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El arranque del T-MEC

El arranque del T-MEC
agosto 01
2020

En medio de la más profunda caída económica en casi un siglo y ante pronósticos cada vez más pesimistas sobre el desempeño de la actividad productiva, en su mensaje con motivo de la celebración del segundo aniversario de su triunfo electoral, el presidente López Obrador refrendó su confianza en que la crisis pronto será remontada. El argumento esgrimido fue que “la pérdida de empleo ya tocó fondo, pues de 555 mil puestos perdidos en abril, se pasó a 345 mil en mayo y a 86 mil en junio”.

Asimismo, fincó su optimismo en la puesta en marcha del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Haciendo gala del voluntarismo que lo caracteriza, es evidente que el presidente está apostando a que la reactivación económica de Estados Unidos de América (EUA) será el factor que, en el marco del nuevo acuerdo comercial, detone el crecimiento de la economía nacional.

Desde luego, no cabe ignorar el potencial dinamizador del T-MEC. Sin embargo, el acuerdo no es una fórmula mágica que por sí misma mejore el comportamiento de la economía nacional, pues es de sobra sabido que la causa profunda de sus dificultades se halla en la caída de los niveles de inversión (evidentes aun antes de la pandemia) y que ésta, a su vez, se explica por la pérdida de la confianza de los inversionistas que demandan la garantía de reglas del juego claras y estables.

Por otra parte, el consenso entre los analistas económicos de EUA es que, al margen de que no se descomponga el panorama a causa de un repunte de la pandemia, la recuperación del empleo y la actividad productiva no será inmediata. Habrá mejoras, pero se estima que no será sino hasta 2023 cuando EUA alcance los niveles de desempeño económico prevalecientes antes de la irrupción de COVID-19.

Durante las crisis de 1995 y 2009 el TLCAN desempeñó un papel relevante debido a que ofreció estímulos a la inversión productiva, gracias a las mayores oportunidades de mercado y, de manera destacada, a la certidumbre en materia de reglas del juego que implicó. Este es el gran reto del nuevo acuerdo comercial: incrementar los volúmenes de intercambio y fortalecer la certidumbre. Por lo pronto, debe subrayarse que el T-MEC envía un mensaje positivo a los mercados.

México tiene una oportunidad única para consolidarse como la plataforma de exportación de manufacturas en América del Norte».

Pese a todas las decisiones gubernamentales que parecen inclinarse hacia una economía estatizada, México seguirá siendo una economía abierta. Adicionalmente, el T-MEC abre al país una gran diversidad de oportunidades en rubros como la economía digital, las telecomunicaciones, el uso de tecnologías de la información y el comercio electrónico, todos ellos herramientas poderosas para reactivar la economía de la región.

Vale también la pena agregar que el nuevo acuerdo incluye áreas no consideradas en el TLCAN, pues además de los sectores ya mencionados contiene importantes disposiciones en el ámbito sanitario, así como en relación con las empresas de Estado y el combate a la corrupción. De manera especial, llama la atención lo pactado en materia del sistema de solución de controversias, que permitirá a cada uno de los tres socios conformar sus propios equipos de panelistas expertos, para dirimir diferencias en los distintos capítulos del acuerdo.

Un asunto no menor es que, según la secretaria de Economía, “este acuerdo nos va a permitir democratizar el comercio exterior de México, ya que las nuevas disposiciones relativas a la integración de micro, pequeñas y medianas empresas a un mercado de casi 500 millones de habitantes […] abrirán nuevas oportunidades a la exportación para este grupo de empresas, así como a emprendedores de diversas regiones del país” que no habían contado con condiciones idóneas para sacar provecho de la integración a los mercados internacionales.

Desde un punto de vista estratégico, en el mundo pos-COVID-19 resultará crucial estar preparados para lidiar exitosamente con la reorganización de las cadenas globales de valor. La coyuntura actual está obligando a replantear y a reubicar la proveeduría más cerca del consumidor final. En este contexto de apuesta preferente por la integración regional, México tiene una oportunidad única para consolidar su posición como la plataforma de exportación de manufacturas en América del Norte, sobre todo de cara a los riesgos que presupone China como eslabón de los encadenamientos productivos. No obstante, se vislumbran tres retos significativos:

1.- En el caso de la integración regional, el T-MEC fija a la industria automotriz metas difíciles de cumplir al estipular que 75% del vehículo deberá haber sido producido en alguno de los tres países.

2.- Otro desafío se refiere a la instrumentación de la reforma laboral. A este respecto, es preciso tomar cuenta la diversidad y la profundidad de los cambios a concretar. Además de las modificaciones referentes al derecho individual y colectivo al trabajo, se rediseñó la inspección laboral y, para tal efecto se creó el área de Trabajo Digno en la Secretaría del Trabajo y Previsión Social. La idea es que estas medidas contribuyan a sentar las bases para un crecimiento mayor de los salarios manufactureros en nuestro país y la reducción de la brecha salarial entre México, EUA y Canadá.

3.- El tercer reto para el país se refiere a la cuestión del medio ambiente. El problema es que, hasta el momento, no parece existir una estrategia destinada a garantizar el cumplimiento regional de este capítulo.

En adición a estos desafíos, en el corto plazo se avizoran posibles litigios que podría plantear la administración de Donald Trump. En el plano laboral, destaca la puesta en operación de mecanismos de vigilancia que, desde la embajada de EUA, certificarán el cumplimiento de las nuevas normas. Otro asunto no menor es el concerniente a los derechos de los inversionistas, sobre todo cuando en sectores como el energético las empresas norteamericanas han acudido a su gobierno con motivo de los cambios de reglas impuesto por las autoridades mexicanas. Y algo similar puede decirse a propósito del cabildeo de los agricultores de Florida (estado clave para las aspiraciones reeleccionistas de Trump) que pugnan por la imposición de restricciones a las exportaciones mexicanas de frutas y hortalizas.

Este escenario de litigios no puede ser descartado dada la vena proteccionista del presidente Trump y del equipo conformado por el secretario Wilbur Ross, por el titular de la Oficina del Representante Comercial, Robert Lighthizer, y por el influyente asesor Peter Navarro. En otras palabras, aunque el T-MEC representa un factor de certidumbre, no se puede ignorar la posibilidad de desplantes amenazantes del huésped de la Casa Blanca. Sobra decir que este riesgo se acentuará en caso de que logre la reelección.

Lic. Pedro Javier González G.
Director de Seminario Político
pj1999glez@gmail.com

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