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Directo al indirecto

febrero 21
17:13 2017

En el artículo 31, fracción IV, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos se establece que entre las obligaciones de los mexicanos se encuentra la siguiente:

“IV. Contribuir para los gastos públicos, así de la Federación, como del Distrito Federal o del Estado y Municipio en que residan, de la manera proporcional y equitativa que dispongan las leyes.”  (Art. XXXI, fracción 4, 1917).

Este artículo constitucional menciona dos principios tributarios que implican que todo mexicano debe contribuir al gasto público en proporción a los ingresos que obtenga y de forma equitativa.

De acuerdo con un artículo publicado en el periódico “El Financiero”, en el año de 2014, Aristóteles Núñez, ex jefe del Servicio de Administración Tributaria (SAT), señaló que el 54.7% de la población económicamente activa no contribuye al fisco; esto equivale a aproximadamente 29 millones de mexicanos, provocando que el SAT pierda una cantidad de 485 mil MDP. (Estrada, 2014)

Lo anterior, refleja una clara deficiencia en el sistema de recaudación mexicano. Pero ¿existe alguna forma de que estas personas, que no pagan impuestos se encuentren obligadas a hacerlo? La respuesta es que sí, ya que quienes no contribuyen directamente al gasto público tienen necesidades básicas; entre muchas otras: comer. De acuerdo con el inciso b), fracción I, del artículo 2-A de la Ley del Impuesto al Valor Agregado (LIVA), se le aplicará la tasa del 0% de IVA, a la enajenación de medicinas de patente y productos destinados a la alimentación (con ciertas excepciones). La cuestión es: ¿por qué no gravar los alimentos a una tasa del 16% y así “subsanar” la falta de formalidad de aquellos que no contribuyen con el gasto público? (Art. II-A, inciso b, 2002)

Por otro lado, en los numerales del 1 al 6 del artículo mencionado y en diversos decretos o reglas emitidas por las autoridades, se enlista una serie de excepciones de alimentos, cuya enajenación grava a tasa del 16% ¿por qué ciertos productos tienen esta desventaja? ¿Esto va en contra del principio de proporcionalidad? ¿Gravar los alimentos al 16% haría disminuir el consumo?

PROPORCIONALIDAD

El principio tributario de equidad implica que se les dé trato igual a los iguales y desigual a los desiguales, y el de proporcionalidad, se puede interpretar considerando algunos criterios emitidos por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) los cuales, señalan que para que una contribución sea proporcional, deben de cumplirse -entre otros- los siguientes supuestos:

“La existencia de un potencial económico susceptible de ser gravado, esto es, que el gobernado cuente con un remanente económico una vez que cubra sus necesidades básicas.”

“El establecimiento de una contribución no debe ser excesiva ni ruinosa, es decir,        que no afecte la fuente de ingreso

“El establecimiento de una contribución debe ser general, esto es, no puede atender a situaciones particulares” (Mariscal, 2016)

Sin embargo, como mencioné en la introducción, más de la mitad de los mexicanos que deberían de pagar impuestos no lo hacen; esto viola el principio de proporcionalidad, siendo que, a pesar de que tienen un potencial económico susceptible de ser gravado, evaden impuestos consciente o inconscientemente. Entonces, ¿cómo hacer que estos principios se cumplan y cómo lograr que aquellas personas que tienen un remanente económico paguen impuestos de alguna forma? Es imposible que las autoridades vayan detrás de cada uno de estos individuos buscando que cumplan con sus obligaciones fiscales.

SIMPLICIDAD DE RECAUDACIÓN DEL IVA

El IVA, al ser un impuesto indirecto, grava determinadas actividades y una de sus características principales es que lo paga el consumidor final, quien no tiene derecho al acreditamiento, y no está obligado a declarar el impuesto para pagarlo –se paga junto con la contraprestación- y por lo tanto, no es necesario que dicho ente esté registrado ante el SAT para realizar su pago. Por lo anterior, pienso que los impuestos indirectos representan una forma sencilla para el SAT de recaudar, ya que además, muchas veces el consumidor final paga el IVA sin darse cuenta. Realicé una encuesta donde pregunté a varias personas si sabían qué tasa de impuesto pagan por la comida que compran en el supermercado; la mayoría contestó que no, otros pensaron que el 16%, y pocos saben que la mayoría de los alimentos que compran en dicho lugar se gravan a una tasa del 0%.

