Veritas Online

Político y Social

Donald Trump: Virtual candidato republicano

Donald Trump: Virtual candidato republicano
mayo 17
2016

Contra todos los pronósticos de los analistas, lo que parecía una mala broma es ya un hecho consumado. Se argüía que un candidato con una oferta programática realmente pobre y con un discurso maniqueo sobre las causas de los problemas que padece Estados Unidos no sería capaz de vencer el rechazo de la cúpula partidaria ni a políticos de larga trayectoria y experiencia, como el ex gobernador Jeb Bush o John Kasich. También se sostenía que sus bravuconadas racistas y misóginas acabarían por hundirlo. Pero lo cierto es que no hicieron mella entre partidarios cuyo entusiasmo crecía en la medida en que el aspirante elevaba el tono y la virulencia de sus ataques.

Trump tuvo la habilidad para decir a cada sector de sus partidarios lo que éstos querían oír. Así pudo conectar con los grupos de americanos blancos golpeados por la crisis económica y, en general, con el cada vez mayor sector de ciudadanos enojados con la situación imperante en el país y con las soluciones ofrecidas por la clase política convencional. Sin embargo, sería una gran simplificación sostener que Trump logró imponerse sólo a partir del apoyo de electores blancos, pobres y con bajo nivel educativo. Lo apabullante de su triunfo da cuenta del apoyo de un universo más amplio de simpatizantes republicanos, que tal vez no estén tan enojados con la situación económica, pero que han visto en Trump la vía para dejar salir del clóset sus profundos sentimientos racistas y nativistas.

Alcanzada la candidatura, la pregunta que se impone es cuáles son sus posibilidades de acceder a la Casa Blanca. De nueva cuenta, el análisis político tradicional nos indica que éstas son remotas. Para empezar, las encuestas dan una cómoda ventaja a Hillary Clinton e, incluso, se ha llegado a plantear la hipótesis de que el rechazo a Trump podría traducirse en un serio revés a los republicanos en el Congreso.

A mediados de abril, la encuesta de The Washington Post-ABC mostraba a Donald Trump como el político con el mayor porcentaje de rechazo (67%) entre la población en general. Y este porcentaje se eleva al 91% entre los afroamericanos y al 81% entre los latinos. Asimismo, entre las mujeres el rechazo asciende al 75% e incluso entre los varones blancos las opiniones negativas alcanzan el 59%. Cabe señalar que, a diferencia de lo que ocurría en los años ochenta, cuando Ronald Reagan ganó la presidencia gracias al voto de la población blanca, hoy en día, el voto blanco ya no es suficiente para ganar una elección.

El problema que ahora deberá resolver Trump es cómo correrse de manera creíble al centro y ganar simpatías entre las minorías. A pesar de la polarización social que se vive en Estados Unidos, el electorado tiende, en las elecciones presidenciales, a votar por opciones no radicales. La pregunta es si el virtual candidato será capaz de presentarse como una alternativa que inspire confianza.

Por otro lado, cabe mencionar que, en aras de conseguir el aplauso y el apoyo para la nominación, el magnate de los bienes raíces y los reality shows sembró agravios a diestra y siniestra. No sólo entre la población de origen mexicano; también las mujeres, las personas con discapacidad, los musulmanes y, en general, las minorías raciales han sido objeto de escarnio. De igual manera, los desplantes agresivos en contra de sus contrincantes y el sector institucional del republicanismo ponen sobre la mesa la posibilidad de que fuerzas  y personajes clave del Partido Republicano decidan no apoyar la campaña de Trump.

Con todo, al margen de lo sólidos que puedan ser estos argumentos, el sentido común indica que no se deben subestimar las posibilidades de que Trump conquiste la Casa Blanca el próximo noviembre. Factores como el rechazo al establishment, el miedo que inspira el terrorismo y las angustias por la situación económica son un terreno fértil para el resurgimiento de sentimientos racistas y propuestas aislacionistas que, lejos de haber sido superados, se encontraban agazapados.

En este marco, adquiere especial relevancia el análisis de las implicaciones que para México podría tener un triunfo de Donald Trump.

Algunos analistas han señalado que la construcción del muro fronterizo no es viable por razones logísticas (permisos, derechos de vía, regulaciones ambientales). Pero al margen de si es o no posible, lo que sí cabría esperar es el endurecimiento de los controles: mayores recursos y facultades legales a la patrulla fronteriza, así como el empleo de equipos de vigilancia tecnológicamente sofisticados.

También cabría esperar deportaciones masivas y la abrogación de las órdenes ejecutivas del presidente Obama que protegen a una buena parte de la población inmigrante, así como la cancelación de la Iniciativa Mérida, cuya importancia no radica en los apoyos económicos que México dejaría de recibir, sino en su efecto simbólico y en la reedición de una relación bilateral inscrita en la lógica de la desconfianza mutua.

En esa misma lógica se inscribe su amenaza de evitar la salida de las remesas. Ciertamente, la medida tiene claros visos de ilegalidad. Pero no habría que descartar una reforma al Acta Patriótica, pieza legal que, so pretexto de la seguridad nacional, ha sido utilizada por el gobierno norteamericano para pasar por encima de los más elementales derechos ciudadanos.

Desde el punto de vista económico, los principales riesgos se relacionan con sus posturas proteccionistas. La anunciada revisión del Tratado de Libre Comercio forma parte de una estrategia aislacionista dirigida contra varias naciones (México y China en primer lugar) y que probablemente también signifique el desconocimiento de los acuerdos del Trans Pacific Partnership.

En este contexto, México no se puede quedar cruzado de brazos; debe defender el interés nacional y desplegar, en primer lugar, una intensa campaña informativa dirigida a la población que no comulga con posturas xenófobas y subir a la misma a los intereses empresariales, laborales y académicos que más se han beneficiado de la relación bilateral. En segundo lugar, México debe rescatar la experiencia adquirida durante las negociaciones del TLCAN y construir una sólida estrategia de cabildeo.

Lic. Pedro Javier González G.
Director de Seminario Político
pj1999glez@gmail.com

Facebook Comments

Related Articles

Búsqueda

Sígueme en Twitter

A %d blogueros les gusta esto: