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El Estado de México y las apuestas para el 2018

El Estado de México y las apuestas para el 2018
marzo 22
11:23 2017

En el presente año sólo se celebrarán tres elecciones para gobernador: Coahuila, Estado de México y Nayarit; también se llevarán a cabo comicios para renovar las presidencias municipales de Veracruz. No debería ser, en teoría, un año intenso desde el punto de vista electoral. Sin embargo, en la medida que se trata de las elecciones locales inmediatas anteriores a la elección presidencial, adquieren relevancia, principalmente en el caso del Estado de México.

De hecho, una gran cantidad de analistas insisten en analizar los comicios mexiquenses como una suerte de escenario anticipado de la elección presidencial. No se puede poner en tela de juicio la importancia de los resultados en la entidad con el mayor número de votantes en el país. Con todo, es preciso señalar que, de acuerdo con la evidencia arrojada por los comicios más recientes, el triunfo en el Estado de México no significa ubicarse en la antesala de Los Pinos. El PRI, que nunca ha dejado de ser el partido gobernante en dicha entidad, se alzó con la victoria en 1999 (Arturo Montiel), 2005 (Enrique Peña Nieto) y 2011 (Eruviel Ávila). No obstante, sólo fue capaz de acceder a la presidencia en 2012 y, en la actualidad, enfrenta un escenario bastante complicado tanto en el Estado de México como a nivel nacional.

En otras palabras, ganar el Estado de México no es garantía de un resultado favorable en la elección presidencial. Lo que, en cambio, sí puede resultar cierto es que un resultado adverso podría ser indicativo de significativas debilidades de cara al 2018, sobre todo en el caso del PRI.

En tal virtud, gran parte de las posturas adoptadas por los actores políticos en relación con las elecciones mexiquenses parecen definidas en clave federal. Tanto en el PRI como en el PAN y MORENA, los tres partidos con posibilidades reales de obtener la victoria, parecen tener claro que si bien el triunfo no asegura el éxito en la contienda presidencial, un mal resultado (por ejemplo, un rezagado tercer lugar) sí merma las posibilidades de triunfo en 2018.

En el caso del PRI, que en este proceso se ha ceñido al pie de la letra a sus más rancios usos y costumbres, el presidente Peña se ha convertido en el gran elector, restando de esta manera influencia al gobernador Eruviel Ávila. Asimismo, la designación de Alfredo del Mazo, quien debido a un acertado cálculo político ya había sido sacrificado seis años antes, no deja contento al gobernador en funciones (cuya operación será vital para obtener el triunfo) ni a otros aspirantes, como la ex Secretaria General del PRI, Carolina Monroy. La pregunta clave es qué tan fuerte es la unidad del priismo de cara a la elección. Y ésta, sin duda, es una pregunta que inquieta sobremanera al presidente Peña porque perder en su propio estado puede ser interpretado como un indicio claro de una gran debilidad. Sus bajos niveles de aprobación serían vistos como un pesado pasivo político capaz de hundir al PRI aun en la patria chica del presidente. Para el presidente Peña debe ser claro que un mal resultado en el Estado de México sería la muestra más elocuente de que, en la actualidad, su figura es más una debilidad que una fortaleza y, en dicho sentido, sobre la base de esta evidencia adquiere verosimilitud el escenario de que en 2018 enfrentará fuertes resistencias internas para designar candidato a la presidencia y para definir la línea de la campaña.

El caso de MORENA es diferente. No hay riesgos de ruptura interna porque se trata de un partido que gravita en torno a una sola voluntad. Por otro lado, es hasta ahora el partido que mejor ha capitalizado el hartazgo social y su candidata, Delfina Gómez, va, según las encuestas, en franco ascenso, aunque todavía en tercer lugar. Ciertamente, el hecho de que el verdadero protagonista de la campaña sea López Obrador explica en buena medida los avances de la campaña. Pero, precisamente por ello, un fracaso podría ser indicativo de que MORENA no cuenta con una estructura suficientemente sólida en una entidad en la que su caudillo es particularmente popular.

Dicho en otros términos, si en una entidad donde MORENA parece fuerte y su caudillo tiene una amplia base de apoyo social, el resultado electoral es adverso debido a las debilidades estructurales del partido, difícilmente se le podría augurar mejor suerte en 2018 cuando esa estructura tenga que operar en entidades del norte y del centro-occidente del país. Para López Obrador el único resultado positivo es el triunfo en la medida que éste contribuiría a reforzar la narrativa de la profecía autocumplida que da como inminente el triunfo del tabasqueño en 2018; la derrota, por el contrario, debilitará la narrativa del triunfo inminente.

Para el PAN, la victoria en el Estado de México se entendería como una continuación de la tendencia ascendente en la que, de manera clara desde 2016, se ubicó el partido. La victoria podría significar que la narrativa de la profecía autocumplida empezara a jugar en favor de Acción Nacional. Por el contrario, un fracaso (es decir, un tercer lugar) iría a contracorriente de la imagen ascendente y competitiva que el partido ha construido. Pero un cercano segundo lugar, sobre todo si es acompañado de resultados favorables en Coahuila y/o Nayarit, lo mantendría en una clara posición competitiva para 2018.

Para tal efecto, Acción Nacional cuenta con una buena candidata que, gracias a la eficaz operación de Ricardo Anaya, fue respaldada por prácticamente todas las corrientes del panismo, con excepción del ex gobernador Moreno Valle y de su aliado mexiquense el diputado Ulises Ramírez. La interrogante es hasta qué punto la unidad en torno a Vázquez Mota es real, aspecto crucial una vez que se toma en cuenta que, a diferencia del PRI (que suele ir en alianza con los verdes, con Nueva Alianza y con Encuentro Social), el PAN competirá sin el apoyo de ningún otro partido. De ahí la trascendencia del bloqueo a una eventual coalición con el PRD por parte de Alianza Democrática Nacional, la corriente perredista mayoritaria en la entidad y que ha forjado una muy redituable relación de colaboración con el priismo y el gobierno mexiquenses.

La moneda está en el aíre. Hay tres contendientes con posibilidades reales de alzarse con la victoria. Erróneamente, la elección para gobernador en el Estado de México se ha querido interpretar como un adelanto del resultado de la elección presidencial. No obstante, el desempeño de los contendientes sí arrojará evidencias de las fortalezas y debilidades del PRI, del PAN y de MORENA de cara a la elección de 2018. En este escenario, el PRD, que no tiene posibilidades de victoria, pero que podría obtener cerca del 10% de la votación, puede convertirse en un factor clave para definir la elección si decide apoyar tácita o expresamente a un determinado candidato. Sería un ensayo de la estrategia a adoptar el próximo año.

Lic. Pedro Javier González

pj1999glez@gmail.com

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