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Bomba silenciosa, tsunami de pensiones en México

octubre 01
07:00 2018

El país está por enfrentar uno de sus más complejos retos como nación: velar por el bienestar futuro de su población jubilada. ¿La población está consciente del problema? ¿Está preparada?

Cuando crees que todo está bajo control, quiere decir que no vas a la velocidad necesaria, dice el expiloto y campeón de Fórmula 1, Mario Andretti.

Esto ocurre en el mundo de los negocios y surgen las interrogantes: ¿no aplica esto también a las pensiones en México? ¿Será que está exento de este problema? El país está frente a uno de sus mayores retos, que es dar viabilidad económica y social al creciente número de adultos mayores que llegan a su edad de jubilación. Esta situación genera una fuerte preocupación social, ya que es común ver manifestaciones en relación con la precaria situación de los actuales jubilados en el aspecto económico, asistencial, de salud y ocupacional. De manera puntual existen tres temas con gran impacto en la población:

[a] Envejecimiento poblacional. La sociedad se acerca de manera acelerada al fin del bono demográfico nacional, donde la población en edad de trabajar es mayor que la dependiente. Los países europeos ya han pasado por esta situación y sustentaron buena parte de su crecimiento económico (como debe ser) en la fuerza de sus jóvenes. Además, establecieron sistemas asistenciales robustos y de largo plazo,que en muchos casos son pilares para su envejecida población sin oportunidad de reintegrarse a la vida laboral activa.

Es probable que en las próximas décadas México viva el crecimiento de su población (véase figura 1) y se encuentre inmerso en esa dinámica. Por mencionar un punto de presión financiero, Pedro Vázquez Colmenares, autor de Pensiones en México: la próxima crisis (Siglo XXI editores, 2012), establece que “una fuente de presión estructural es el monto de los pasivos pensionarios consolidados de las entidades de control presupuestario directo, la banca de desarrollo, las entidades federativas y las universidades públicas; al final de 2010 alcanzaba un monto de 14,356.3 millones de pesos, equivalentes al 104.2% del Producto Interno Bruto (PIB) de ese año”.

Otro factor que impactará al sistema de pensiones es la longevidad. La esperanza de vida ya es de 75 años, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y muestra un constante incremento sustentado en todos los avances en materia de salud. Tal situación, sumada al bajo nivel de ahorro para el retiro de la población, afectará a la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar) y por ende a la salud financiera gubernamental. No sería una sorpresa que los países aumentaran la edad para retirarse. Si fuera el caso, en México se pasaría de una pensión al 100% a los 65 años, a una igual, pero hasta los 67 o 68 años.

[b] Montos bajos de pensiones. Quizá el tema más recurrente en los medios es la expectativa —realista— de lo bajas que son las pensiones actuales, lo que es producto del bajo nivel de ahorro para el retiro en México (véase figura 2). De seguir con esta baja contribución a la Consar, se generarán niveles muy bajos de reemplazo (porcentaje del último sueldo que recibe un jubilado como pensión), tal como lo prevé la OCDE, donde México ostenta el último lugar con solo 28.5% en este rubro, en tanto que el promedio es de 55% y destacan los Países Bajos con 90.7% en su nivel de reemplazo.

Chile, país que dio origen al sistema de cuentas individuales para el retiro y fue tomado como ejemplo para definir al Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR) en México, enfrenta actualmente la grave crisis de brindar a su población, ya con derecho a la jubilación, un nivel de reemplazo muy por debajo de las expectativas que se tenían al inicio de su esquema de ahorro para el retiro. Por este motivo decidió realizar un incremento gradual, pero constante, hasta llegar al actual nivel de ahorro de 15%. En este sentido, si en México únicamente se aporta 6.5% a su retiro, ¿por qué esta situación de bajas pensiones no es motivo de cuestionamientos álgidos?

De seguir en este bajo nivel nacional, el resultado será una generación de futuros jubilados con fuertes presiones económicas, situación que sin lugar a dudas generará de manera colateral un sinnúmero de problemas para el gobierno en turno. En la actualidad no existen incentivos para que la población destine parte de sus ingresos al ahorro, más allá de los naturales que la población debería tener en mente. Sin duda, estímulos fiscales profundos ayudarían a incrementar estos ahorros de largo plazo, los cuales, en adición al beneficio personal, robustecen cualquier economía que requiera sufragar las inversiones en ámbitos como infraestructura carretera, portuaria y hospitalaria, por ejemplo.

Lo que es una realidad, de acuerdo con el análisis del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), es que solo “uno de cada cuatro adultos mayores (25%) recibe pensión por sus años de servicio en su vida productiva”.

[c] Desocupación laboral. Los puntos a y b desembocan en otro reto: la inserción de los adultos mayores jubilados a la actividad económica del país. La falta de pensión o su precariedad, en caso de contar con una, obliga a este sector a buscar mecanismos para subsanar el déficit patrimonial. Un caso severo es el de los “cerillos” o empacadores de las tiendas de autoservicio, oficio que era exclusivo de menores de edad (como ocupación temporal y fuera del horario del colegio) y que hoy es realizado por adultos mayores para hacerse de una dádiva que cubra parte o el total de sus necesidades económicas ante la ausencia de algún tipo de pensión formal. Su reinserción a la economía o la postergación de la edad de jubilación podría generar grandes e importantes ingresos al país.

Un buen ejercicio para dimensionar el tamaño de la riqueza que pueden dar las personas después de los 55 años de edad es el Golden Age Index, de PwC, que, a través de datos de los países miembros de la OCDE, calcula el valor adicional que la población agrega en esa etapa de su vida. Según el estudio, si los miembros de dicho organismo aumentaran su tasa de participación laboral en personas mayores de entre 55 y 64 años (el promedio es de 60%) a un nivel de 78% (como Nueva Zelanda, país de referencia en el reporte), agregarían una riqueza de 3.5 billones (millones de millones) de dólares al PIB. En Estados Unidos de América, por ejemplo, este concepto incrementaría hasta 815,000 millones de dólares en el PIB; en México, si se elevara la tasa de ocupación en personas mayores al nivel de Nueva Zelanda, se agregarían hasta 52,000 millones de dólares al PIB en el largo plazo. Actualmente, el promedio de participación en este segmento poblacional es menor al 60%. Contar con más ingresos generaría la posibilidad de mayor ahorro, y si este fuera destinado al retiro eliminaría presión a las pensiones.

CONCLUSIONES

El reto de las pensiones no es nuevo; en realidad, hay casos como España, Grecia y Nicaragua que son ejemplo de lo delicado que es. La respuesta a si México estará exento de esta fuerte presión social es: no.

Una condición que oculta esta situación es la falta de “manchas” en la población de adultos mayores, pues son aisladas e incipientes para el tamaño de país que somos. No parece que las nuevas generaciones hayan tenido contacto cercano y frecuente con adultos mayores, y esto ha inhibido la visualización de su grave situación. A su vez, esta ausencia de visibilidad ha limitado la reacción natural que tendrían ante situaciones de riesgo personal. Es preocupante que esta generación (nuestros hijos) serán quienes sufran dramáticamente el tsunami de las pensiones, mientras que nuestros nietos tendrán claridad y preparación ante esta bomba. Es un hecho que situaciones complejas en relación con el tema de las pensiones requieren decisiones más complejas.

Moisés Pérez
Socio PwC México
moises.perez@pwc.com

 

 

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