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Derecho a la Seguridad Social: Los nuevos paradigmas

Derecho a la Seguridad Social: Los nuevos paradigmas
septiembre 01
00:11 2014

En todo el mundo hay una crisis con el concepto de seguridad social y sus alcances; México tiene la urgente tarea de encontrar el camino y saber qué debe hacer como país.

Decir que el servicio público de la seguridad social se halla en crisis en el mundo entero no es nada nuevo; por ello innovar en esta materia de tan alto impacto social resulta obligado en plena era del conocimiento de globalización económica y de la hipertecnología que han venido a cambiar radicalmente la manera de hacer negocios, de producir bienes, servicios y de comunicarnos.

La Asociación Internacional de Seguridad Social (AISS), con sede en Ginebra, la que aglutina a 370 seguros sociales de más de 150 países del orbe, propuso hace una década una iniciativa de gran calado para intentar analizar las problemáticas de la seguridad social contemporánea para, en la medida de lo posible, tratar de resolverla con la participación directa de los diversos actores sociales –organismos internacionales, estados nacionales, gestores de la seguridad social, empresarios, sindicatos y el sector académico–, proponiendo efectuar foros globales sobre esta evolutiva materia.

Los resultados obtenidos en ellos por sí mismos constatan la complicada situación por la que hoy día atraviesa la seguridad social a nivel mundial.

  • En Moscú 2007, la única conclusión a que se llegó, fue que urgía reconceptualizar el concepto de Seguridad Social a fin de dotarle de nuevos contenidos y definirle de manera tal que permitiese diferenciarle de otros sistemas de la protección social genérica, como la asistencia social y la previsión social laboral.
  • En Ciudad del Cabo 2010, se analizó la Seguridad Social dinámica, como un compromiso global para la excelencia del servicio; como la crisis financiera mundial de mediados de 2008 había impactado en este servicio público, a pesar de lo complicado del entorno económico, una de las principales conclusiones fue que los sistemas de seguridad social debían reforzar su impacto positivo en la reducción de la inseguridad social y el apoyo al crecimiento económico.
  • En Doha 2013, se concluyó que las guías clave para la correcta administración de la seguridad social son: a) buena gobernanza y servicios de calidad al usuario; b) mayor inversión en fondos para la sostenibilidad del servicio público de seguridad social; c) cumplimiento cabal de contribuciones a la seguridad social por parte de patrones, empleados y el propio Estado; d) información y comunicación de alta tecnología para eficientar servicios y reducir costes; e) prevención de riesgo ocupacional y en caso de sinestro laboral una pronta y adecuada reintegración al trabajo, y f) permanente promoción de un ambiente sano de trabajo.

El siguiente Foro Mundial de Seguridad Social –evento trianual– se efectuará en Natal, Brasil, en 2016.

TERMINAR CON LA IDEA UTÓPICA

A pesar del elevadísimo coste de los servicios de la salud pública de la seguridad social debido a la aparición de nuevas pandemias y el crecimiento exponencial de algunas enfermedades crónicas, aunado al incremento de la esperanza de vida al nacer y las deficientes tasas de reemplazo de los contribuyentes a la seguridad social, lo cierto es que la mejor salida de los Estados contemporáneos sigue siendo la salud pública preventiva y la educación.

La seguridad social está repleta de prejuicios, de verdades a medias y de paradigmas teóricos que son insostenibles en la práctica simples errores de enfoque. Uno de esos errores es que, a pesar de que el tema de la salud prácticamente se ignora, pues nuestros seguros sociales hablan de “seguros de enfermedades”, y que su costo es el triple de un sistema pensionario, en el mundo el tema más discutido se centra en los problemas estructurales de los planes públicos de pensiones, problemas que provienen no solo de su mal diseño, sino especialmente de la falta de atención en sus errores y falencias en su gestión, ausentes de los correctivos pertinentes y oportunos.

La seguridad social está repleta de prejuicios, de verdades a medias y de paradigmas teóricos que son insostenibles en la práctica por simples errores de enfoque

Prácticamente todos los sistemas pensionarios acusan, pues los efectos de la evolución demográfica y sanitaria, factores ambos que, al igual que en el rubro de la salud, impactan de manera importante las precarias finanzas de este servicio público de enorme raigambre e impacto sociales.

