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Día del contador, ¿hay algo qué festejar? Afectación a la profesión contable

Día del contador, ¿hay algo qué festejar? Afectación a la profesión contable
abril 26
2019

En el marco de los festejos por el día del contador, 25 de mayo,  el autor hace un planteamiento de cómo los escándalos financieros y los temas de corrupción han afectado a la profesión contable. 


 La actividad profesional contable no ha sido nada fácil desde sus orígenes, ya que a través del tiempo no sólo se ha enfrentado al escrutinio de la sociedad, sino de la misma profesión, resistiendo los embates y las afrentas de propios y extraños.

Está claro que la información es poder y que la contabilidad es la base de toda información financiera, por ello se debe tener cuidado y diligencia en el manejo de ésta, se debe considerar que el dominio de la técnica contable —sin el adecuado manejo de la ética— puede convertirse en un arma para defraudar, distorsionar información, manipular cifras y engañar a los usuarios de dicha información.

Es sabido que el manejo de la contabilidad debe tener como elemento indispensable el cuidado y la diligencia que requiere la ética profesional; sin embargo, eso pareciera que es letra muerta en estos días.

Los contadores saben que cada registro contable básico es la fuente de los reportes financieros de las compañías; que la determinación correcta y registros de las operaciones contables —bajo normas establecidas— producen información de calidad que permiten obtener reportes para interpretar la salud financiera de las organizaciones, entonces se pueda compartir y publicar a los socios y al gran público inversionista.

Lo anterior se antoja fácil; no obstante, es importante resaltar que el primer eslabón de la información financiera es el registro de una operación simple, la cual se debe de validar para que se efectúe de manera correcta, ya que esto puede ser determinante a fin de obtener información financiera confiable.

En este proceso se encuentra la participación de los auditores —ya sean internos, externos o ambos— como complemento para ratificar que “la información presentada sea razonablemente correcta”.

El buen profesional contable debe cuidar que toda cadena de información —desde el simple registro de una operación hasta la emisión de la información financiera— se efectúe con diligencia y supervisión profesional, atendiendo el elemento fundamental, el nivel adecuado y la calidad moral de la persona asignada para realizar estas responsabilidades.

La profesión contable —hasta hace unos años— gozaba de una imagen de integridad, confianza e independencia moral, que le permitía llevar a cabo la elaboración o revisión de la información financiera. La única obligación para realizar su actividad de manera diligente y profesional eran sus principios y su ética profesional.

La imagen de la profesión contable se ha deteriorado a través de los años por diversos acontecimientos. Hasta 1970 los lineamientos contables eran emitidos por los propios profesionales de la contabilidad, pero tras uno de tantos escándalos financieros ocurrido en EUA, como fue el caso de Penn Central, una compañía que gozaba de prestigio por mostrar sus estados financieros saludables estuvo en la mira cuando en realidad era una empresa en quiebra, auditada por una de las grandes firmas de auditoría. Al dejar descubierto este hecho, tuvo un impacto muy fuerte en la economía de los EUA, y a raíz de este acontecimiento, la entonces comisión COHEN —basada en la opinión del senado de EUA— señaló que era peligroso que los contadores crearan sus propias normas de contabilidad, por lo que en 1973 se creó el Comité de Principios de Contabilidad Financiera (FASB, por sus siglas en inglés), quitando al Instituto Americano de Contadores Públicos (IACP) la responsabilidad y exclusividad de la emisión de Normas de Información Financiera (NIF).

Esta fue una de las afrentas a la profesión contable que marcan un parteaguas; a pesar de ello, se mantenía y respetaba la libertad para que el contador se condujera de manera ética y profesional en el desarrollo de su actividad, sin mayor obligación, sólo la que dictaba su propia ética y juicio profesional.

En 1985, después de los escándalos de fraude en los EUA, se crea un Comité para la Prevención de la Emisión Fraudulenta de Información Financiera (COSO, por sus siglas en inglés), el cual liberó en 1987 el reporte Control Interno-Esquema integrado (publicado en septiembre de 1992) a fin de obtener un estudio sobre el desarrollo de un esquema común para el control interno de las empresas. Dicho reporte lo ha convertido en el marco de referencia para la implementación de controles y evaluación del sistema de control interno de las compañías, considerado el estándar internacional más reconocido desde entonces, mismo que ha evolucionado al incorporar el tema de administración de riesgos, marcando la pauta hasta la fecha en este tema. En la actualidad este reporte sigue actualizándose hasta llegar a la administración de riesgos, reconociéndolos desde la estrategia hasta el desempeño de las compañías (COSO ERM 2017).

