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COVID-19, China y el impacto en la economía y salud de México

COVID-19, China y el impacto en la economía y salud de México
junio 01
2020

En el mediano plazo, la pandemia deja un impacto que se debe atender y tomar como ejemplo para reorientar la atracción de inversión y buscar ser sede de empresas esenciales para el bloque económico.

En el ya lejano año de 1974 se publicó el Informe Lalonde donde se expuso que los cuatro grandes determinantes de la salud de una sociedad son los estilos de vida, la biología humana, el medio ambiente y el sistema de salud. Una de las enseñanzas de la epidemia del COVID-19 es que se debe incluir como determinante, además de los señalados, a la economía.

Si hace un par de años se hubiera dicho que cada región debería asegurarse de tener fábricas de mascarillas N95 por un asunto de seguridad nacional, la mayoría hubiera pensado que servían para proteger de bombas que emitieran gases venenosos o cosas por el estilo. Pocos hubieran pensado que se requieren para “proteger al personal médico ante una epidemia viral que se transmite a través de gotas que se propagan al toser y pueden ser respiradas o infectar superficies que las personas tocan”, sólo los epidemiólogos o infectólogos.

Sin embargo, en el escenario actual, la pregunta es: ¿cómo a nadie se le ocurrió que el país debía tener una propia producción de material de curación, medicamentos y equipo médico?

Industria de la salud en China

El ascenso al poder de Deng Xiaoping a finales de los años 70 pondría en marcha un proceso de modernización y apertura de la economía china. Fue años después cuando decidieron construir más de mil hospitales con tecnología occidental. Pero lo hicieron al estilo chino, con una estrategia meditada, sin escatimar tiempo en la planeación. El criterio fue más o menos así:

Si se comprará un millón de camas hospitalarias, lo mejor será dar facilidades a los fabricantes para que se instalen aquí. Tendrán vendida su producción completa de los primeros años y después podrán colocar un buen porcentaje de su producción para reposición y crecimiento de la infraestructura, además la capacidad instalada excedente puede exportarse a un precio muy competitivo.

Lo mismo pasó con las lámparas de quirófano, los ventiladores volumétricos, monitores, etcétera. Las empresas difícilmente conseguirían mano de obra más barata y mejores apoyos. Aunque China carecía de ingenieros y otro personal calificado, las empresas llegaron con equipos entrenados, que iniciaron la operación y también la capacitación. De esta forma lograron transferencia de tecnología, inversión, empleos y se preparaban para inundar los mercados globales. Es así como del top ten de empresas que desarrollan dispositivos médicos (a la derecha), todos tienen fábricas en China.

La aldea global en el resto del mundo

Durante los siguientes años el mundo vivió la cresta de la denominada segunda ola globalizadora, que consistió en la caída de las barreras comerciales, el auge del libre comercio, el libre tránsito de mercancías y dinero, y de forma menos perceptible, el conocimiento y la tecnología.

Durante esta época, las decisiones sobre dónde alojar la inversión directa, se basaron en el resultado de los flujos de efectivo proyectados. Es así como el mercado interno, el costo de la mano de obra, el costo de traslado a los mercados de venta final y la carga impositiva definieron la balanza a favor de países como Estados Unidos de América (EUA), China, Singapur, Brasil e India.

Las potencias sólo se reservaban algunos sectores que eran filtrados mediante otros criterios, principalmente el de la seguridad nacional. Así los temas de armamento y productos agrícolas tradicionales como el arroz y el maíz, satélites para comunicación, exploración espacial o investigación en biotecnología eran resguardados en el seno del país que albergaba el gobierno que los patrocinaba. Todo mundo parecía convencido de que se dirigía hacia la aldea global donde la especialización sería el criterio natural de alojamiento de inversiones.

Si bien no se puede decir que esto cambió con el COVID-19, sí lo hizo más evidente. En realidad, comenzó a cambiar cuando surgieron en el mundo regiones económicas más definidas, que se mostraron dispuestas a disputar la hegemonía norteamericana ostentada los últimos cuarenta años por EUA. Tantos años de predominio de una única potencia habían hecho olvidar que está en los genes de la raza humana la disputa por ser el líder.

