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Apostando

octubre 01
00:01 2014

Anotaba Konosuke Matsushita, quien fundó una de las empresas de electrodomésticos más grandes del mundo: “Hay momentos del ser humano en los cuales su audacia es todo o nada”, ingrediente fundamental para triunfar en la vida. Por supuesto, hay seres humanos que lo han logrado y otros que nunca han fracasado, ¿cuál es la diferencia? Los segundos no han intentado nada, por eso no han fracasado, pues les falta ese impulso vital de lanzarse a hacer las cosas, se la pasan criticando los éxitos y fracasos de los demás y se han convertido en simples espectadores de la apasionante aventura de vivir.

La ignorancia por supuesto nos protege, cuando no hacemos algo porque lo desconocemos tenemos al menos una maravillosa excusa, pero si lo sabemos y no lo hacemos se llama cobardía.

¿Cuál es el mayor riesgo que corremos cuando intentamos algo? Simplemente fallar, ¿es acaso un fracaso? Pues sí y no. Sí es un fracaso si no aprendemos nada, si no asimilamos la lección, pero si la falla la convertimos en una forma más para incrementar nuestra experiencia, representa una maravillosa lección que nos habilita para acercarnos aún más al éxito en el próximo intento.

Las probabilidades se incrementan en cuanto más intentos realicemos. Así los líderes de excelencia de tanto intentarlo finalmente lo logran, se caracterizan por su constancia y tenacidad, y ante la crítica que les pronostica un rotundo fracaso, saben que si solamente tienen 1% de posibilidades de ganar apuestan, de lo contrario sienten que dejaron escapar la única oportunidad que tenían.

Si el temor hizo a los dioses, la audacia hace a los reyes. Crébillón

Los timoratos y cobardes nunca logran nada en la vida, pues no los impulsa el deseo de ganar, sino el temor a no perder y se imaginan por supuesto el sufrimiento que esto les acarreará. El miedo los atenaza y los paraliza.

La vida es una aventura maravillosa reservada únicamente para aquellos que se atreven y, por supuesto, no hay aventura sin riesgos, pero vale la pena, solamente intentándolo lo sabremos, hasta entonces conoceremos nuestras fortalezas y limitaciones. El riesgo nos templa, nos da fuerza para vivir, el gozo de conquistar nuestros objetivos, de cruzar la meta, de vivir el éxtasis del triunfo.

Entre más intentos realicemos más probabilidades tendremos de dar en el blanco; intentar e intentar hasta lograr lo que deseamos debe ser la guía de nuestras acciones. ¿Y qué hacer con la frustración ante nuestros fracasos? Alimentarnos de ellos, aprendiendo de nosotros mismos y preguntarnos qué nos falta aún por aprender, e inmediatamente capitalizar esa emoción negativa convirtiéndola en una fuerza de esperanza que nos impulse a un nuevo y diferente intento.

Estar vivo ya en sí representa un riesgo, pues solamente lo vivo puede morir, pero qué diferente es vivir para no morir que vivir para vivir. Algunas personas están discapacitadas emocionalmente pues se consideran fracasadas aun antes de intentar y le dan vida a esa equivocada y despectiva afirmación: “Nací para maceta y me quedé en el corredor”.

¡Atrévete!, lánzate a realizar tus sueños, la oportunidad la puedes crear si te decides a actuar, solamente hay decisión cuando esta se convierte en acción. No lo pienses más, lánzate ahora mismo, hoy es el día.

Reflexiona: ¿te molesta perder?, ¿por qué?, ¿has intentado aprender de tus fracasos? Si vale la pena, inténtalo tantas veces como sea necesario. Tanto el fracaso como el éxito son valiosas experiencias, si tienes solamente 1% de posibilidades de ganar, atrévete. ¿Te atreverías con solo 1% de posibilidades? Reflexiona nuevamente: ¿cuál fue tu último éxito?, ¿cómo fue que lo lograste? Recuerda: “Solamente intentándolo lo sabremos”.

Lic. Miguel Ángel Cornejo

Presidente de la Fundación Miguel Ángel Cornejo

presidencia@cornejoonline.com

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