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Desigualdad en el siglo XXI

Desigualdad en el siglo XXI
abril 01
2015

A mediados de 2013 la  Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) publicó su Índice para una Vida Mejor y mostró que, entre los 36 países miembros, la vida de los mexicanos deja mucho que desear y se mantiene a la cola, solo arriba de Turquía pero abajo de Brasil y Chile.

Y al comparar con el resto del mundo resulta que hay un buen número de países que son más desiguales que México. Salvo los países nórdicos y Nueva Zelanda, que son los campeones de la igualdad, en el resto del planeta la desigualdad es común.

Esta globalización de la desigualdad ha provocado protestas de lo más diversas en el mundo todo: algunas pacíficas, otras no tanto. En paralelo ha nacido una preocupación explicita por parte de organismos internacionales (Banco Mundial, FMI, OCDE, etc.), aparejada con un buen número de investigaciones académicas que denuncian la problemática.

Los libros emanados del estudio de la desigualdad son referente obligado de especialistas. Sin embargo, en 2013, se editó en Francia un texto que, aunque voluminoso, tiene la característica central de no entrar en tecnicismos sino explicar con sencillez la problemática y, además,  sugerir soluciones que se antojan viables. Se trata de: “Capital en el siglo XXI”, cuyo autor es Thomas Piketty, que ya ha sido traducido a varios idiomas facilitándose su difusión.

De manera nítida, Piketty explica como a partir de la segunda postguerra y hasta hoy, se ha impuesto la tendencia en virtud de la cual la tasa de crecimiento del capital ha sido mayor a la tasa de crecimiento mundial, lo que ha producido una concentración inaudita de la riqueza y un incremento progresivo de la desigualdad.

Frente a esta amenaza a la humanidad, sostiene Piketty, las viejas políticas que aún sobreviven del estado de bienestar para garantizar los derechos sociales son inútiles o contraproducentes, pues corresponden a una época que ya concluyó, de ahí que es necesario reformularlas para hacerlas vigentes en el siglo XXI a partir de un nuevo principio de política económica: un impuesto universal y progresivo sobre el ingreso. (Este concepto no es novedoso, lo nuevo es que sugiere los mecanismos para hacerlo efectivo).

Estas ideas de Piketty, que por su claridad han ido creando un amplio consenso mundial, se inscriben dentro de la corriente de la reforma obligada del capitalismo que implica su reelaboración filosófica –la introducción de una ética-, cuyo pendiente ha venido representando un desafío constante a la legitimidad de la globalización económica y a las visiones restrictivas de la democracia.

EPILOGO.-
Y a la obscena acumulación de riqueza y la extendida pobreza que de ella resulta, que es uno de los problemas morales más graves de nuestra especie en su conjunto, hay que agregar las desigualdades regionales, raciales, étnicas, culturales, educativas, de género, de edad, etc. que en totalidad someten a la mayor parte de la población mundial a condiciones de vulnerabilidad sistemática.

 

C.P.C. Roberto Álvarez Argüelles

Expresidente del IMCP

mireyagarza14@yahoo.com.mx

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