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Déjà vu en los mercados

Déjà vu en los mercados
abril 23
2019

Esta película ya la habíamos visto, y no sólo una vez. La ausencia o debilidad de regulaciones, la prevalencia de la religión del libre mercado y la falta de escrúpulos (corrupción) del capital financiero hegemónico, que señorea la globalidad, denotan alarmantes atisbos de repetición de la tormenta perfecta vivida hace poco más de diez años

En septiembre de 2018, Claudio Borio, economista en jefe del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) declaró que existía un alto riesgo de que la economía mundial sufriera una caída con efectos peores a los de la Gran Recesión. Fueron declaraciones de un alto funcionario que tuvo la lucidez, como pocos, de leer con nitidez los indicadores que anunciaron la crisis de 2007. Pero, ¿qué fue lo que pasó? ¿Cómo empezó?

Todo inició cuando, para enfrentar los perniciosos efectos de la crisis 2007-2008, los bancos centrales de los países desarrollados aplicaron de manera persistente tasas de interés cercanas a cero (incluso negativas en algunos casos) e inyectaron cantidades astronómicas de liquidez al sistema financiero. El efecto secundario en los mercados financieros de los países emergentes fue un gran apetito por parte de las empresas no bancarias que tomaron préstamos de Estados Unidos de América (EUA), Europa y Asia, más que duplicando su monto (hoy rebasan 3.7 millones de millones de dólares).

Las crisis de Turquía y Argentina ejemplifican lo anterior, debido al ajuste en la Reserva Federal que ha prometido seguir con aumentos a la tasa de interés y del anuncio del Banco Central Europeo sobre la terminación de su programa de retiro de estímulos (flexibilidad monetaria) a finales del año pasado. En síntesis, préstamos baratos que de repente se vuelven carísimos e impagables. Esta historia ya la habíamos vivido. Al igual que la inmediata presencia de los carroñeros y depredadores “fondos buitre” al presentarse el impago. A esto hay que agregar que las medidas tomadas por los desarrollados no se dirigieron a rescatar a los deudores, sino al statu quo que imperaba antes de la crisis. Las prácticas descritas crearon un frenesí de préstamos siguiendo muy de cerca a los tóxicos CDO (títulos de deuda respaldados por créditos, bonos o hipotecas con garantía). En los años que precedieron la crisis de 2008 estos títulos eran usados para distribuir y disminuir riego, así como para bajar el costo del crédito y las comisiones a los prestatarios. Esos paquetes, después eran vendidos en los mercados bursátiles como “vehículos de inversión”.

Actualmente, al sustituirse el CDO por el CLO (títulos respaldados por préstamos otorgados a empresas pequeñas y medianas), esa práctica continúa. El reempaquetado y venta son similares a lo que se hizo con los conjuntos respaldados por las “hipotecas suprime” de 2007. La sensación es la de un déjà vu, de ver algo ya visto y, en consecuencia, que habrá de tener efectos similares. Hace once años la crisis desatada por las malas prácticas de operación de los bancos en EUA aniquiló la riqueza acumulada por millones de familias y mandó a nueve millones al desempleo.

EPÍLOGO

Las tímidas medidas regulatorias intentadas por el gobierno en EUA resultaron muy débiles para corregir excesos. Además, después de la aprobación de la ley Dodd-Frank en 2010, las principales restricciones introducidas fueron descafeinadas en las leyes secundarias, como efecto del cabildeo del poderoso gang bancario en EUA. Por eso no sorprende el renacimiento de las prácticas tóxicas que motivaron el crack de 2007-2008, lo que anula por completo el mito de la autonomía del banco central y reclama de una intervención frontal y directa de las autoridades. Quizá haya tiempo para no tener que repetir la concebida pregunta: ¿Otra vez?

C.P.C. Roberto Álvarez Argüelles
Expresidente del IMCP
mireyagarza14@yahoo.com.mx

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