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Ética y Valores

Conducta anticorrupción en las empresas

Conducta anticorrupción en las empresas
mayo 01
2020

Pareciera ser una moda en los negocios, pero la importancia de estas políticas es notoria debido a los impactos económicos que su inadecuado tratamiento podría generar.

Después de los escándalos en los mercados financieros producidos por las acciones realizadas por grandes multinacionales (Enron, WorldCom, etcétera) o de temas relacionados con el trabajo infantil (Nike), y más recientemente sobre corrupción (Odebrecht), gobiernos y reguladores han endurecido tanto las normas como las sanciones asociadas a dichos comportamientos. También la sociedad pone en el ojo del huracán estas prácticas, haciendo que las empresas comiencen a tomar con mayor seriedad el tratamiento de estos temas dentro de sus políticas y procedimientos de operación, para fortalecer el ambiente de control interno al incorporar de manera formal códigos de ética y políticas anticorrupción. Por ello, poner especial atención y cuidado en esto debe ser del máximo interés por parte de los empresarios y estar dentro de sus prioridades de atención.

Desde el punto de vista organizacional, desarrollar y establecer códigos de ética y políticas anticorrupción permite a las empresas transmitir la visión y actitud que tienen el gobierno corporativo y la alta gerencia. Hacerlos públicos ofrece confianza a proveedores, clientes y a todos los interesados en la organización, pues ofrece certidumbre sobre la integridad con la que se conducen sus negocios y actividades.

Recomendaciones de la OCDE

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) hace unas recomendaciones en su documento “Principios de Gobierno Corporativo de la OCDE y del G-20” que es importante conocer y adoptar. En él se reafirma la importancia de mantener un adecuado gobierno corporativo para cualquier empresa (grande o pequeña), pues desempeña un papel fundamental para lograr los objetivos. Dentro de los principios establecidos por la OCDE se abordan aspectos relacionados con la ética empresarial y prácticas anticorrupción, que son fundamentales y deben recogerse en el ADN de cualquier organización.

En el principio IV. Responsabilidades del Consejo de Administración del documento, se recomienda que las organizaciones actúen de forma ética, considerando a todos los interesados en la empresa; cuestión que resulta por demás lógica, ya que de este órgano de gobierno emanan todos los lineamientos sobre los cuales ha de conducirse la empresa.

Es por ello que la OCDE indica que el consejo asuma el protagonismo, pues éste define el comportamiento de la entidad. En dicho principio también se mencionan los beneficios de que una empresa se conduzca con valores y principios éticos estrictos, tomando en cuenta este actuar como un activo duradero y valioso, pues le otorga credibilidad y fiabilidad en su operación e información. El principal consejo es que se elaboren códigos de conducta y éstos sean difundidos a toda la organización, pues deben ser erigidos como la norma máxima de conducta tanto del consejo de administración como de toda la empresa, estableciendo con ello un marco general de comportamiento ético.

¿Cómo elaborar y qué abordar en un código de ética?

Primero es necesario conocer el entorno en el que se desenvuelve la organización y sus características, con el fin de identificar todas sus interacciones cotidianas y que en principio constituirán los detonantes de riesgos clave de la organización, sobre aspectos éticos.

Aquellos riesgos identificados serán los aspectos sobre los que se ha de establecer algún mecanismo de control (regla particular de operación) y, que la entidad y cada uno de sus miembros debe tomar en cuenta al momento de enfrentarlos en el desarrollo de su actividad cotidiana.

El objetivo de dicho documento es coadyuvar a construir, fomentar, moldear y/o consolidar una cultura ética, basada en actitudes claras de hacer lo que se ha establecido, y que como empresa, en caso de no hacerse, serían conductas inaceptables, tomando en cuenta aspectos que garanticen y fomenten la integridad en cualquier relación que mantenga con terceros (clientes, proveedores, empleados, sociedad en general, etcétera). Algunos ejemplos sobre los aspectos éticos y de corrupción a considerar en el análisis de riesgos están en el diagrama a la izquierda.

Tomar en cuenta dichos aspectos (y algunos más internos propios de cada entidad), contribuye a considerar y focalizar dentro de la preparación de un código de ética y anticorrupción la mayor cantidad de escenarios posibles, con el fin de dejar establecidas las conductas inaceptables o éticamente cuestionables dentro de la organización, y que deberán ser reportadas y atendidas con la mayor seriedad y prontitud posible, a fin de que la aplicación de estos documentos contribuya a fomentar y fortalecer una cultura ética.

Por lo tanto, un código de ética y anticorrupción debería abordar varios aspectos, como se muestra en el recuadro debajo de esta columna, donde es importante tener clara la función que estos documentos han de cumplir, y que es, además de fomentar un comportamiento ético, el transmitir a todos los interesados en el funcionamiento de la misma, la filosofía empresarial y los valores éticos asumidos por ésta en el desarrollo de todas sus actividades e interacciones.

Por último, en un mundo globalizado como el que vivimos hoy y en el que, cada vez más, la sociedad tiene acceso a medios masivos de comunicación (redes sociales) para hacer del conocimiento del mundo el comportamiento de las entidades, es fundamental plantearse la necesidad no sólo de contar con documentos en los que se establezcan la filosofía y valores éticos de las organizaciones, sino hacerlos operativos y llevarlos a la práctica. Hoy puede resultar mucho más valioso el activo reputacional de las organizaciones que el recurso económico, pues el segundo será consecuencia del primero, ya que al ser una organización con un comportamiento ético sólido ofrece un diferenciador, que día a día se vuelve más importante y en un futuro será el activo que incline la balanza en favor o no de una organización.

Si tiene ética, entonces su valor es = 1.
-Si además es inteligente, agréguele
un cero y su valor será = 10.
-Si también es rico,
súmele otro cero y será = 100.
-Si por sobre todo eso es, además,
una bella persona, agréguele otro
cero y su valor será = 1000.
-Pero, si pierde el 1, que corresponde
a la ética, perderá todo su valor, pues
solamente le quedarán los ceros”.

Al-Khwarizmi

Roberto Ramos Maruri
Socio del Colegio de Contadores Públicos de México
roberto_maruri@hotmail.com

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