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Consumo colaborativo: una nueva forma de hacer negocios

Consumo colaborativo: una nueva forma de hacer negocios
febrero 21
16:13 2017

UNA MIRADA A LA HISTORIA DE LOS NEGOCIOS

A través de los años, las empresas han ido cambiando de enfoque al momento de hacer negocios, y con ello el sistema de costos fue evolucionando. Por ejemplo, en los años 60, se utilizaba el análisis FODA (Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas), y con ello se buscaba conocer el entorno interno y externo de la empresa. En los 1985 Michael Porter definió dos tipos de ventaja competitiva: liderazgo en costos y diferenciación, y los costos se orientaban a alguna de estas ventajas para poder ganar terreno en el mercado. De igual manera escribió acerca de la cadena de valor de la empresa y de cómo todo el proceso que se realiza para entregar un producto o servicio le agrega valor.

 En el ámbito de costos, los sistemas de medición han ido variando. Desde los costeos absorbente y directo, hasta el costo objetivo (target cost) o también el basado en actividades (ABC). Sin embargo, en el siglo XXI, con la introducción de la tecnología y el fácil acceso a internet en muchos lugares del mundo, ha surgido una nueva forma de hacer negocios que requiere de una nueva manera de medir la rentabilidad. Esta estrategia de negocios es el consumo colaborativo o economía colaborativa. Con ella, ya no es necesario tener inventarios, por lo que algunos de los métodos tradicionales de contabilidad no aplican. Y lo más importante es que la actividad principal que realizan las empresas es conectar al “vendedor” con el cliente final. Para entender mejor el consumo colaborativo, se explicará cómo se define y cuándo comenzó a utilizarse este término, se darán algunos ejemplos de negocios que han surgido con este sistema y se analizarán los costos que conlleva llevar este tipo de operaciones. Finalmente se propondrá una solución de costos para poder beneficiar tanto a la empresa que sirve como conector, al socio que busca prestar el servicio y al cliente final.

¿QUÉ ES EL CONSUMO COMPARTIDO?

Actividades como compartir y colaborar se han hecho toda la vida. Pedir un aventón a un amigo o quedarte en casa de algún familiar a dormir no es novedad alguna. La diferencia que vemos hoy en día es que ahora se utiliza la tecnología, permitiendo que actividades que se realizaban con personas de confianza, ahora pueden realizarse con desconocidos en un instante. El consumo colaborativo hace que el encuentro entre la oferta y la demanda sea mucho más fácil y logra que se genere la confianza suficiente para que el intercambio se lleve a cabo. El término consumo colaborativo fue utilizado por primera vez por Ray Algar en la revista Leisure Report en la edición de agosto del 2007. En ella, el término se describe como “el fenómeno en el que clientes colaboran para intercambiar bienes y servicios a través de sitios web”. En el año 2010, Rachel Botsman popularizó el término con su libro “What’s mine is yours: The Rise of Collaborative Consumption”. En este libro, Botsman expone que ya no es necesario tener la propiedad de un bien o servicio para poder dar el acceso a un cliente final. A partir de este año, este fenómeno ha ido en aumento en el mundo de manera exponencial y ha evolucionado la forma de hacer negocios.

Respecto a los textos citados anteriormente, el éxito del consumo colaborativo se debe en gran medida a dos factores. Primero, la facilidad que brinda la conexión electrónica ha hecho posible la comunicación entre personas de todo el mundo, y con ello, las empresas pueden llegar a más clientes de una manera más rápida y eficaz. Desde el surgimiento de los smartphones (teléfonos inteligentes) y las famosas apps (aplicaciones móviles), el consumismo ha llegado a límites inimaginables y nunca antes había sido tan fácil vender o comprar un producto o servicio.

El segundo factor es la inconformidad cada vez más evidente de los clientes con respecto a los métodos tradicionales para brindar bienes y/o servicios. El consumo colaborativo permite una nueva experiencia, ser consumidor y vendedor a la vez, lo que ofrece una nueva cercanía entre el vendedor  y aquel que recibe el producto. En un mundo tan globalizado, la gente está en busca de calidez, cercanía y confianza. Los métodos tradicionales comienzan a ser vistos con ojos de desconfianza y frialdad. Un ejemplo muy claro de esto es Uber, plataforma digital creada en San Francisco en el 2009 por Garrett Camp y Travis Kalanick. Esta aplicación, lanzada en el 2011, se dedica a ofrecer transporte seguro y con un precio muy accesible a las personas simplemente con tocar un botón en su celular. La idea del negocio surgió por la inconformidad de los creadores al momento de abordar a un taxi y notar que la inconformidad era generalizada en todo el mundo. De esta forma, en tan sólo 5 años de actividad, de acuerdo con un estudio realizado por GMBHomebrokers, Uber tiene un valor de mercado de $60,000 millones de dólares, superando a empresas tradicionales mexicanas como Bimbo, Genomma Labs, Lala y Televisa. Tanto ha sido el auge que se ha visto que la revista Times, en su edición de marzo del 2008, nombró al consumo colaborativo como una de las 10 ideas que cambiarían el mundo en los años próximos.

