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Decisiones, elecciones intermedias en una nación polarizada

Decisiones, elecciones intermedias en una nación polarizada
enero 01
2019

Después de que el Partido Demócrata obtuviera en su mayoría la Cámara de Representantes, queda por ver si será la mayor oposición del presidente Donald Trump de cara a las próximas elecciones de 2020.

Estados Unidos de América (EUA)es una nación cada vez más polarizada. Las acciones y la retórica del presidente Donald Trump sin duda han contribuido a profundizar las cada vez mayores diferencias entre los distintos sectores sociales. El mapa político muestra un país dividido en dos mitades de tamaño similar. Si bien no debe pasarse por alto que, en conformidad con la evolución cultural y demográfica del país, en el llamado voto popular, el Partido Demócrata mantiene una clara superioridad sobre el Partido Republicano, esta ventaja se reforzó con los resultados de la recién celebrada elección intermedia. De hecho, lo que ha permitido a los republicanos mantener una posición fuerte en el Congreso ha sido el diseño delos distritos electorales que los congresos estatales dominados por ellos han hecho para favorecer su causa.

A grandes rasgos, el principal resultado de los comicios fue que el Partido Demócrata obtuvo la mayoría en la Cámara de Representantes, en tanto el Partido Republicano mantuvo su mayoría en el Senado. Este resultado global era el previsto, principalmente porque de los 35 asientos en disputa en la cámara alta las dos terceras partes eran ocupados por demócratas; los republicanos tenían menos en juego. Pero en la medida en que van concluyendo los cómputos en distritos con resultados apretados, el avance demócrata en la cámara baja es mayor que los originalmente anunciados, mientras que el aumento de la mayoría republicana en la cámara alta (de 51 a 53-54 escaños) parece que quedará en 52.

En este marco, la elección arroja que la presencia mayoritaria de los demócratas en la Cámara de Representantes se traducirá en un contrapeso a la presidencia de Donald Trump, que había disfrutado de mayorías en ambas cámaras que neutralizaron el sistema de pesos y contrapesos y, por tanto, le facilitaron avanzar propuestas controvertidas. Queda por ver cómo los demócratas utilizarán su mayor peso como oposición, ya sea impulsando su agenda en temas como salud, educación, energía y medio ambiente u optando por ser una oposición a ultranza abocada a bloquear la presidencia de Donald Trump. Se señaló en repetidas ocasiones que estas elecciones representarían una suerte de veredicto ciudadano sobre el desempeño de Trump en la Casa Blanca.

A ese respecto debe señalarse que, de acuerdo con distintas encuestas de salida, más de 70% de los votantes afirmó haber definido el sentido de su voto en función de su apoyo o rechazo al presidente. En términos esquemáticos, la América rural, blanca, poco escolarizada y conservadora recibió de manera positiva la narrativa nacionalista y xenófoba del mandatario; por el contrario, el país urbano, étnica y culturalmente diverso y más a tono con el mundo globalizado se inclinó en contra de las posturas del presidente estadounidense. En un sentido similar puede interpretarse el resultado favorable a los demócratas como fruto de la mayor afluencia a las urnas. Se estima que la tasa de participación fue de 49%,proporción elevada para el promedio de 40%.

El rechazo al presidente Trump y su política movilizó a sectores como las minorías étnicas y los jóvenes que, por lo regular, presentan tasas elevadas de abstención; de ahí que, de cara al 2020, un reto importante del Partido Demócrata será conservar y reforzar la asistencia a las urnas de estos grupos. Este hecho da cuenta de que, pese al golpe recibido, el presidente Trump consolida su hegemonía en el Partido Republicano y sus posibilidades de buscar la reelección en 2020. La base dura de los republicanos es cada vez más favorable a las políticas y al discurso de Donald Trump, a pesar de que su peso demográfico tiende a reducirse. No obstante, la polarización de la sociedad norteamericana apunta a acentuarse.

Otro aspecto que vale la pena subrayar es que, contrario a uno de los postulados clásicos del análisis político, en esta ocasión, la marcha de la economía no favoreció al partido en el poder. Esta situación ilustra lo meritorio del avance demócrata, el cual tuvo lugar en un marco de crecimiento económico y bajos niveles de desocupación que, en principio, debió favorecer a los republicanos.

Más allá de la mayor injerencia demócrata en el proceso legislativo, un factor de singular trascendencia es su posible impacto sobre el proceso de investigación a cargo del fiscal especial Robert Mueller en torno a la “trama rusa”. Ciertamente, este es una importante fuente de preocupación para el presidente Trump, sobre todo ahora que la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes puede implicar nuevas investigaciones, que incluso podrían abarcar las finanzas de las empresas del presidente y su situación fiscal. En tal virtud, para no pocos analistas la solicitud de renuncia al procurador Jeff Sessions ha sido vista como un intento para acotar los alcances de la investigación o, incluso, para despedir al fiscal independiente y dar carpetazo al asunto.

Como se recordará, Jeff Sessions, gran aliado de Trump durante la campaña, se declaró, debido a su papel como procurador, como no apto para intervenir en la investigación y optó por dar autonomía al fiscal especial. Esta actitud causó molestia en el presidente,quien incluso acusó de deslealtad a su viejo aliado.

Es probable que los demócratas promuevan una inclusión en el acuerdo T-MEC (USMCA) que dé mayor fuerza vinculante en el terreno laboral.”

La pregunta es si Matthew Whitaker, encargado del despacho del procurador y quien había criticado la investigación conducida por Mueller, tomará la decisión de removerlo. Este sería un escenario ideal para el presidente Donald Trump. Sin embargo, como algunos miembros del propio Partido Republicano han señalado, el costo político de una jugada semejante podría ser demasiado alto.

Alcanzado este punto, se impone preguntar qué posibles efectos puede tener este resultado para México. En materia de migración, cabría esperar que los demócratas contrarrestasen algunas de las decisiones más extremas de Trump y que, incluso, negasen los recursos necesarios para la construcción del muro o que, en su defecto, los condicionaran a la adopción de una política migratoria menos agresiva. Sin embargo, no significará una actitud más tolerante por parte de la Casa Blanca; lejos de ello, dado el efecto favorable de la narrativa anti inmigrante en las huestes leales, esta se verá incrementada y, junto con ella, los desencuentros entre los gobiernos de los dos países.

El otro tema clave es el futuro del acuerdo comercial entre México, EUA y Canadá (T-MEC). Es muy probable que los demócratas promuevan la inclusión de algunas cartas paralelas (como las adoptadas en 1993) que den mayor fuerza vinculante a las disposiciones en los terrenos laboral y ambiental, tal como lo sugieren los posicionamientos de Nancy Pelosi, probable futura líder de la mayoría demócrata en el Congreso estadounidense. Con todo, no se prevé que la aprobación del T-MEC corra algún peligro.

Lic. Pedro Javier González G.
Director de Seminario Político
pj1999glez@gmail.com

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