Es así como la Unión Europea comienza a generar lazos y formas políticas, sociales, económicas y culturales que anuncian el nacimiento de instituciones supranacionales. Norteamérica hace lo propio, Sudamérica, Asia, Rusia con un modelo distinto mantiene influencia en la mayoría de los países ex socialistas asiáticos, China y la India, que por su tamaño y peso estadístico son por sí solos un bloque económico.

Estos bloques comienzan a competir en lo económico, cultural y político con “el imperio”. Y el mundo se percata de que, a la idea romántica de cooperación universal, aldea global y eliminación de las fronteras, se le había olvidado que el ser humano es en esencia un ‘animal político’, como dijo Aristóteles. Por lo tanto, un mundo donde las naciones no disputan el poder está fuera de la naturaleza humana.

El COVID-19 hizo evidente las brechas

Puso al descubierto que los criterios financieros por sí solos no pueden definir el alojamiento de inversión, producción y desarrollo de tecnología. Hoy se percatan que tal vez durante años, la riqueza de sus empresas, los ahorros de sus ciudadanos y hasta el consumo del gobierno pudo estar fortaleciendo, sino a su enemigo, sí a sus adversarios.

Si hace un par de años se hubiera dicho que cada región debería asegurarse de tener fábricas de mascarillas N95 por seguridad nacional, la mayoría hubiera pensado que servían para proteger de bombas que emiten gases”.

Ante la crisis, China no tuvo mayor problema en montar un hospital de mil camas en 10 días. No enfrentó mayores retos para tener a la mano el equipo, instrumental y material de curación. Todo se fabricaba en esa nación. Y todos se dieron cuenta de que las fronteras y las aduanas siguen existiendo. Que no importa quién desarrolló la tecnología de los ventiladores volumétricos, o las mascarillas N95; llegado el momento si el país donde se fabrican los necesita, no saldrán de ahí.

¿Pero qué pasa en otros lugares como Italia, Francia, EUA o México? Dependen de importaciones para tener estos bienes esenciales. La brecha que se abrió entre la oferta y demanda de cubrebocas en estos países es la prueba. La crisis se desató en el sector salud, pero pudo ser por una larga sequía y el problema hubiera sido de alimentos. Los países productores de petróleo podrían estar impedidos para transportarlo y la crisis sería de energía; podría haberse presentado un macrohackeo a la información personal o financiera y la entonces crisis sería del sistema de pagos. Las posibilidades son infinitas.

Por lo anterior, se buscarán salidas con acuerdos comerciales marcando algunos artículos que deben tener libre tránsito ante amenazas globales o de otro tipo, pero todos saben que ante la emergencia las fronteras se volverán a cerrar.

El resultado que se puede esperar es que esta protección de sectores esenciales se dará a nivel regional. Este reordenamiento deberá asimilar una disminución en la eficiencia a cambio de una mayor disponibilidad y sobre todo control de los sectores esenciales. Por consecuencia, es muy probable que se vean instalaciones completas que comenzarán a buscar nuevos lugares donde alojarse. Algunos dentro de la zona de influencia de los europeos, Japón, Rusia y, por supuesto, EUA.

Esta es la oportunidad que tiene México: buscar ser sede de empresas esenciales para el bloque económico, encadenar a las pequeñas y medianas, y así generar empleo. Se debe pensar si como nación o como gobierno se lanzan las señales adecuadas, pues es tiempo de tomar este escenario en consideración.

Un reto para México

En conclusión, es importante mencionar al menos cuatro ideas:

  • Los estados tendrán que modificar sus estrategias económicas para fortalecer a su región en detrimento de la tendencia globalizadora anterior.
  • En temas como salud, alimentos, energía,telecomunicaciones, se debe buscar la autosuficiencia regional.
  • La inversión en investigación y desarrollo, así como la transferencia de tecnología y conocimiento serán celados.
  • Esta reconfiguración trae oportunidades y retos.Para poder aprovecharla, los empresarios deben buscar el encadenamiento a estas industrias que se reconfigurarán por región.

C.P.C. J. Guillermo Mendieta González
De la comisión de Auditoría Fiscal del Colegio
Socio de Guillermo Mendieta y Asociados, S. C.
jmendieta@gmayasoc.com

Mtro. Rodolfo Davis Contreras
Asesor financiero independiente y profesor de EBC campus Toluca
davisrodolfo@hotmail.com

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