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El capital intelectual y el inversionista

El capital intelectual y el inversionista
noviembre 29
09:27 2013

Por C.P. Enrique Zamorano García

Maestro Emérito del IPN

ezamorany@prodigy.com

La inteligencia humana y los recursos intelectuales son los activos más valiosos de muchas compañías. Pero aún no se ha descubierto cómo medir su valor.

Hasta hoy la definición de capital intelectual ha sido elusiva, pero en años recientes, instituciones y personas de diversas disciplinas han comenzado a investigar para encontrar una explicación razonable. Sea cual sea la definición, el significado de capital intelectual es inmensamente amplio.

El problema entre los Contadores profesionales, inversionistas, y las compañías es que para los inversionistas, armados exclusivamente con un folleto prospecto o un informe anual y algunas páginas del periódico diario, la información disponible es claramente insuficiente. ¿Cómo puede el pequeño inversionista obtener una información detallada y dinámica para tomar una decisión correcta? Desde luego ese inversionista no la puede recibir del informe anual.

Asimismo, no ofrecen información sobre la historia de la empresa, sus tradiciones y su filosofía. No dice cuál es su valor humano ni hace sonar una alarma cuando debido a decisiones de la dirección todos estos conceptos se perdieron.

Dado el dinámico cambio tecnológico y la velocidad de las comunicaciones, invertir en capital sería como estar volando ciegamente en un huracán.

Observa los encinos viejos, pueden parecer formidables, pero quizás sus raíces ya estén podridas y caerán con la próxima tempestad. Así también con las compañías, eso es lo que hace tan útil el estudio del capital intelectual; es decir, el análisis de factores más allá de lo visible.

En caso de que el capital intelectual o la raíz enterrada sea más importante que las partes visibles del árbol; si esto es, en efecto, una parte sustancial del valor real de las compañías que no está reflejada en la información, entonces estamos frente a una inequidad en la comunidad financiera y no solo eso, también frente a una verdadera crisis que se extiende a través de la economía.

Dado el dinámico cambio tecnológico y la velocidad instantánea de las comunicaciones, invertir capital sería como estar volando ciegamente en un huracán dependiendo de instrumentos que miden mal los objetivos. Estamos en un enorme peligro de enfocar nuestra dirección y nuestro vuelo hacia el suelo sin saber que vamos rumbo al desastre. Este solo hecho deberá consternar el alma de cualquier inversionista y debería ser más que un incentivo para buscar caminos efectivos para medir y nutrir el capital intelectual.

La medición del capital intelectual y un informe adecuado representa una necesidad en este importante cambio de la Era Industrial a una Economía del Conocimiento. El capital intelectual puede ser una teoría nueva, pero en la práctica existe desde hace varios años como sentido común. Siempre ha estado presente en ese múltiplo que se encuentra entre el valor de mercado de una empresa y su valor en libros.

 

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