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Deudas globales, señales de alerta

Deudas globales, señales de alerta
septiembre 01
2019

Se analizaron los indicadores financieros durante los últimos meses, del lado de la economía real, que mostraban indicios de que un nuevo ciclo está por iniciar.

A raíz de la crisis de la década pasada, la mayoría de las finanzas de todo el mundo experimentaron un incremento inusual, pero moderado en los niveles de endeudamiento, derivados de la implementación de coberturas públicas y privadas, las cuales se volvieron necesarias ante el ambiente de alta volatilidad e incertidumbre que sufrieron los mercados.

Si se considera la dinámica del déficit público como proporción del Producto Interno Bruto (PIB) en los últimos 11 años, es fácil identificar que se concretó un incremento promedio de 23% para los países desarrollados como Australia, España, Japón, Francia, Reino Unido y Canadá, según los datos del Banco Mundial (BM).

Por su parte, los países en vías de desarrollo incrementaron 29% su deuda pública en el mismo periodo, como en Argentina, Brasil, China, México, Indonesia y Turquía.

Respecto al déficit privado, el panorama es más preocupante, ya que en los países desarrollados el incremento fue de 54%, mientras que para los países en desarrollo fue de 86%. Es importante señalar que estos datos incorporan los compromisos internos y externos de los países.

Es interesante descubrir que el déficit ha mantenido una tendencia creciente a pesar de que el nivel de las actividades financieras disminuye y las tasas de interés de referencia se han mantenido elevadas; esto último ocasiona que el precio de los cargos sea relativamente alto.

Existen varios factores que pueden explicar esta tendencia creciente en el adeudo, uno de ellos es la guerra comercial y otro podría ser el aumento en la confianza del consumidor, pero el más importante es el constante aumento en el valor de lo que se debe. De acuerdo con las cifras del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés), el crecimiento de los compromisos combinados entre las 30 principales economías emergentes a nivel global había crecido 12% anual para marzo de 2019.

Actualmente, el nivel de débito de estos países alcanza 223% como proporción del PIB de manera combinada, según la misma institución.

El déficit privado creció 50% en promedio para las mismas 30 naciones entre 2015 y 2018. Ante evidencias de una posible desaceleración, que trae consigo una disminución en la producción y el consumo, y con las tasas de interés de referencia elevadas, aparece la incapacidad de solventar los gastos de la deuda como explicación más lógica de su incremento.

CONCLUSIONES

El cambio de ciclo difícilmente se dará por una crisis financiera. La experiencia del desequilibrio pasado dejó un gran marco regulatorio generado justo para evitarlo.

Sin duda, el nuevo panorama provocará un rebote a partir del mercado vía la incapacidad de pago. ¿Cómo evitar este efecto para disminuir las consecuencias del cambio? Yo creo que aún es tiempo de disminuir los niveles de déficit lo más posible, pues la nueva etapa tiene pocas probabilidades de ocurrir en lo que queda del año.

Para garantizar esto, es necesario aumentar las utilidades, ya sea vía una reducción de costos o un incremento en la producción; mantener estable la inflación para evitar contracciones bruscas en ambos lados del mercado, potenciar el comercio y disminuir las tasas de interés. En resumen, la crisis de la economía real o la crisis financiera se enfrenta con la misma prescripción.

Dr. Salvador Rivas-Aceves
Secretario Académico y de Investigación
Universidad Panamericana, Campus México
srivasa@up.edu.mx

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