Con todos estos esfuerzos, la libertad y el respeto por el profesional contable para desempeñarse de manera ética, fue empañado a raíz y como consecuencia de otro escándalo financiero: el caso de Enron, séptima compañía más grande en EUA, que con gran peso en Wall Street se da a conocer en 2001 que manipuló su información financiera al inflar ingresos y ocultar deudas inmensas con la complicidad de la firma de Auditoría independiente. Los principales ejecutivos de Enron actuaron de manera corrupta, carentes de ética. Hoy por hoy, el VP de finanzas, Andrew Fastow, es considerado a partir de este hecho, el arquitecto de la contabilidad creativa, fraudulenta usada por Enron.

A raíz del evento de Enron, el Congreso de los EUA determinó que la profesión contable necesitaba ser reformada en aras de restaurar la confianza de los inversionistas en los reportes financieros de empresas que coticen en bolsa de valores de NY, por lo que dos congresistas —el republicano Paul Sarbanes y el demócrata Michael G. Oxley— prepararon una ley que a la postre se conocería como la Ley Sarbanes-Oxley (SOX).

El Congreso de los EUA y los inversionistas todavía no asimilaban los efectos del escándalo de Enron, cuando surgió otro en el mismo año 2001 con WorldCom —empresa en el ramo de las comunicaciones, considerada una de las más grandes del mundo—, lo cual representó otro gran fraude por la manipulación de su información financiera, lo que originó un soporte para acelerar la nueva legislación, por lo que la Ley Sarbanes-Oxley se firma el 30 de julio de 2002 con una rapidez nunca vista.

Dicha Ley pretende restaurar la confianza de los inversionistas a través de mecanismos que mejoren el gobierno corporativo de las organizaciones y establezcan una conexión entre éste y las actividades de control, logrando un mayor impacto sobre las prácticas de negocios de EUA.

La Ley Sarbanes-Oxley se ha convertido en referente de mejores prácticas para todo tipo de compañías alrededor del mundo, ya sea que coticen o no en bolsa de valores.

Expresamente, antes de esta Ley el contador tenía la responsabilidad moral, no legal, de llevar a cabo la actividad de elaborar sus informes —y en su calidad de auditor interno o externo—, revisar los reportes financieros de la empresa para emitir una opinión profesional. La administración y los inversionistas tenían la confianza de que los contadores de la empresa —apoyados por los auditores internos— actuaban de manera profesional en la elaboración y validación de la información, así como en el mantenimiento del sistema de control interno eficiente para salvaguardar los activos, cumplir con las leyes, políticas y reglamentos que le apliquen; y eficientizar los procesos de la compañía, para con ello dar la confianza de que la información presentaba razonablemente la situación financiera de la empresa.

A partir de esta ley, se institucionaliza la poca credibilidad de la profesión, ya que existen secciones en esta Ley que manifiestan la poca confianza a quienes ejercen la profesión contable, por lo que se obliga a certificaciones de personas ajenas a quienes elaboran o revisan la información, pero son responsables de la compañía como el director financiero (CFO, por sus siglas en inglés) y el director financiero (CEO, por sus siglas en inglés), quienes deben certificar con firma autógrafa, que la administración llevó acabo la evaluación de la efectividad del control interno sobre la preparación y presentación de información financiera (SOX 302 y 906).

Asimismo, se elimina la confianza del auditor independiente sobre su dictamen financiero en cuanto a la “razonabilidad de la información financiera”, por lo que bajo esta Ley se obliga a las compañías a contratar al auditor externo para que adicionalmente, evalúe y emita una certificación sobre la efectividad del control interno para producir reportes financieros (SOX 404).

