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Desabasto, estrategia contra el robo de hidrocarburos

marzo 01
2019

Ante la deficiente comunicación del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, la prolongación del desabasto de gasolina puede traer graves consecuencias que afecten a las cadenas de distribución.

Las noticias acerca de la ordeña de ductos de Petróleos Mexicanos para extraer ilegalmente gasolina han sido cada vez más frecuentes. No es para menos en virtud de que sólo en los recientes tres años esta práctica se duplicó. En el periodo comprendido entre 2016 y 2018, las pérdidas económicas se elevaron de 30.8 a 66.3 miles de millones de pesos, en tanto que el promedio de barriles diarios robados pasó de 30.8 a 58.2 miles de barriles.

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha decidido actuar en contra de este ilícito. Fue una decisión difícil, pero necesaria, aunque conlleva importantes costos políticos. Tal vez por ello el discurso del presidente ha sido insistente en culpar a los gobiernos anteriores por no haber hecho prácticamente nada al respecto. También llegó a afirmar que el huachicoleo era una cortina de humo para permitir el robo de combustible.

Hasta ahora, ninguna fuerza política, grupo económico o actor social ha cuestionado la decisión de combatir el robo de hidrocarburos. Lo que sí ha sido puesto en tela de juicio es la estrategia adoptada. Al parecer, la curva de aprendizaje que debe recorrer cada nuevo gobierno está ahora resultando más compleja y costosa que en otros cambios de gobierno.

A finales de diciembre pasado, el gobierno presentó su estrategia. Ésta consiste en detectar los puntos de fuga en las propias instalaciones de Pemex y en brindar resguardo militar a 58 instalaciones estratégicas (seis refinerías, 39 terminales de abasto y despacho, 12 estaciones de bombeo y el Centro de Control de ductos). Posteriormente, se procedió a cerrar los ductos con el fin evitar su ordeña. La pregunta es ¿por qué se tomó esta medida a sabiendas del enorme impacto negativo que tendría sobre el abasto y sobre la vida cotidiana de la ciudadanía? No es fácil aceptar que ésta era la única medida posible.

Un problema adicional se relaciona con la deficiente comunicación del gobierno. Las conferencias mañaneras a las que es tan afecto el presidente ofrecen largos discursos, pero escasas explicaciones. Los mensajes suelen ser contradictorios o, al menos, confusos. No ha habido una narrativa clara que dé cuenta de la manera en que se pretende alcanzar el objetivo de abatir el robo de combustibles ni cómo el cerrar los ductos puede ser una medida que, más allá de sus efectos coyunturales, resuelva de fondo el problema. Tampoco se cuenta con una hoja de ruta que indique cómo y cuándo se reestablecerá el abasto normal de gasolina.

Mucho menos ayuda que, ante la falta de explicaciones claras y verosímiles, el discurso gubernamental se refugie en subrayar la validez del objetivo y en señalar que las críticas a la estrategia provienen de los intereses afectados por el combate al ilícito. De nueva cuenta, el presidente descalifica a quienes cuestionan su estrategia al atribuirles propósitos inconfesables: si no se apoya ciegamente la estrategia es porque no se desea acabar con el robo de hidrocarburos.

Esta situación ha dado lugar a la proliferación de especulaciones con distinto grado de sustento y seriedad. Se habla, por un lado, de la falta de previsión, fruto del novato equipo de gobierno. Se optó por cerrar los ductos sin conocer el grado de aprovisionamiento de las terminales de acopio y reparto y sin contar con el número suficiente de pipas para distribuir el combustible.

Por otro lado, se afirma que hay un auténtico problema de escasez, derivado de la reducción de las importaciones de gasolina provenientes de Estados Unidos de América. El volumen importado en diciembre de 2018 fue 23% menor que el correspondiente al mismo mes de 2017, mientras que en enero de este año las importaciones se redujeron 45% en relación con enero de 2018.

El volumen de gasolina importado en diciembre de 2018 fue 23% menor que en 2017; en enero de este año, se redujo 45% en relación con enero de 2018.”

De esta manera, tanto el discurso oficial como la conversación pública parecen lejos de ofrecer a la ciudadanía una explicación plausible del problema y, sobre todo, una respuesta satisfactoria a su principal inquietud: ¿cuándo retornará la normalidad?

Andrés Manuel López Obrador afirma que gracias a esta estrategia el robo de gasolina disminuyó drásticamente, al tiempo que se tradujo en un ahorro de 2,500 millones de pesos. Pero, aún sin considerar los costos del desabasto sobre el funcionamiento de la economía y la pérdida de productividad, el ahorro anunciado no compensa el mayor costo que implica transportar gasolina por pipas y no por ductos; tampoco parece considerar el costo de tener más de 20 buques-tanque en las costas de Veracruz (Tuxpan y Coatzacoalcos) que no han podido descargar la gasolina en virtud de la saturación de las instalaciones de almacenamiento y el cierre de los ductos.

En otras palabras, la estrategia adoptada ha significado enormes costos económicos y sociales. Es verdad que el robo ha caído, pero ello obedece a que no hay qué robar. La factura se le está endosando a la ciudadanía y, en el ínterin, hay poca información acerca de cómo operan las redes de complicidad que permiten el robo de combustibles, quiénes están implicados y, sobre todo, qué nexos hay entre los cómplices internos y otros actores ligados con el crimen organizado. Por ejemplo, no ha habido una sola mención hacia al Cártel de Jalisco Nueva Generación, que ha sido señalado como el grupo criminal más activo en cuanto al robo de gasolina se refiere.

 Prolongar el desabasto puede tener graves repercusiones en la medida que afecten las cadenas de distribución. Como ya lo señaló el Banco de México, el desabasto indefinido de gasolina puede propiciar la escasez de insumos, alimentos y, en general, de todo tipo de bienes. Y no está por demás tener presente el efecto de la interrupción del flujo de distribución sobre la productividad, la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) y la tasa de inflación. Sin descuidar el desmantelamiento de las redes de complicidad y el combate a la ordeña de ductos, es indispensable rectificar y reestablecer el abasto.

El problema estriba en la poca capacidad exhibida por el presidente para rectificar. La lógica del “me canso ganso” prevalece, mientras las afectaciones a la vida cotidiana de los ciudadanos y los costos económicos se acumulan. No es, por tanto, extraño el poco éxito del reciente road show de Pemex en Nueva York. Amén de las dudas acerca del futuro de la reforma energética y de las suspicacias que despierta el sesgo nacionalista del gobierno, hechos como el desbasto de gasolina contribuyen a mermar la confianza de los mercados en la empresa productiva del Estado.

Lic. Pedro Javier González G.
Director de seminario Político
pj1999glez@gmail.com

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