Imposible dejar de lado el vital tema de la gestión en materia de administración de fondos pensionarios, pues sus perniciosos efectos se resienten con mayor fuerza ahora, debido al incremento imparable del fenómeno del desempleo.

Eso, junto con la creación de empleo precario y de mala calidad, la migración laboral y el imparable incremento de la informalidad laboral, inciden de manera importante en la sensible disminución de ingresos financieros indispensables para el sostenimiento de este redistribuidor natural del ingreso per cápita en cada país del orbe, como es la seguridad social.

El punto focal del problema subyace en que el servicio público de la seguridad social más parece ser un conjunto de reglas que sirven para muchas cosas, menos para proteger a la población, algo que ante tantas evidencias se ha denominado como Seguridad Social utópica.

Esta grave situación obliga no solo a intentar redefinirla o reconceptualizarla a la mayor brevedad posible, sino, además a establecer políticas públicas nacionales de largo alcance que establezcan de una buena vez los tramos de responsabilidades de cada quien, de manera tan clara y categórica que simplemente nadie pueda permanecer estático e indiferente acerca del rumbo que tomará este asunto que resulta clave para el futuro de cualquier país.

La idea de fondo consiste en que a nivel Constitucional exista en cada país del orbe una normatividad específica que, por una parte vuelva un derecho social exigible a la seguridad social y, por la otra, determine responsabilidades por acción u omisión de quienes incumplan con sus tareas impuestas –sean estos legisladores, funcionarios o impartidores de justicia–.

Nos esperanza constatar que en la mayoría de los países de Iberoamérica se preserva una seguridad social solidaria de tipo horizontal, integrada por pares, direccionada y gestionada por los propios actores sociales que históricamente la integran empleadores y empleados, contando con la participación directa del Estado, que es su garante primario y final.

Pese a la tendencia mundial de la deslaboralización de la seguridad social, este sistema protector funcionará siempre mejor tripartitamente, pues provocará mayores responsabilidades y sobre todo un sentido de pertenencia de empresarios y trabajadores que resulta clave al participar en su planeación, estructuración y disfrute.

La mayor problemática crítica que enfrenta hoy la seguridad social, es respecto a su financiamiento futuro. Todo apunta a un radical cambio de paradigma en materia de financiamiento de la seguridad social, pues en vez del pago de aportaciones especiales a la seguridad social —o cuotas obrero patronales—, es recomendable costear este servicio público vía tributos generales, en una franca y abierta solidaridad social impuesta por el propio Estado en beneficio de toda la ciudadanía. La fórmula es simple: todos pagan este servicio público, y todos lo recibirán y cuidarán al sentirlo propio.

PROBLEMAS QUE AGOBIAN

La gran duda existencial que le toca resolver a esta “generación perdida de la seguridad social”, como algunos segurólogos sociales le llaman, en sí nuestros pueblos tendrán el suficiente coraje y la inteligencia necesaria como para reconocer errores históricos en aras de corregir a tiempo el rumbo.

Que tampoco extrañe que nuestra seguridad social sea algo de lo más inestable que hay en este mundo riesgoso en que habitamos, pues los servicios de salud privados son un lujo impagable para las grandes mayorías o el que las pensiones sean una especie en franca extinción ante la notoria decadencia del Estado de bienestar a cuyo amparo vivió sin duda la seguridad social sus mejores épocas.

Las leyes son como las telarañas que detienen las moscas, pero dejan pasar a los pájaros

La notoria ausencia de valores de todo tipo nos pasa factura cuando hemos permitido que los fondos pensionarios de la seguridad social sean vistos como un botín susceptible de afanes lucrativos sin medida, delegando su administración a empresas financieras privadas que no asumen ni comparten riesgo alguno, pero que cobran caro por sus servicios seudo-profesionales a los asegurados. No perdamos de vista los polémicos temas de las guarderías infantiles o el de la vivienda popular. Todo esto que le ha sucedido a la seguridad social de un tiempo a la fecha.

