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Café con dos de Economía

Dos caras de la moneda USMCA (2.ª parte)

diciembre 01
08:00 2018

 

En la primera parte de este análisis, se revisaron los alcances y limitaciones del Acuerdo Estados Unidos, México y Canadá (USMCA, por sus siglas en inglés) desde una perspectiva macroeconómica. Ahora toca hacerlo del lado microeconómico, pues uno de los principales beneficios que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ha dado desde su inicio es la estrecha integración industrial en Norteamérica, en particular, en tres ramos: vehículos automotores, autopartes y componentes electrónicos. De acuerdo con cifras del Banco de México (Banxico), en el tercer trimestre de 2018, 37% de las exportaciones mexicanas corresponde a componentes electrónicos, 25% a vehículos automotores y 24% a autopartes; esto es 86% del total de las exportaciones. Respecto a las importaciones, la diversificación a nivel micro se mantiene, ya que alrededor de 39% de ellas responde a componentes electrónicos, 10% a autopartes, 8% a metales y sus manufacturas, 7% a plásticos y 7% a productos químicos.

El USMCA integrará aún más esas ramas industriales debido al nuevo marco regulatorio en las Reglas de Origen incluidas en el capítulo 4, que además de incorporar al sector automotriz, también lo hará con el de productos químicos y manufacturas de vidrio, titanio, acero y fibra óptica. Asimismo, contempla los combustibles, la energía y los insumos para la construcción, sectores que a partir de las reformas constitucionales presentan un dinamismo superior. Así el escenario, las industrias intensificarán los flujos de comercio entre las tres naciones, lo que profundizará su integración. Con la reforma energética de 2013, las oportunidades de inversión por parte de la iniciativa privada se han incrementado, por lo que no es sorpresa ver incluido al sector energético.

Cifras de Banxico reportan que en el tercer trimestre de 2018, 86% de las exportaciones corresponden a electrónicos, autopartes y automotores.

Además, el capítulo 8 reconoce que México tiene el derecho soberano de reformar su Constitución y legislación doméstica al respecto, así como también la posesión directa de los hidrocarburos del subsuelo. Ambos capítulos cubren la inversión pública y privada, lo cual es buena señal.

Otras mejoras sustanciales se ven en el capítulo 17, referente a la actualización del marco regulatorio de los servicios financieros para establecer condiciones equitativas y exclusivas para el sistema de pagos de la región; el capítulo 18, en telecomunicaciones, que busca ampliar el mercado, con lo que se potenciaría la reforma aprobada en 2013; el capítulo 27, que permite la participación de los tres países en asesoramiento y lucha contra la corrupción; pero, sobre todo, en el capítulo 33, que pone por vez primera la prohibición explícita de realizar devaluaciones competitivas de la moneda, considera la estabilidad macro y la paridad de los mercados como requisitos necesarios para el acuerdo y prohíbe incurrir en políticas económicas que generen incertidumbre financiera.

Con este nuevo documento se intensifican los flujos de comercio y se estrecha la integración industrial entre los países miembros para bienes y servicios que han sido la base de las relaciones comerciales entre Estados Unidos de América, México y Canadá, en espera de que otros sectores económicos aprovechen el escenario. ¿No sería bueno que un trato de esta magnitud se replicara? Considero que sí. El ritmo al que crecen otros mercados a nivel global es indiscutible, truncar las oportunidades de comercio nunca será bueno. Sin embargo, es probable que surjan nuevas opciones y tendrá que haber reacciones en otras partes del mundo debido al USMCA. Por ahora, es fundamental ratificar el acuerdo de comercio de América del Norte… porque primero es lo primero.

Dr. Salvador Rivas-Aceves
Secretario Académico y de Investigación
srivasa@up.edu.mx

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