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El capital humano en iniciativas de Smart Factory

El capital humano en iniciativas de Smart Factory
marzo 30
2020

Lo que define el éxito de una implementación de este tipo es el personal involucrado que deberá trabajar con la nueva tecnología.

La productividad en las fábricas parece estar estancada. De acuerdo con el estudio “Smart Factory 2019, Capturing value along the digital journey”, de Deloitte, a pesar de los avances tecnológicos en los equipos y el software de producción, la productividad de los empleados creció menos de 1% en 2017 y 2018, lo que contrasta contra los crecimientos anuales de 3.6%, en promedio, registrados entre 1987 y 2006.

La evolución hacia smart factories o industrias 4.0 parece ser la solución para impulsar al personal, al tiempo que se incrementa la capacidad de producción. Al hablar de estas fábricas inteligentes, se hace referencia a un sistema flexible que es capaz de optimizar de manera automática el desempeño en una red de fábricas, proveedores, y socios; que se puede adaptar y aprender de nuevas condiciones casi en tiempo real, así como llevar a cabo los procesos de producción de forma autónoma.

¿En verdad ayuda la digitalización de una fábrica a incrementar la productividad laboral? De acuerdo con el estudio, los encuestados mencionaron un aumento en la capacidad de producción como resultado concreto para el negocio, junto con mayor visibilidad del rendimiento de los activos, y una mejor calidad en los productos o componentes fabricados. Estos resultados son la evidencia que impulsa a los pioneros a implementar iniciativas de fábricas inteligentes.

Tipos de adoptantes

Pioneros: los primeros en innovar, han identificado el valor potencial y han decidido invertir en él. No se quedan con un modelo de adopción y suelen implementar múltiples esquemas de smart factory. Son más propensos que el resto a tener una combinación entre modernizar y construir nuevos activos.

Exploradores: están en camino de implementar iniciativas de smart factory, pero con un alcance más moderado en cuanto a inversión y aplicación.

Seguidores: suelen esperar hasta que la tecnología ha sido probada para considerarla.

La gente: el factor que consolida o destruye una iniciativa

Más allá de la tecnología utilizada o la cantidad de dinero invertida en un proyecto, lo que define el éxito de una implementación es el personal involucrado, desde los accionistas y los líderes del proyecto, hasta quienes están en el piso de la fábrica y que serán quienes deban trabajar con la nueva tecnología. La forma en que se comprometan los grupos de trabajo será determinante para el resultado de la iniciativa.

Lo primero es conseguir el talento adecuado. En opinión de los ejecutivos entrevistados para el estudio, hasta 90% de la solución consiste en tener al líder correcto, que tenga experiencia y pasión. La buena noticia es que este tipo de perfil frecuentemente ya se encuentra en la compañía, sin importar el área en la que se desempeñe: se trata de líderes apasionados, experimentados y con conocimientos. Si no existe ese perfil, se puede contratar a alguien nuevo. Lo crucial es entender que su rol es central para el éxito y no se puede poner a cualquiera, pues existe el riesgo de no obtener los resultados esperados.

Otro factor relevante consiste en integrar una variedad de perfiles con diversos conocimientos y habilidades, como gente de tecnología, finanzas, producción y ejecutivos del negocio. Cada perfil trae una visión distinta que, guiada por el líder adecuado, ofrecerá una perspectiva integrada, construida a partir de los puntos en común, e incluso de los desacuerdos que brindan nuevos puntos de vista.

Algo interesante es que los grupos de liderazgo seleccionados entre los pioneros, los expertos y los seguidores son bastante diferentes, lo que refleja por qué los resultados obtenidos también son tan distintos entre sí.

Gestión del cambio como ventaja competitiva

La mitad de los entrevistados en el estudio indicaron que administraron el cambio al desarrollar equipos centrales o grupos de trabajo, los cuales tenían tareas de investigación, desarrollo e implementación de iniciativas de smart factory. Esta cifra fue similar, tanto para pioneros como para exploradores y seguidores.

Sin embargo, sólo los pioneros y exploradores implementaron métricas para evaluar los progresos contra objetivos, desarrollaron un proceso de comunicación para explicar las implicaciones del proyecto a todo el personal involucrado y crearon un centro de excelencia para coordinar e interconectar las iniciativas con las unidades de negocio.

En lo que se refiere a incluir a terceros para gestionar las iniciativas, sólo los pioneros indicaron hacerlo. Esto pone de manifiesto que suelen hacer cosas de manera distinta a los demás y no temen utilizar múltiples enfoques para gestionar el cambio. Tal vez ésta es la razón por la que su curva de adopción es más veloz, y por lo cual obtienen mayores beneficios.

Retos y riesgos que definen la implementación

Cada recompensa trae su riesgo. Uno de los mayores retos para la adopción de fábricas inteligentes es que muchas organizaciones no realizan inversiones ni implementan iniciativas. El 19% de los respondientes ni siquiera han pensado en la transformación de la fábrica, mientras que 30% lo considera, pero no cuenta con planes ni iniciativas para una smart factory.

Una posible explicación para esta falta de interés es que el proceso de selección de una iniciativa adecuada, la búsqueda de líderes correctos, la construcción del caso de uso, la obtención de recursos y el lanzamiento del proyecto son decisiones que debe tomar la alta gerencia al considerar las necesidades de todo el personal involucrado, y son pocos los que están dispuestos a correr el riesgo de fallar. ¿Cómo no temer el fracaso, cuando un error en la línea de producción podría detener todo el proceso de fabricación u ocasionar un accidente a un empleado?

Otro posible riesgo al que están expuestas todas las fábricas, sin importar su nivel de madurez digital, es el de sufrir ciberataques. Las amenazas cibernéticas son persistentes y pueden tener efectos desastrosos si las iniciativas de smart factory se implementan sin las debidas precauciones, como la creación de una estrategia de riesgos cibernéticos.

Cada vez más, las instalaciones de manufactura son un objetivo para los atacantes y pocas están preparadas. El estudio muestra que casi la cuarta parte de las compañías (24%) no llevan a cabo evaluaciones anuales de riesgos, pero incluso quienes sí realizan estas evaluaciones lo hacen desde un punto de vista de vulnerabilidades, sin considerar la complejidad del ambiente de producción.

Los riesgos de seguridad cibernética no sólo afectan las computadoras. Un hackeo exitoso podría afectar la programación en las máquinas, lo cual puede resultar en un producto defectuoso o en personal lesionado. Las fábricas deben estar conscientes del riesgo potencial de un ciberataque para sus empleados e implementar las debidas protecciones, más allá de las herramientas tradicionales, y ofrecer una solución efectiva para la totalidad de los riesgos en el piso de producción.

L.A.E. Jorge Ponga
De la comisión de Capital Humano y Talento del Colegio
Socio líder de Capital Humano en Consultoría, Deloitte México
jponga@deloittemx.com

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