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Aprender a aprender: Nuevo modelo educativo

Aprender a aprender: Nuevo modelo educativo
octubre 01
06:00 2016

Ante una propuesta que parece sólida, está pendiente una consulta nacional para una formulación de la versión final, pero sobre todo, está el reto de instrumentar el modelo y que sea asimilado y aceptado por los maestros.

Una reforma educativa que contribuya a la transformación del sistema y a la elevación de la calidad de la educación presupone un largo proceso. La reforma constitucional y las leyes secundarias que redefinieron las reglas de la carrera magisterial representan apenas la primera etapa del proceso reformista.

Desde luego, se trata de un primer paso fundamental. Los detractores de la reforma no se han cansado en insistir que esta no es educativa, sino laboral. Pero lo cierto es que sin un cambio a fondo en las reglas del juego ningún cambio en la dimensión pedagógica y curricular tendría grandes posibilidades de éxito. A través de los años, han tenido lugar intentos muy diversos de modificar planes de estudio y metodologías de enseñanza sin resultados positivos en términos de una mayor calidad. Y la razón de fondo de este fracaso sistemático se ubica en la ausencia de estímulos institucionales a la elevación de la calidad.

Ante esta realidad, las medidas de carácter político, administrativo y laboral representan el punto de partida indispensable. Era, por un lado, necesario que el Estado mexicano recuperase la rectoría sobre la política educativa que, en el terreno de los hechos, estaba en manos del SNTE o de la CNTE, según la entidad federativa. Ello significaba, entre otras cosas, que el Estado era el que debía manejar el presupuesto y las plazas. Y que, para este efecto, era crucial colocar al mérito como el criterio central de la carrera magisterial. En este sentido, la evaluación y no la lealtad política o las complicidades sindicales, debía ser elevada de un inocuo mecanismo de diagnóstico (al que poco caso se le hacía) a la condición calve para el acceso, la permanencia y la promoción de los docentes.

De ahí la relevancia de otra pieza clave de la reforma: la autonomía del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). Contrariamente al discurso desplegado por la Coordinadora en el sentido de que las evaluaciones deben ser consensuadas con los maestros, el hecho es que no se puede ser juez y parte: el diseño de las pruebas y su calificación debe corresponder a una instancia distinta a aquellas que van a ser evaluadas, es decir, debe ser independiente de maestros y autoridades. Se podrá dialogar, escuchar y tomar en cuenta el punto de vista de los actores involucrados, pero las decisiones deben corresponder solo al INEE.

Sobre estos tres pilares (rectoría sobre la política educativa, conversión del mérito como criterio central de la carrera magisterial y sistema autónomo de evaluación) se puso en marcha la reforma educativa. Quedaba, sin embargo, pendiente el siguiente paso, el paso sustantivo relativo a la definición del nuevo modelo educativo para el México del siglo XXI. Con una demora solo explicable a partir del temor gubernamental a multiplicar los frentes del conflicto con la CNTE (y en menor medida con el SNTE), después de más de dos años, la Secretaría de Educación Pública finalmente presentó su propuesta de modelo educativo. La demora no fue inocua toda vez que dio sustento al discurso descalificador de la reforma como meramente laboral. Fue un claro error político, sobre todo teniendo en cuenta que desde principios de 2014 se realizaron a lo largo y ancho del país los foros de discusión y análisis que aportaron los insumos para la elaboración de la propuesta recientemente presentada.

Sin entrar al análisis detallado de la propuesta, pues esta es una tarea propia de los expertos, se puede afirmar que acaso su principal mérito radique en su enfoque. Se parte de la definición del perfil del educando y, a parir de la idea de que éste debe ante todo “aprender a aprender”, el modelo apunta a la formación de ciudadanos autónomos, capacitados para hacerse cargo de su propia vida o, como lo expresó el titular de la SEP, el objetivo es formar mexicanos que sepan expresarse correctamente, que se respeten a sí mismos, que tengan valores, amor por México y gusto por las artes, que sean creativos, críticos y analíticos.

En relación con este punto, la presidente del Consejo del INEE, Silvia Schmelkes, ha subrayado el carácter humanista de la propuesta, la cual trasciende el enfoque tecnocrático. A su vez, Blanca Heredia, académica que desde la trinchera de la sociedad civil desempeñó un importante papel en el impulso original de la reforma, apunta que el nuevo enfoque rompe con la tradicional visión de la educación en tanto se orienta a formar ciudadanos y no súbditos. En otras palabras, se rompe con la idea de la educación como mecanismo de socialización y de legitimación del régimen nacionalista revolucionario.

El modelo propuesto se basa en cinco ejes: la escuela como ente con autonomía en el marco de un sistema horizontal; los planes de estudio, que privilegiarán la enseñanza del lenguaje, el pensamiento lógico-matemático y la formación cívica y ética; los maestros y el criterio del mérito; inclusión y equidad, que implica reconocimiento de diversos ritmos y capacidades de aprendizaje, así como canalización de recursos en favor de las zonas y grupos más desfavorecidos; y gobernanza del sistema educativo, basada en la participación de los actores involucrados (maestros, padres de familia, INEE, etc.) y apoyada con la creación del Sistema de Información y Gestión Educativa.

Asimismo, el nuevo modelo considera una propuesta curricular en la que se definen el lenguaje, el pensamiento matemático y la formación cívica y ética como aprendizajes clave, al tiempo que se orienta a promover el desarrollo social y emocional, lo cual implica poner atención a las actividades físicas y artístico-culturales. Cada escuela tendrá márgenes de autonomía para definir una parte de los contenidos educativos en función de las realidades sociales en que se inscribe.

No menos importante es la identificación de los logros a alcanzar en cada nivel educativo en siete ámbitos estratégicos, a saber: lenguaje y comunicación; pensamiento crítico y reflexivo; valores, convivencia y colaboración; desarrollo físico y emocional; México y el mundo; arte y cultura; y medio ambiente.

Una vez presentado el modelo, este será sometido a una consulta nacional cuyas conclusiones serán consideradas para la formulación de la versión final. Cumplido este trámite, el modelo entrará en vigor en el ciclo escolar 2018-19.

Desde el punto de vista de sus objetivos y de su coherencia interna, el modelo parece una propuesta sólida. Su gran reto será el de su instrumentación. Y a este respecto, será vital que las autoridades educativas muestren suficiente capacidad de ejecución. Pero más importante aún será que el nuevo modelo sea adecuadamente asimilado y, sobre todo, aceptado por los maestros. A fin de cuentas, el éxito o fracaso de la reforma educativa siempre ha estado en manos de los docentes, pues de ellos depende traducir objetivos, reglas y criterios en práctica cotidiana en las aulas.

Por lo pronto, el modelo ha sido bien recibido por expertos y acores ciudadanos. El SNTE buscará tener un papel activo en la consulta nacional para incidir en la versión final del mismo. Por su parte, la CNTE, que realmente no tiene interés ni propuesta en estos temas, se mantendrá al margen e insistirá en un discurso deslegitimador que, desde ahora, ya está esgrimiendo.

Lo importante en términos políticos será que la consulta sea exitosa, no solo en términos de que arroje aportaciones sustantivas, sino como reforzadora de la legitimidad de la reforma educativa. Esto será crucial para contrarrestar la narrativa anti reforma de la Coordinadora y sus aliados. También lo será en la medida que brinde una base de apoyo social más amplia que permita al gobierno y a los actores que favorecen la reforma resistir los embates del radicalismo magisterial.

 

Intelligent group of young school children

 

 

Lic. Pedro Javier González G.
Director de Seminario Político
pj1999glez@gmail.com

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