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Armando del Barrio Alba

Armando del Barrio Alba
septiembre 01
09:12 2017

Porque supo ofrecer la belleza de su alma ante la prueba de los muchos episodios difíciles que la vida le pidió enfrentar, Armando sigue siendo lámpara de luz que alumbra nuestros pasos vacilantes en este pobre México de ausencias morales e intelectuales. Al recordarlo recién el 21 de agosto, primer aniversario de su feliz Pascua, vengo a ofrendarle un sentido ramillete de pensamientos que lo mantienen vivo entre nosotros con la misma frescura que su simpatía y su buena e inolvidable sonrisa nos hacen agradecer el haberlo conocido.

El infortunio no solo no lo arredró, sino que lo llevó a escalar con esfuerzos y dolores las cumbres del triunfo profesional en la Contaduría de su devota vocación y de su servicio al público, a su gente que tanto amó. En la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM de su brillante formación llegó a ser considerado, por sus altos méritos académicos, candidato a dirigirla, y con la amplitud de su inteligencia visionaria supo participar con sencillez y ficacia en la fundación de nuestros estudios profesionales en universidades privadas, llegando a dirigir la Escuela de Contaduría y Administración de la Universidad La Salle, de cuyo Consejo Directivo fue también ilustre miembro.

Antes de ver coronadas sus aspiraciones de guiar con los mayores atributos de calidad y desempeño, contribución y liderazgo a nuestra profesión como Presidente del Instituto Mexicano de Contadores Públicos —lo cual logró en el periodo 1987-1988— y, años después a la Academia Mexicana de Auditoría Integral y al Desempeño (AMDAID) que ayudó a fundar, Armando se impuso con rigor la disciplina de los estudios de posgrado y obtuvo la Maestría en Administración de Empresas en la Escuela de Graduados del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Ah, cómo lo recuerdo, „el al ejemplo de su maestro Ricardo Mora Montes, enfundarse en su chamarra de estudiante y encaminar los pasos todas las tardes a aquella sede del Tec en Fray Servando del entonces y añorado Distrito Federal, simpático, humilde, sencillo, después de haber brindado y dictado cátedra todo el día en su prestigiado despacho profesional y en otras nobles instituciones.

De aquellos sus taurinos años en los que amó y gozó la „esta cada domingo desde su barrera, semejante al desafío de la muerte diaria, recuerdo sus amigables y generosas con„dencias. Ni presidentes ni políticos, políticas, generales y otros actores que irrumpieron en los escenarios de su vida y lo agraviaron no poco, pudieron empañar las virtudes de un Armando del Barrio enamorado de la existencia noble y del amor superior.

Solo a sus íntimos con„ó su pesadumbre sin quejas —y en este dulce espacio lo lloro con reverencia— porque de su corazón dolorido hacia afuera todo fue conformidad y simpatía, respeto y comprensión.

En este tiempo de socavones y traiciones, de cinismos e injusticias, de corrupción desmedida y sin control, nos llena de esperanza el recuerdo de Armando. Que su inspiración nos ayude a reencontrar el camino, y mientras lo recordamos pedimos al Señor le conceda el eterno descanso de su luz y de su paz.

Dr. Jorge Barajas Palomo
Expresidente del IMCP y Secretario Técnico del SUG
sarajab@prodigy.net.mx

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