A lo que quiero llegar, es que el IVA es un impuesto fácil de recaudar y en cierta forma se “desaprovecha” ya que por la enajenación de productos alimenticios, que en su mayoría están gravados a una tasa del 0% no se está pagando importe alguno por concepto de IVA, de tal manera que los 29 millones de mexicanos que no contribuyen formalmente al gasto público, tampoco lo hacen por medio del consumo de alimentos adquiridos en supermercados, tiendas de conveniencia, mini super, etc.  –la cual es una necesidad básica, en la que forzosamente van a incurrir-. Si la enajenación de alimentos se gravara al 16%, esto implicaría que toda la población estaría contribuyendo con el gasto público de tal forma que se estaría cumpliendo con el principio de proporcionalidad.

LA NECESIDAD BÁSICA DE LA ALIMENTACIÓN

Por otro lado, en alguna de las tesis emitidas por la SCJN, se señala que para cumplir con el principio de proporcionalidad, deben pagar impuestos los gobernados que cuenten con un remanente económico, después de haber cubierto sus necesidades básicas.

La alimentación, es una de estas necesidades, por lo que podría interpretarse que gravar los alimentos a una tasa del 16% iría en contra de este principio, sin embargo, es importante cuestionarnos cuáles son los alimentos que deben considerarse de consumo básico para el bienestar de la persona. No todos los alimentos (muy pocos, considerando la variedad existente en el mercado) son indispensables para una dieta sana y balanceada, tanto es así, que existe un concepto denominado “canasta básica” la cual consta de “un conjunto de bienes y servicios indispensables para que una persona pueda cubrir sus necesidades básicas mediante uso de su ingreso.” (Economía, 2016) y dentro de los productos que la conforman, gran parte son alimentos. A pesar de que diversas instituciones públicas han “armado” canastas básicas con distintos productos, desde mi punto de vista, hay algunas que incluyen bienes que no satisfacen necesidades básicas; por ejemplo, la del INEGI tiene productos o servicios tales como boletos de cine, máquinas para afeitar, cerveza, bicicletas y motocicletas, etc. Por otro lado, la canasta básica elaborada por Diconsa -empresa de participación estatal enfocada en el sector de desarrollo social- a pesar de ser muy corta, incluye exclusivamente productos que cubren necesidades básicas; entre otros: maíz, frijol, avena, atún, papel higiénico. (Economía, 2016)

POSIBLE IMPACTO EN CONSUMO

¿Gravar alimentos a una tasa del 16% disminuiría el consumo de estos? Difícilmente, ya que es indispensable que el ser humano se alimente para sobrevivir. Una forma de demostrar esto es utilizando como ejemplo a la industria refresquera, la cual grava la enajenación de sus productos a una tasa del 16% y adicionalmente grava Impuesto especial sobre producción y servicios (IEPS). El objetivo de gravar estos productos fue reducir el consumo de la población, ya que México “ha sido catalogado recientemente como el primer lugar en obesidad a nivel mundial”, sin embargo, como dice Víctor H. Saavedra en su artículo relacionado con el tema, “El impuesto a bebidas azucaradas y refrescos se convirtió en un gravamen al que todavía no se le pueden medir los beneficios ni evaluar su efectividad para combatir la obesidad.” Además, para evaluar la baja en el consumo de cualquier producto, es importante considerar la elasticidad del producto; concepto económico que refleja “cuánto disminuye el consumo de un bien al aumentar su precio” de tal manera que un producto, entre más básico e indispensable, será demandado en casi la misma cantidad, sin importar el aumento en el precio de éste. (Saavedra Espinosa, 2016)

¿VIOLACIÓN AL PRINCIPIO DE EQUIDAD?

Adicionalmente, cabe recalcar que, en el ejemplo dado de la industria refresquera, no se está cumpliendo con el principio de equidad, ya que existen otros tipos de alimentos de alto contenido calórico –que propician la obesidad-, los cuales son gravados a una tasa de IVA del 0%, por ejemplo, las papas fritas, los pastelillos empacados, galletas, dulces, etc. Asimismo, existen alimentos como el salmón ahumado, el caviar y las angulas (mencionadas en el numeral 3, inciso b), fracción I, artículo 2-A, LIVA) cuya enajenación está sujeta a un gravamen del 16% por el hecho de ser productos “exclusivos” o de “lujo” –sin fundamento alguno- o bien, los alimentos considerados como “preparados” para efectos de la regla 4.3.6 de la Resolución Miscelánea Fiscal, que entre otros, incluyen burritos, emparedados, tortas, sopas instantáneas, por el hecho de que el establecimiento cuente con instrumentos para su calentamiento o cocción, o bien, no cuenten con estos, pero el alimento no lo requiera. Esta interpretación se fundamentó en último párrafo de la fracción I del artículo 2-A de la LIVA, en donde se menciona lo siguiente:

