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El orgullo de ser orgulloso

El orgullo de ser orgulloso
abril 01
00:06 2015

No debemos confundir el orgullo con engreimiento, vanidad extrema, narcisismo o terquedad jumenta, característica de los necios que han hecho acuñar frases equivocadas como “es muy orgulloso”, “nunca da su brazo a torcer”.

Hemos confundido el orgullo con necedad, cuando en realidad este se refiere a la relevancia que damos en especial a un acontecimiento o circunstancia, como puede ser el orgullo que sentimos por la calidad de nuestras obras, el prestigio de nuestra empresa o por los logros que han obtenido nuestros hijos, o el orgullo de nuestro origen, historia o nación, el orgullo de pertenencia a algún grupo prestigiado por sus alcances, en fin, sentirnos importantes por algún hecho o circunstancia que haga crecer nuestra propia autoestima. Esto es auténtico orgullo.

El orgullo representa un motivo que nos permite autoapreciarnos más y podríamos decir “orgullosamente mexicano, colombiano o peruano”, cuando sabemos que tenemos razones para exhibir nuestra importancia.

El orgullo es la base para construir la confianza en nosotros mismos y es el reconocimiento de que somos nuestro más alto valor

El orgullo es la base de la confianza en nosotros mismos y es el reconocimiento de que somos nuestro más alto valor. No hay valor más alto que la autoestima, su desesperada necesidad es asunto de vida o muerte, no poseerla significa no estar en condiciones para la existencia. Debemos estar convencidos de que el orgullo es la suma de nuestras virtudes, entonces sabremos vivir como seres humanos.

No existen palabras para describir la grandeza de un ser humano, su complejidad y su perfecto ensamble. Aun cuando tenemos tantos millones de años de existir, no acabamos de comprender su funcionamiento, es más, a pesar de que contamos con innumerables avances científicos todavía no somos capaces de repararlo integralmente.

Siempre que preguntamos ¿Cuál será la mejor herencia que le puede dar un padre a sus hijos?, casi en su totalidad la respuesta es educación, lo cual es totalmente cierto; cabría preguntarnos qué tipo de educación. La primera y más importante formación que debe recibir al nacer un ser humano es la autoestima, pues de ella depende su propia seguridad y desarrollo.

Si aprendemos a amarnos a nosotros mismos, traerá como consecuencia inmediata nuestro propio autorrespeto, lo que incitará a protegernos y cuidar de nosotros, evitar todo aquello que nos destruya: drogas, alcohol, contaminación, corrupción. Y si además sentimos orgullo de nuestras potencialidades, nos comprometerá a auto exigirnos cada día más para superarnos y ser mejores.

Tener conciencia de nuestro valor es la base del orgullo, de nuestra magistral creación, y cuando logremos conceptualizar la infinita sabiduría que existe en nuestra esencia como seres humanos, entenderemos la grandeza infinita de Dios. Si somos a imagen y semejanza de Dios, cada uno de nosotros en esencia somos la presencia palpable de Él.

Deténgase un momento a reflexionar y maravíllese usted mismo de su grandeza, de su piel, la ingeniería perfecta de sus ojos, la flexibilidad de sus manos y el más grande misterio, del cual aún no hemos comprendido toda su potencialidad: el cerebro, que nos explica lo inexplicable.

Por ejemplo, todos conocemos el aroma de una rosa, pero no hay lenguaje para describirlo; la sonrisa de un hijo o el misterio de por qué un niño que ha nacido ciego aprende a sonreír a través de las caricias de su madre, ¿Cómo se lo ha transmitido?, no lo sabemos, pero es una auténtica realidad. Si usted no lo cree ¿Cómo podría explicar el color azul a un invidente de nacimiento?

Lic. Miguel Ángel Cornejo

Presidente de la Fundación Miguel Ángel Cornejo, S.C.

presidencia@cornejoonline.com

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