DEL “YO” AL “NOSOTROS”

Un elemento esencial del consumo colaborativo es como llama Rachel Bostman, el cambio de “generación yo a generación nosotros”. Menciona que Adam Smith y después Milton Friedman tenían la idea de que al perseguir cada quien sus propios intereses, se lograría un beneficio para la sociedad. Sin embargo, para 1950, el sistema se volvió insaciablemente consumista y egoísta. La gente pensaba que “lo que es mío, es mío”. Sin embargo, poco a poco, las personas fueron recordando sus antiguos valores. Se ha visto que la búsqueda de bienes materiales ha sido a costa de relaciones con la familia, con los amigos e inclusive con el planeta. Este nuevo cambio de pensamiento es la base del consumo colaborativo. La idea de que lo que es mío, también es tuyo. El buscar compartir, convivir con los demás, colaborar para que todos ganemos, es lo que ha logrado impulsar esta ideología más rápido que cualquier otra forma de hacer negocios.

EL CONSUMO COMPARTIDO HOY

Pero, ¿cómo funciona el consumo colaborativo? Continuando con el ejemplo de Uber, la conexión entre vendedor-cliente es muy notable. Una persona que quiere ganar un poco de dinero extra entra a la plataforma de Uber, que después de varios exámenes de seguridad permite la entrada al conductor llamándolo “socio”. El consumidor hace un pedido de servicio de transporte y es aceptado por el nuevo socio, el cual en su propio coche recoge en la ubicación especificada al cliente y le presta el servicio. Al finalizar, entre el 80% y el 95% del ingreso por el servicio prestado va para el socio-conductor, y el resto es utilidad de Uber. Por lo tanto, la empresa solamente se encarga de mediar entre el conductor que presta el servicio y aquel que lo recibe y no necesita tener inventario de coches para prestar servicios ya que el nuevo socio lo tiene por él. Otro ejemplo de economía colaborativa es Airbnb, plataforma digital dedicada a la prestación de servicios habitacionales. De la misma manera que Uber, Airbnb no cuenta con cuartos de hotel, ni casas habitaciones. Con un solo “click” en la aplicación, el cliente puede buscar una habitación en cualquier parte del mundo, la cual es propiedad de otro particular que presta su casa o departamento y así gana una cierta cantidad de dinero por el servicio prestado. De esta forma, ambos ejemplos hacen a un lado los servicios tradicionales de transporte (taxis y hoteles) para prestar un servicio más personalizado y entre personas que son tanto los vendedores como los consumidores.

COSTOS COMPARTIDOS

Al no ser un sistema de negocios tradicional, no se emplea un método de costos tradicional. Un elemento importante a considerar es el no manejar inventarios. Ya existen filosofías de negocios en las que se trabaja sin inventarios. En la década de los 40’s, en las fábricas de Toyota, se comenzó a utilizar un sistema llamado “Justo a Tiempo (o JIT por sus siglas en inglés), en el que se busca optimizar la producción no teniendo inventarios. De esa forma se evitan costos que no generan valor competitivo logrando diferenciarse por el precio y calidad de los competidores. Sin embargo, al estar trabajando con servicios y no con productos manufacturados, este sistema no es factible. Es por ello que se necesita un nuevo sistema de costos. Al ser reciente tanto el término como la utilización de esta manera de hacer negocios, se utilizará un término nuevo llamado costos compartidos. Como se analizó anteriormente, la empresa únicamente es mediador entre el vendedor y el consumidor, intentando hacer la experiencia lo más fácil y agradable posible. Por lo tanto, así como ambos toman parte del proceso del servicio, ambos absorben los costos y reciben los beneficios. De esta forma, todas las partes terminan contentas, siendo el éxito de este sistema.

