por excesos, más temprano que tarde llegarán las consecuencias y éstas se harán evidentes en una salud deteriorada. Reflexionar sobre ello en lo individual, en lugar de poner límites a través de leyes, generaría mejores resultados.

Así, lo que ha sucedido en Oaxaca, donde el Congreso local aprobó la prohibición de la venta de alimentos con alto contenido calórico y bebidas endulzadas a menores de edad, no es en realidad una solución. A nivel nacional está prohibida la venta de cigarros y bebidas alcohólicas; a pesar de ello, según la revista Salud Pública de México, más de 60% de los fumadores inició su consumo antes de los 16 años de edad y algo muy similar sucede con las bebidas alcohólicas, cuyo uso se inicia siendo menores de edad.

¿Cómo pasa eso si legalmente no pueden comprar estos productos? En este país hay una diferencia muy importante entre la aprobación de una ley y su instrumentación. Pongamos como ejemplo la Ley General para el Control del Tabaco, que en su artículo 16, establece una prohibición que no sólo aplica para menores de edad, sino a la población en general: la venta de cigarrillos por unidad, es decir, sueltos. Sin embargo, en la práctica, en cualquier tienda o semáforo de una vialidad se consiguen de esa forma.

El establecimiento de esas normas da origen a esquemas de corrupción, ya que faculta a autoridades locales proclives a pedir y recibir dádivas. Por lo tanto, la solución adecuada implica formar hábitos de vida saludables, lo cual se genera desde casa y se refuerza en las escuelas. Aunque también puede que éstos lleguen al elevar el nivel de conciencia en cualquier edad del individuo.

Hay casos en los que en el hogar se ven excesos en el consumo de esos productos y el desorden en el cuidado personal. Al mismo tiempo, en la escuela, el profesor que da recomendaciones respecto a los buenos hábitos alimenticios, tiene sobrepeso por no seguirlos él mismo; y quien promueve la actividad física tampoco tiene condición, porque fuma.

Donde no hay decisiones, no hay vida.”

J. J. Dewey

Así sucede con varios de los diputados que aprobaron la ley en Oaxaca para prohibir la venta de alimentos chatarra a niños: presentan importantes muestras de obesidad. De este modo, que el individuo eleve el nivel de conciencia es la opción insustituible.

¿Cómo decidir respecto del trabajo o empresa?

El valor que define mi rol en relación con el entorno es el respeto, y éste también aplica a las cosas, al trabajo y la empresa. Ahora más que nunca, el empleo es una bendición, pues es el medio de sustento de la familia. Éste se origina por medio de un acuerdo en el que las partes conocen sus correspondientes deberes y es indispensable asumir con responsabilidad todas las implicaciones.

La empresa es donde se depositan las inversiones y se producen los rendimientos. Requiere respeto en sus finanzas, por ello todos los gastos deben estar justificados por el ingreso que producen. No puede convertirse en la caja chica de la familia ni en el medio de financiamiento del estilo de vida del dueño, pues eso la conducirá a un destino inviable. Las finanzas deberán desarrollarse con respeto hacia las obligaciones con el cliente, quien es destinatario de los productos o servicios, y la razón de la operación.

Hacia los proveedores y acreedores, quienes depositaron su confianza en la compañía, y hacia las obligaciones fiscales, que son el medio por el cual se fomenta la redistribución de la riqueza (a través del gasto público), se incentiva el ciclo vir tuoso que promueve el consumo y se dinamiza a la economía. Decide ser parte activa de las acciones necesarias para mejorar el desarrollo social y aminorar el impacto de la huella antropogénica en el planeta. Toma en tus manos el rumbo de tu destino. El único límite a la libertad deberá ser el respeto a los otros y a sus derechos. Decide dejar a un lado las justificaciones.

Mtro., L.C. y A.C. en C.P. Héctor Torres Sánchez
Integrante de la comisión de Ética y Responsabilidad Profesional del Colegio
h.torres@ebc.edu.mx

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