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Auditoría al desempeño, medición de la ética profesional

Auditoría al desempeño, medición de la ética profesional
enero 28
2019

Distinguir entre valores y virtudes permite, primero, definirlos de forma individual; y después, identificarlos en las personas de una organización para usarlos como factor de peso en la toma de decisiones.

Hace algunos años en México, en una reunión con directores de firmas de contadores, se discutía el perfil profesional de los egresados de la licenciatura en Contaduría, y en algún momento, uno de los participantes dijo: “Formen egresados íntegros, que la parte técnica la aprendan con la experiencia práctica”. Esa frase movió conciencias aquella vez por varias razones. En primer lugar, porque cuestionaba profundamente la formación técnica de los contadores y, en segundo lugar, porque la integridad es una virtud y como tal, es indispensable para cualquier persona, más allá de si tiene una profesión, un oficio o una actividad social.

Desde la perspectiva de los auditores al desempeño, creció de forma paralela la medición de los indicadores no financieros que ejercían de manera habitual los auditores financieros sobre el tema de cómo medir las virtudes y si calcularlas tenía un efecto relevante. Aristóteles mencionaba virtudes específicas como coraje, templanza, generosidad, orgullo, carácter, honestidad, gracia, modestia, indignación correcta y conciencia en su obra Ética Nicomáquea; y San Pablo agregó las virtudes de fe, esperanza y amor. Claro que existen más virtudes, pero es necesario profundizar ahora qué se mide y para qué hacerlo.

Para cada riesgo identificado en la etapa inicial, el auditor debe considerar probabilidad e impacto. Luego, establecerá las respuestas a desarrollar”.

En el artículo de investigación Measuring virtues (Warna y Saaksjarvi, 2010) se propuso medir las virtudes en relación con la salud personal y de manera científica se calculó en los países escandinavos el vínculo que podía existir entre organizaciones con orientación virtuosa y la salud (es decir, menor incidencia de infartos y enfermedades cardiovasculares). En sus conclusiones, se evidenció una estrecha relación entre la vida virtuosa y la salud en el ámbito laboral. Esto lleva a establecer parámetros de medición que aún están en desarrollo, pero deben ser utilizados por la auditoría al desempeño para otros objetivos adicionales a la salud física. En años recientes, en nuestro país se ha escrito mucho sobre el tema de la corrupción, inseguridad e impunidad, de manera que se ha dicho que la intención es corregir esta problemática social a través de leyes y controles.

VIRTUDES Y VALORES
Sobre las virtudes de los contadores públicos, se tiene que recordar que se hace referencia a un comportamiento digno de ser replicado. En ese sentido, definir cada virtud es complicado, por lo que debe plantearse de forma individual, separada del resto de las cualidades. Podría definirse en un punto intermedio entre los extremos, que son defectos y excesos. Por ejemplo, el coraje tiene como defecto, en un extremo, a la cobardía y como exceso, en el otro extremo, a la imprudencia.

Si se revisa cada una, lo complicado es asignar una calificación al coraje, pero sería más prudente evaluar las consecuencias del efecto del coraje. Aquí es donde los auditores al desempeño tienen un reto importante para medir los efectos en las organizaciones, así como los escandinavos lo hacen con la salud.

Por otro lado, las virtudes no son opcionales ni pueden ser separadas de manera tajante en cada individuo. Por ejemplo, una persona honesta no puede ser injusta o carecer de indignación ética; es decir, vive de manera ética en versión completa. La auditoría al desempeño es la encargada de medir los efectos de esta vida ética y de calificar cada virtud por separado.

He aquí el centro de la complejidad de la auditoría ética. Para complicar un poco más la auditoría al desempeño, se incorpora el concepto de valores que, a pesar de ser usado de manera cercana a las virtudes, e incluso como sinónimos, son diferentes en su concepto y en su calificación.

Los valores son preferencias en un sentido simple y llano. A manera de ejemplo, a nivel profesional se habla de la diligencia, que es una preferencia profesional, por lo que es factible calificarla por separado de los demás valores; otro ejemplo es la puntualidad, que también es una preferencia. Estos valores pueden ser comportamientos observables y medibles de manera directa y objetiva. Aquí radica mucho de lo que las organizaciones pueden evaluar con controles observables.

Desde la óptica de la academia se pueden observar valores y se pueden vivir virtudes; por lo tanto, en un sentido amplio, puede haber una persona con la que compartamos valores, pero que no viva virtuosamente. Por eso, es difícil distinguir a los sujetos o personas corruptas en un entorno que no evalúa virtudes, sino valores observables.

Las pruebas tipo escandinavo, que muestran efectos de la vida virtuosa en la salud personal de las organizaciones, son el siguiente reto para los auditores al desempeño, de forma que puedan medir la salud institucional y personal de las entidades, especialmente las que son del sector público o de gobierno. No existen todavía baterías para la evaluación que sean objetivas per se, y es aquí donde hay mucho trabajo que hacer.

Si se quieren personas íntegras, en comunión de virtudes, valores, capacidades técnicas y con juicio profesional, deberá investigarse sobre la evaluación en cada categoría para que las auditorías al desempeño fortalezcan a las especiales de cumplimiento, tanto legales como financieras y administrativas. Es momento de aprovechar las experiencias que han tenido otros países a lo largo de la historia para mejorar las técnicas de auditoría, que todavía no existen para los problemas del resto del mundo, en especial para los de México, que ya llegaron a nuestros días.

CONCLUSIONES
La definición de la Organización Internacional de las Entidades Fiscalizadoras Superiores (INTOSAI, por sus siglas en inglés) dice que la auditoría al desempeño trabaja acorde con los principios de economía, eficacia y eficiencia; permite incorporar perfectamente la medición de la ética en su amplio espectro a la técnica procedimental que ya se utiliza y que será prioridad cuando se trate de vivir en ambientes éticos dentro de las organizaciones.

Mtro. Tomás Rosales Mendieta
Integrante de la comisión de Docencia del Colegio
Vicepresidente de Docencia de la AMDAD
trosales@fca.unam.mx

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