Y no es que estemos ideológicamente en contra de la empresa privada, bienvenida siempre la inversión, la creación de empresas y de empleo decente. Pero en lo que nunca estaremos de acuerdo es que el Estado piense que cumple su labor derivando el problema a terceros, lo que al final terminará costándoles a los propios asegurados sin que el problema se resuelva, pues para colmo se agrava.

El problema no es asunto de unos cuantos ni tampoco de algunos sectores sociales, como equivocadamente se piensa; el problema es colectivo y es de todos, por lo que a todos nos toca contribuir a resolverlo.

Al Estado en todos sus niveles: federal, provincial y municipal, actuando siempre de manera coordinada, le toca crear las condiciones económicas necesarias para detonar el empleo decente, mediante políticas públicas de facilidades administrativas y fiscales, dando certidumbre a la inversión externa e interna, fijando con reglas claras la idea de que México ofrece a todos una oportunidad de inversión poco riesgosa.

Todo ello, junto a un marco regulatorio jurídico adecuado para lograr un efectivo control del mercado por parte del Estado, prohijará sin paternalismos la sana competencia en un ambiente de plena libertad –que no de libertinaje–, donde se eviten a toda costa los monopolios, duopolios u oligopolios, para que los empresarios con conciencia de clase y clase en la conciencia se interesen e inviertan en nuestra patria generando empleo decente y oportunidades para los jóvenes ante el inevitable relevo intergeneracional. Y desde luego para que también aporten al sostenimiento de la seguridad social del futuro.

ALTERNATIVAS DE SOLUCIÓN

Hecho ya el diagnóstico situacional, ¿Qué deberíamos hacer como país? Un buen comienzo es plantearse efectuar al menos la reforma “posible” de nuestros sistemas nacionales de seguridad social.

La idea es aprovechar que dentro de las diversas reformas estructurales propuestas por el Ejecutivo Federal, hay iniciativas legislativas en materia de salud, pensiones universales y seguro de desempleo aún pendientes de dictaminar por el Congreso de la Unión, mismas que están atoradas porque su planteamiento no ha convencido del todo a los sectores patronal y sindical –ya no digamos al sector académico–. Por eso, para comenzar esta colosal tarea habrá que pensar en cambiar tanto de tácticas como de estrategias, mejorando incluso la manera tradicional de analizar la realidad nacional y regional.

Al descender hasta la base de la población con una Consulta Nacional, será factible visualizar el tipo de servicio de seguridad social a que aspira México

Si la encrucijada nacional consiste en saber a ciencia cierta qué tipo de protección social se pretende y cuánto estaríamos dispuestos a contribuir para poder financiarla, valdría la pena sugerir que, antes siquiera de intentar cualquier reforma estructural, se efectúe una Consulta Nacional de Seguridad Social, amplia, abierta y transparente, en la que se involucre a toda la ciudadanía, con la activa participación de todos los poderes y autoridades en sus tres diversos niveles: federal, estatal y municipal, a fin de obtener resultados firmes que servirían de base para la definición de las tareas y reformas por acometer.

La idea de fondo es que el pueblo hable y que sea escuchado. En dicha Consulta Nacional deberán involucrarse las organizaciones de empleadores y los sindicatos de trabajadores, dándosele participación también a las universidades, a los organismos autónomos por ley, a los colegios de profesionistas, a las ONG, y en general a la ciudadanía sin distingo.

Porque al descender hasta la base de la población la referida Consulta Nacional, será factible entonces visualizar el tipo de servicio de seguridad social a que aspira México, contándose con que el pueblo soberano contribuirá a costear su seguridad social presente y futura.

Que cada quien haga entonces con absoluta responsabilidad la parte que le corresponde, porque la idea de fondo es muy clara: preservar para beneficio nuestro y el de las siguientes generaciones una seguridad social solidaria, que es la más palpable demostración del Estado benefactor y acaso el más humano de todos los derechos humanos. En eso consiste nuestro actual desafío y de nuestro actuar deberemos dar cuenta a las generaciones futuras, pudiendo entonces mirarles de frente y a los ojos con la satisfacción única que brinda el deber cumplido.

Dr. Ángel Guillermo Ruiz Moreno

Presidente de la Junta Directiva Internacional de la Asociación Iberoamericana de Juristas del Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social

agruizm@gmail.com

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