En esta Ley, se crea el organismo de vigilancia conocido como Consejo de Supervisión Contable de las Empresas Públicas (PCAOB, por sus siglas en inglés), que tiene, entre otras facultades, registrar, rechazar o sancionar a los auditores independientes que presenten sus servicios a empresas que coticen, y que a su juicio, considere que los servicios no cumplen con estándares —auditores de los auditores— (SOX 101).

Estos preceptos de la Ley SOX minimizan y hacen a un lado la confianza de los profesionales contables (contadores y auditores), que daña la imagen de la profesión, pues lo que siempre fue y debió seguir como convicción —actuar con diligencia y ética profesional—, se convierte en obligación legal.

Las preceptos de Ley que debieran ser una afrenta a la profesión contable, se resumen y presentan en la siguiente gráfica:


Ley Sarbanes-Oxley

Después de esta Ley —y como consecuencia de— se conocen en todo el mundo empresas con prácticas fraudulentas como XEROX (2001), Kmart (EUA, 2002), Parmalat (Italia, 2003), Lehman Brothers AIG Royal Bank (Canadá, 2008 ) y Madoff Investment (EUA, 2008 ).

En la actualidad siguen los escándalos de corrupción y malos manejos en el mundo como el caso de Volkswagen, y más reciente el de la FIFA (2015), Odebrech (2016) y últimamente Carillion (2018), que fue la segunda empresa constructora más grande del Reino Unido, la cual cotizaba en la Bolsa de Londres, pero a raíz de declararse en quiebra (enero, 2018), causa grandes pérdidas financieras y un impacto de pérdida de 43,000 empleos directos, 28,500 pensionistas exempleados y afectación a 30,000 proveedores. Del análisis de la causa raíz fue cuestionada duramente la conducta de los directores y auditores de la empresa.

CONCLUSIONES
En virtud de lo anterior, los temas de corrupción y fraudes financieros, en el que están involucradas personas relacionadas con el manejo de información financiera y que de manera ilícita y a través de la manipulación de información, pretenden beneficiarse directamente o a través de terceros, es un problema mundial.

México como un país globalizado no está aislado de los temas de corrupción y fraude, casos como los de Odebrech, el hackeo de bancos (Citibank, BBVA ), y recientemente la “estafa maestra”, son ejemplos que reflejan el nivel de fraude y corrupción que afectan al país. De acuerdo con información de la encuesta Delitos económicos 2018 (PwC México), se refleja que los “delitos económicos” crecieron de 37 (2016) a 58% (2018); y conforme al índice de percepción de corrupción a nivel mundial, México ocupa el lugar 135 entre 180 países (Transparencia Internacional 2017).

Ante lo expuesto es evidente que la administración debería ocuparse en contar con profesionales con el nivel adecuado, diligencia y ética para el registro, procesos de información, diseño e implementación de controles que garanticen la salvaguarda de sus intereses; para ello se deben considerar los avances en materia tecnológica y nuevos modelos de negocios, de no hacerlo, los riesgos de fraude y corrupción son mayores, sobre todo cuando se ha demostrado que la delincuencia no se ha quedado rezagada, ya que ha evolucionado en sus técnicas para delinquir de manera más sofisticada, lo que representa todo un reto para la profesión.

Es claro que en estos tiempos se ha perdido de vista la ética e integridad de las personas como elementos importantes que todo contador debería tener como parte de su perfil, adicional al nivel académico, manejo de la tecnología y experiencia en las áreas que correspondan, para con ello minimizar el riesgo de que los delitos se materialicen.

Las organizaciones deberían implementar mecanismos de control que incluyan el proceso de contratación del personal contable con el perfil adecuado, considerando principios y valores éticos, como control para evitar temas de fraude y corrupción.

Con base en lo anterior, se puede resumir que las personas que se dediquen a la profesión contable en cualquier entidad y parte del mundo debieran contar con cuatro elementos básicos: Ética, experiencia profesional, manejo de herramientas tecnológicas y nivel académico; del mismo modo debe quedar claro que de contar con las tres últimas, pero carecer de la primera, ninguna persona debiera ser considerado con perfil adecuado para ejercer esta noble profesión. 

MBA Raúl Vaca Castro
Integrante de la comisión Profesional Sector Empresa Auditoría Interna
raul.vaca@mm.gmexico.com

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Felicitaciones por su entrega y profesionalismo. #DíaDelContador

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