“Se aplicará la tasa del 16% a la enajenación de los alimentos a que se refiere el presente artículo preparados para su consumo en el lugar o establecimiento en que se enajenen (…)”

Contradictorio a esto, en la tesis jurisprudencial 1ª./J. 42/2004 se señala que, haciendo referencia a la fracción citada, se aplicará la tasa del 16% a todos los alimentos preparados para el consumo, independientemente del lugar en donde éstos sean preparados. (Ibarra Ysunza, 2015)

PLANETAMIENTO PROPUESTA

Considero una buena propuesta gravar todos los alimentos a una tasa del 16%, excluyendo aquellos que se contemplan en la canasta básica de Diconsa –que en mi opinión es la más objetiva-, mismos que deberían seguir siendo gravados a una tasa del 0%, con el objetivo de no incumplir con la interpretación del principio de proporcionalidad. De esta forma, las autoridades del Fisco tendrían una fuente de ingreso adicional, compensando el impuesto no recaudado por la falta de formalidad, y los contribuyentes no se verían perjudicados, considerando que los productos alimenticios de la canasta básica permanecerían gravados a tasa 0%. Por otro lado, si se homologara la enajenación de alimentos a una tasa de IVA del 16%, probablemente habría menos problemas al aplicar el principio de equidad, evitando de esta forma caer en subjetividades, como las que se mencionaron previamente en lo que respecta a la enajenación de alimentos gravados a la tasa general.

Me es complicado calcular el importe exacto que subsanaría la recaudación de IVA por enajenación de alimentos contra la pérdida que tiene el SAT por informalidad, sin embargo, sé que sería un importe relevante, ya que la industria alimentaria en México, en el año de 2014 representó un 3.9% del PIB nacional y la producción de alimentos (solo los procesados) representó un importe de 135.5 mil millones de dólares (ProMéxico, 2014). Y al gravar el consumo de alimentos -considerando que se compren en los establecimientos previstos anteriormente-, sería una estrategia eficiente, en la cual se “forzaría” a la población entera al pago de los impuestos; casi asegurando la pérdida en recaudación de impuestos por informalidad.

Ahora bien, ¿Por qué se “castiga” a las personas físicas que se encuentran en la formalidad, con una tasa del 35% de Impuesto sobre la renta (ISR)? ¿Podría reducir dicha tasa en el caso de que se recaude por medio de IVA en alimentos? Tal vez no, sin embargo pareciera injusto hacer que las personas que pagan impuestos y contribuyen al gasto público, tengan que pagar tasas tan altas, siendo que las autoridades podrían implementar el medio de recaudación que propuse previamente y entonces “castigar” al resto de la población que no paga impuestos. Pienso que sería importante reconsiderar la tasa de ISR si se llegaran a gravar los alimentos a una tasa del 16%, ya que esta medida afectaría a toda la población -tanto contribuyentes como no contribuyentes- y sería injusto para los que si se encuentran en la formalidad, tener que asumir el costo de la informalidad. A continuación mostraré un esquema de cómo sería conveniente implementar esta iniciativa.

Año Tasa Máxima de ISR Tasa de IVA en alimentos
1 34% 3%
2 33% 7%
3 32% 10%
4 31% 13%
5 30% 16%

*La tabla anterior fue elaborada con estimaciones, ya que para obtener cifras precisas sería necesario considerar cálculos actuariales, que por cuestiones prácticas de tiempo me ha sido imposible considerar.

Como se puede apreciar en la tabla, la implementación debe ser de manera paulatina, ya que el gravar alimentos a una tasa del 16%, de un día para otro podría representar un impacto económico para la población y adicionalmente, las autoridades deben de ir monitoreando el impacto -ya sea este positivo o negativo- que conllevan estos cambios. Considerando que el sector alimentario representa aproximadamente 135.5 mil millones USD al implementar la propuesta, se estaría recaudando, para el último año, un importe de aproximadamente 21.7 mil millones USD, que aproximadamente son 412 mil MDP.

