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Calidad de la Democracia

Calidad de la Democracia
febrero 01
11:28 2015

Ya es práctica frecuente, entre los especialistas en análisis político, hacer estudios comparativos sobre el comportamiento de las democracias alrededor del mundo, con el deliberado propósito de medir sus calidades y estar así en posibilidad de precisar su grado de avance y/o retroceso así como las causas que los detonan con un también deliberado afán de promover acciones correctivas rumbo a formas superiores de democracia (sistema siempre en construcción).

América Latina (AL) es la única región del mundo donde conviven gobiernos democráticos con amplios sectores de población con un nivel de vida por debajo de la línea de pobreza. Y sin embargo, el avance es innegable: Hace cuatro décadas, casi todos los gobiernos de AL eran autoritarios; solamente en Colombia, Costa Rica y Venezuela se elegía con regularidad a las autoridades públicas mediante procesos electorales libres, abiertos y competitivos.

Hoy en día, por el contrario, la gran mayoría de los gobiernos en AL se rigen por prácticas democráticas, aunque de diversas calidades, usos y costumbres. Y resulta paradójico que así ocurra porque en AL la distribución del ingreso es la más desigual del planeta, las tasas de homicidios son las más altas del mundo y existen elevados niveles de corrupción. Paradójicamente es este  coctel, que en principio conspira contra una adecuada calidad democrática, el que hace avanzar a las democracias de la región: se propugna en cada país y en el sistema latinoamericano, por combatir las desigualdades y la pobreza, establecer programas y redes para combatir la violencia y la inseguridad y se intenta, una y otra vez, planes anticorrupción con los más diversos resultados.

Por lo anterior es que una de las características centrales del proceso democratizador en AL sea el desajuste que se produce entre la política y la sociedad. En las últimas décadas, este desajuste, junto con las crisis de gobernabilidad que suelen acompañarlos, condujeron a los países latinoamericanos a una intensa agenda de reformas constitucionales, políticas y electorales, dirigidas a equilibrar, ajustar y sintonizar los sistemas políticos con realidades sociales dinámicas y con las crecientes exigencias de la ciudadanía, que demanda más y mejores niveles de representación, participación directa, eficacia en la gestión de gobierno, transparencia y rendición de cuentas.

La  dialéctica vivida por AL arroja, en los últimos 35 años, una democracia de mínimos duradera por  vez primera en su historia. Partiendo de estos logros el reto ahora es construir una democracia de mayor calidad, incluyente, gobernable y sostenible en el tiempo.

Las democracias organizadas en AL en estas tres décadas y media son heterogéneas. En julio de 2014, los especialistas las clasificaron en cuatro grupos: El primero formado, por los tres países con mayor desarrollo democrático: Uruguay, Costa Rica y Chile; el segundo por nueve países con índices medios de democracia, aunque con diferencias significativas entre ellos: Argentina, Brasil, México, Perú, Panamá, República Dominicana, El Salvador, Paraguay, y Colombia; el tercero por seis países con índices bajos de democracia: Ecuador, Guatemala, Bolivia, Venezuela, Honduras y Nicaragua y el cuarto y último, por un solo país, que ya muestra atisbos de democratización: Cuba.

EPILOGO.-

Hace 40 años la preocupación central de los latinoamericanos era la existencia abrumadora de regímenes autoritarios y militares en el subcontinente. Ahora nuestra  ocupación es el reforzamiento de los derechos políticos, las instituciones electorales, los sistemas de gobierno y la democracia. El avance cualitativo, aunque insuficiente es un piso sólido para seguir avanzando.

 

C.P.C. Roberto Álvarez Argüelles

Expresidente del IMCP

mireyagarza@yahoo.com.mx

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