Los costos se podrán dividir en dos áreas principales, una,los gastos de aquéel que ofrece el producto o servicio y el otro los gastos de la empresa tecnológica. Se utilizará un ejemplo visto anteriormente para explicar esta división. Veamos la aplicación Airbnb que se dedica a dar servicio de renta habitacional, tomando el lugar de un hotel o centro de hospedaje. En este caso la plataforma digital tiene gastos administrativos. Necesitan de oficinas para controlar la aplicación o tener servicio al cliente, contratan a expertos en tecnologías de la información para evitar problemas técnicos de la aplicación, necesitan de expertos en mercadotecnia para dar a conocer los servicios que prestan y finalmente un método de selección de “socios” para mantener un estándar de calidad en la oferta. Sin embargo, no tienen que preocuparse por los gastos de operación del servicio. Por otro lado, el dueño de la casa o departamento tiene gastos de mantenimiento y limpieza del inmueble al igual que depreciación de los bienes. De igual manera se encarga del servicio prestado, entrega del inmueble y contacto con el cliente. Sin embargo, no tiene que estar buscando a los clientes, ya que de esto se encarga Airbnb. De esta forma, ambos comparten los costos de operación y atracción de consumidores. Un dato interesante es que los costos del socio-vendedor son en gran parte directos y variables. En cambio, casi la totalidad de los costos de la aplicación son fijos.

Como los costos, también los beneficios son compartidos. Parte principal del ingreso va para el socio-vendedor, ya que este absorbe la mayor parte de los costos y tiene más riesgo al momento de la operación. La empresa digital recibe una parte proporcional del ingreso, suficiente para cubrir los gastos administrativos. El valor de la empresa aumenta mientras mayor sea la cantidad de gente que requiere de los servicios que se ofrecen y mayor sea la oferta (el número de socios-vendedores) de la plataforma digital para ofrecer sus servicios.

OTROS BENEFICIOS

 Los beneficios logrados por este sistema no se quedan en el cliente, la empresa facilitadora y el socio-vendedor, sino que van más allá. Al utilizar bienes ya existentes, los recursos del planeta dejan de estar sometidos a tanta presión. Con el avance del consumo compartido, las industrias dejarían de producir bienes con tiempo de vida corto y habría un mayor interés en mejorar la utilidad de aquello que pueda servir para brindar servicios. De igual manera, se vuelve más eficiente la utilización de los bienes. Un consumidor, al saber que el producto que adquirió puede resultarle rentable no solo por la misma utilización del bien sino que lo puede utilizar para recibir un ingreso adicional, el reciclaje y reutilización de bienes y servicios aumentaría en gran medida.

Por último, el impacto más grande que se observa es en la creación de empleos y oportunidades a una mayor parte de la población. En el sistema tradicional, solamente interactúa la empresa que presta el servicio o que vende el bien y el cliente que lo recibe. Sin embargo, el consumo colaborativo brinda la oportunidad a un tercero de ser parte del mercado, la cual en muchos casos le resulta indispensable para el ingreso personal o familiar. Es decir, los ingresos se reparten entre más personas, logrando así una mejor distribución del ingreso, que como menciona Juan R. Cuadrado en su libro “Política Económica”, es el “fin básico de la acción pública, con el mismo rango que pueda tener la política de estabilidad o de crecimiento económico”. De acuerdo al periódico BBC, en México, Uber ya cuenta con 33,000 socios-conductores, los cuales reciben en un ingreso de entre $540 y $720 dólares mensuales, “parecido al salario mensual de un psicólogo, dentista y contador”.

LO QUE FALTA POR VENIR

El consumo colaborativo está probando ser toda una revolución social, ideológica y empresarial. Tan abrupto ha sido el cambio en el mundo que inclusive los gobiernos aún no saben como regular las diversas situaciones que se han ido dando alrededor del mundo. El alcance que tienen estos negocios es impensable, el mundo está a su disposición. Esto nos demuestra cómo al compartir, hay más éxito generalizado. Un ciudadano que quiera ser parte del consumo colaborativo podrá obtener lo que necesita de manera simple y económica sin tener que recurrir a las grandes empresas. Ahora existen plataformas que permiten alquilar una vivienda (Airbnb), prestar un servicio de transporte (Uber), servicio de limpieza doméstica (Aliada), compraventa de productos de segunda mano (E-Bay), servicios de arreglos generales del hogar (Zolvers), alquiler de coche entre particulares (SocialCar) o inclusive prestar bicicletas en ciudades grandes (Bicing). Las necesidades de las personas son amplias, el consumismo es aún más grande y la cantidad de gente beneficiada es mayor que cualquier otro sistema empresarial. Y finalmente, como mencionó la revista The Economist acerca del consumo compartido “es tiempo de empezar a preocuparnos por compartir”.

Mauricio Jaime Gómory

Quinto lugar del 11vo Concurso de Ensayo

Instituto Tecnológico Autónomo de México

 

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