No obstante, esta propuesta se ha tratado de implementar en el pasado próximo. En el proyecto de reforma fiscal para 2014 se sugirió generalizar a la tasa del 16% el consumo de alimentos y medicinas. El principal motivo por el cual se ha rechazado esta iniciativa, es que según estudios realizados por la SEDESOL y otros organismos, al generalizar al 16% la tasa de IVA en alimentos y medicinas, la pobreza alimentaria en el país incrementaría de un 19.7% a un 32.1% de la población (AMDA, 2013). Seguramente la SEDESOL cuenta con las herramientas para realizar estudios y concluir esto, sin embargo, la propuesta que se hace en este ensayo implica que ciertos productos alimentarios –de la canasta básica- permanecerían gravados a una tasa del 0%; por otro lado, es importante tomar en cuenta que el nivel de recaudación incrementaría y esto beneficiaría a la población en general, incluyendo a estas personas quienes viven en condiciones de pobreza.

VERDADERO BENEFICIARIO DE LA TASA CERO

Antes de llegar a alguna conclusión, es importante analizar la problemática desde otro ámbito. En realidad ¿a quién beneficia la tasa del 0%? Aparte de que representa un precio menor para el consumidor final, el mayor beneficio de la tasa cero, es el no tener que trasladar el importe correspondiente al IVA por las ventas realizadas y, por otro lado, tener derecho de acreditar el IVA por los gastos realizados (cumpliendo con requisitos). Es claro, cómo los legisladores, al redactar la LIVA, y los preceptos correspondientes a la tasa cero buscaron beneficiar a ciertos sectores económicos -principalmente a sectores ganaderos y agropecuarios- lo cual me parece razonable, en el sentido de que es un sector básico, indispensable para el ser humano y es importante protegerlo. Derivado de esto, pienso que es una medida justa, el hecho de que la enajenación de los productos ganaderos y agropecuarios se grave con la tasa del 0% en primera instancia, sin embargo, quienes transforman o comercializan alimentos -en las etapas posteriores de la cadena de producción- ya no forman parte de los sectores mencionados anteriormente, y no pienso que haya razón alguna para que puedan gravar la enajenación de alimentos a una tasa del 0%, dándoles así, un beneficio, ya que tienen la oportunidad de generar saldos a favor en cantidades millonarias; esto como consecuencia, hace que las grandes empresas del sector comercial o alimentario soliciten devoluciones al fisco, o bien compensen o acrediten los saldos a favor que generan, disminuyendo su carga fiscal y perjudicando directamente al fisco y por lo tanto al desarrollo del país. Este sería otro beneficio que podría implicar la estrategia propuesta.

EL PAPEL DEL CONTADOR

Comúnmente se piensa que el contador es “enemigo del SAT” o bien, que el SAT busca perjudicar al contribuyente. Es una realidad que el SAT es una institución recaudadora y a medida que cumpla con dicha función está realizando adecuadamente su trabajo, ahora bien, el Contador Público puede ser un intermediario o un enlace entre las autoridades y el contribuyente -o así debería ser- aunque el contador busque apoyar al contribuyente, debe cumplir y honrar su labor representando un apoyo para las autoridades. Este tipo de propuestas -como la que plantea el presente  ensayo- más que perjudicar al contribuyente, representan una forma más efectiva de recaudación. Como contadores, debemos tomar el papel de intermediarios y aportar propuestas que beneficien tanto a las autoridades como a los contribuyentes y por medio de esto buscar un impacto positivo a nivel social. Un contador íntegro debe aportar, proponer y trabajar para una recaudación eficiente, brindando un beneficio al bien común.

CONCLUSIONES

A pesar de que podría causar mucha polémica -sobre todo para los contribuyentes que se encuentran en la formalidad-, me parece que de las mejores estrategias que beneficiarían al SAT en la recaudación de impuestos, sería cobrarlos de forma “indirecta” -por medio de un impuesto indirecto-. Claro, es una estrategia que no se puede implementar inmediatamente, ya que se requiere de un proceso legislativo que llevaría tiempo. Derivado de todo el análisis realizado, pienso que esta estrategia es viable para el Fisco, sin perder de vista lo conveniente de otorgar ciertos beneficios a los contribuyentes, ya que el objetivo no es cobrarle más impuestos a los contribuyentes cumplidos, sino tratar de que el principio de proporcionalidad se cumpla por medio de estrategias que impacten directamente a los consumidores, sin que estos puedan evitar el pago del impuesto. Es una utopía pensar que aquellos mexicanos que se encuentran en la informalidad, van a decidir contribuir al gasto público; siempre habrá un porcentaje de población que no pagará impuestos, y considerando la gran pérdida que tiene el SAT derivado de esta informalidad, ¿entonces por qué las autoridades no atacan directo al indirecto?

María José Gutiérrez de Velasco

Sexto lugar del 11vo Concurso de Ensayo

Universidad Panamericana

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