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Contador público, liderazgo con sustento en la ética

Contador público, liderazgo con sustento en la ética
agosto 01
08:00 2018

La evolución de la profesión ha obligado a replantear el actuar del contador público, quien ahora tiene un papel clave en las organizaciones y por consiguiente el deber de promover el desarrollo de la empresa siempre anteponiendo la ética.

Según datos de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) en 2017, en México hay más de 4.1 millones de microempresas que aportan 41.8% del empleo total, mientras que las pequeñas suman 174 mil 800 y representan 15.3% de empleabilidad; las medianas llegan a 34 mil 960 y generan 15.9% del empleo. En todas estas entidades, el profesional que estará ahí dada su formación integral es, por mucho, el contador público; su papel en ese escenario tiene que ir mucho más allá al de ser un medio para el pago de los impuestos. Si bien esa actividad es vital, su acompañamiento debe traducirse en una pieza fundamental del crecimiento y desarrollo de las empresas con un enfoque de  sustentabilidad financiera y operativa. En ese punto, el liderazgo del contador público sustentado en la ética cobra una notable relevancia.

El contador público debe ser la conciencia de la empresa. C.P.C. Enrique Pastor O’Farrill

En general, la ética influye en la conducta de una persona desde su conciencia y voluntad del bien. El fundamento de la norma ética es el valor descubierto por la reflexión del propio sujeto; esta idea nace en el momento en que la persona se da cuenta de que, por ser única e irrepetible, tiene valor; es decir, dignidad. Y partiendo de ese reconocimiento aparece el respeto, el primer gran valor. Frente a esto, no es permisible la realización de cualquier acto que transgreda la dignidad o el derecho del otro.

Si hablamos de lo profesional, en la medida en la que un individuo adquiere conocimientos o habilidades, también debe crecer esa reflexión interior incluso para orientar el uso de esos saberes y destrezas; al hacerlo, todos los esfuerzos, la dedicación y el trabajo del profesional estarán orientados al beneficio, en primer término de la colectividad, y por reflejo, al personal. En caso contrario, a falta de la disposición ética del individuo, esas prácticas podrían utilizarse para simular o engañar, buscando el beneficio económico, haciendo lo que sea por alcanzarlo  con una orientación egoísta y sin considerar al entorno. Por ello, decía el Contador Carlos García Sabaté: “La hegemonía de la técnica permite a algunos individuos realizar su labor técnicamente mal hecha por una decisión consciente, torcida, dolosa que lleva a engañar”.

LA RUTA DEL DEBER

Fueron los gremios quienes desde hace mucho tiempo determinaron la necesidad de la existencia de los Códigos de Ética, precisamente para establecer mínimos de conducta de sus miembros y, como respuesta a esa necesidad de equilibrio entre las habilidades y la ética. Para los contadores públicos en México fue en 1925 cuando se estableció el Reglamento de Ética Profesional, que evolucionó en 1968 para convertirse en un Código. En este 2018 se publicó su décimoprimera edición como resultado de la evolución de los ámbitos en los que el contador público se desarrolla, si bien en lo sustantivo se mantienen sin cambios.

El Código de Ética marca el camino que lleva a comprender el sentido que ha de tener el contador público como líder. En otras palabras, traza la ruta de nuestro deber ser como contadores públicos.

El primer planteamiento de este Código de Ética establece de manera puntual que la Contaduría tiene la responsabilidad de servir al interés público por encima del particular. Pero, ¿cómo entender ese papel? La respuesta se encuentra al distinguir todas las implicaciones que tiene la operación de una entidad económica, que si bien representa la inversión de los socios que esperan por ello un rendimiento, también es patrón y, por lo tanto, debería ser promotor de empleo formal, retributivo, del cual no dependen solo sus colaboradores, sino sus familias; es proveedor de bienes y servicios; es cliente de diversos proveedores con lo cual fortalece el círculo económico que genera crecimiento al país; es contribuyente, que aporta recursos para la satisfacción de las necesidades sociales y, por último, las actividades de la entidad tienen un impacto en el medio ambiente. El contador público, al ser el profesional que está cerca de la entidad comprende las dimensiones de esos roles privilegiando el interés de la comunidad.

En el Código, como reglas básicas de conducta, se encuentran los cinco Principios Fundamentales: integridad, que establece la obligación de ser leal, veraz y honrado; objetividad, que marca el criterio de nuestro desempeño apegado siempre al juicio profesional; diligencia y competencia profesionales, la obligación de cumplir las normas técnicas y el desempeño de un trabajo cuidadoso, minucioso y oportuno; confidencialidad, la reserva que se ha de tener respecto de la información; comportamiento profesional, la obligación de aplicar las leyes y de evitar realizar acciones que demeriten a la profesión o a los colegas.

Como herramientas prácticas para instrumentar esa actuación del contador público, en la parte C, el Código propone una serie de salvaguardas generales:

  • Sistemas de vigilancia corporativa u otras estructuras.
  • Programas de ética y comportamiento.
  • Procesos disciplinarios apropiados.
  • Fuertes controles internos,
  • Procedimientos de reclutamiento que enfaticen la importancia de emplear a personal competente de alto nivel.
  • Liderazgo que subraye la importancia del comportamiento ético y la expectativa de que los empleados actuarán igual.
  • Políticas y procedimientos para implementar y monitorear la calidad del desempeño de los empleados.
  • Comunicación oportuna y entrenamiento de las políticas y procedimientos, y sus cambios.
  • Consultas con otro contador público.
  • Políticas y procedimientos que posibiliten y estimulen a los empleados a comunicar a los altos niveles cualquier asunto de ética, sin temor de represalia.

Es indispensable reconocer que, si bien la formación del individuo se da en el hogar, en la parte académica el ejemplo de los contadores docentes deberá contribuir a fortalecer su actuación siempre apegada a la ética. En el trabajo, el mentor también deberá aplicar estrictamente estos principios.

Por último, es necesario evitar cualquiera de los tres errores de la falible condición humana: la ignorancia, el dolo y la negligencia; no saber lo que tengo que hacer, saberlo y no hacerlo y actuar con toda la intención. La primerase combate con la preparación, pero la segunda y la tercera solo a través deelevar el nivel de conciencia.

Cada vez debe haber menos personas que incumplan las exigencias profesionales buscando el satisfactor económico. Debe prevalecer el liderazgo basado en la ética, que promueva el desarrollo de las empresas y el crecimiento de nuestro país.

 

Mtro. y A.C. Héctor Torres Sánchez
Líder de la Carrera de Contaduría Pública de la EBC Campus Tlalnepantla
h.torres@ebc.edu.mx

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