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Acuerdo USMCA, el humo blanco

diciembre 01
08:00 2018

El rebautizado acuerdo entre Estados Unidos de América, México y Canadá no implica cambios de fondo respecto al
TLCAN. Breve explicación sobre las modificaciones visibles.

Después de más de un año de negociaciones, las tres naciones de la región norteamericana alcanzaron un acuerdo para mantener con vida, aunque con algunos cambios, las reglas del libre comercio trilateral. Al margen del contenido específico del entendimiento logrado, su principal efecto positivo consiste en la certidumbre que la conclusión de las negociaciones ofrece a los agentes económicos.

Como se sabe, en el caso de México, las dudas a propósito de la continuidad de su participación en el tratado comercial han sido el factor de mayor peso en la depreciación sufrida por el peso.

No puede negarse el hecho de que el carácter trilateral del tratado supone haber superado el riesgo de que el Congreso de Estados Unidos de América (EUA) no aceptara un acuerdo bilateral, toda vez que la autoridad concedida al presidente Donald Trump fue para acordar un pacto entre las tres naciones. No obstante, sigue latente el riesgo de que en caso de que los demócratas logren recuperar la mayoría en la Cámara de Representantes o en el Senado, el nuevo tratado sea rechazado, más por razones políticas que económicas.

En principio, puede afirmarse que, desde un punto de vista político, los tres gobiernos norteamericanos ganan algo. Donald Trump, quien había declarado que el tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) había sido el peor acuerdo comercial de la historia, podrá ahora atribuirse el crédito de haber negociado cambios de fondo que implicarán una relación comercial más justa para los estadounidenses, aunque en la realidad no sea así. Canadá, por su parte, satisfizo su objetivo central al asegurar la vigencia del capítulo 19, relativo a la solución de controversias. Para México y el presidente Peña, que enfrentó una negociación difícil e, incluso, hostil, el fin de las negociaciones representa un cierre positivo en su administración. También para Andrés Manuel López Obrador es una buena noticia, ya que no tendrá que afrontar el desafío de una compleja negociación al inicio de su mandato. Con todo, no puede perderse de vista que, en caso de que se concrete el escenario de una mayoría demócrata en el Congreso de EUA, el nuevo gobierno deberá desplegar una estrategia eficaz de cabildeo y de alianzas para que la causa de la ratificación del acuerdo sume los votos necesarios.

Ciertamente, el rebautizado acuerdo entre EUA, México y Canadá (USMCA, por sus siglas en inglés) no presenta variaciones de fondo respecto al TLCAN, pero ello no significa que no haya modificaciones visibles, baste mencionar las relativas a las Reglas de Origen en el sector automotriz, y la incorporación de sectores como el de la energía y el del comercio electrónico, que en el pasado estuvieron ausentes, pero que para la economía contemporánea resultan cruciales. Aun cuando es conveniente puntualizar que, en sentido estricto, lo pactado no necesariamente está en la lógica del libre comercio, pues hay muchos elementos de comercio administrado, es necesario insistir en el logro que significó conservar el tratado, en especial si se recuerdan las primeras intenciones de Trump de liquidarlo. En otras palabras, se conjuró el riesgo de destruir las cadenas de valor y el de eliminar las salvaguardas institucionales que confieren certeza a los inversionistas y acotan los impulsos proteccionistas o populistas de los mandatarios.

El cierre del acuerdo es una buena noticia también para López Obrador, pues no deberá enfrentar el desafío de una negociación compleja.

Haciendo un balance de lo sucedido, un mérito indudable de los negociadores mexicanos y canadienses fue haber echado atrás la propuesta original de la llamada cláusula Sunset. Ahora, sin que medie la suspensión del acuerdo, habrá evaluaciones quinquenales de sus resultados a partir de los primeros 16 años de vigencia del USMCA. Otro aspecto favorable fue la eliminación de la estacionalidad agropecuaria, que sometía a las exportaciones mexicanas (uno de los rubros más exitosos del TLCAN) a cuotas o aranceles, según la cosecha de EUA. En cambio, en el sector automotriz, México cedió terreno al aceptar la elevación de la Regla de Origen de 62.5 a 75% de contenido regional y que 40% de los automóviles se produzcan en zonas con salarios de 16 dólares la hora. No obstante, esto no quiere decir que México esté excluido del mercado norteamericano, pues quedan espacios para seguir produciendo y exportando. Pero lo que sí puede representar un problema es el establecimiento de un límite de 2.6 millones de automóviles anuales exportados libres de aranceles.

Vale la pena poner el foco de atención en lo convenido en los rubros laboral y anticorrupción que, si bien conllevan la asunción de obligaciones, su cumplimiento tendrá, sin lugar a dudas, efectos favorables. En materia laboral, está el compromiso para que cada país incorpore a su legislación los derechos de libertad de asociación y el derecho efectivo a la negociación colectiva. En cuanto al combate a la corrupción, se adquiere la responsabilidad de contar con autoridades independientes, así como el de tipificar y castigar los delitos de soborno, cohecho y enriquecimiento ilícito. Es en este sentido que el USMCA reforzará al Sistema Nacional Anticorrupción (SNA).

En cuanto a las disposiciones no incluidas en el TLCAN y que el USMCA ya toma en cuenta, los casos más notorios son los de comercio electrónico, telecomunicaciones, propiedad intelectual y energía. En este último terreno se pactó el respeto al marco jurídico vigente. Para México, esta disposición es una salvaguarda a las inversiones realizadas al amparo de la reforma energética.

Por último, el USMCA añade dos disposiciones completamente nuevas. La primera establece que ninguno de los tres países podrá celebrar acuerdos de libre comercio con naciones, cuyas finanzas no califiquen como economías de mercado. Esta, desde luego, es una regla confeccionada para China. Si México quisiera llegar a un acuerdo comercial con el país asiático, deberá avisar a sus socios norteamericanos para alcanzar un entendimiento con ellos. La segunda disposición, estipulada en el capítulo 33, se refiere a la política macroeconómica y al tipo de cambio. Se pone particular atención a la transparencia sobre el nivel y manejo de las reservas internacionales y se asume un firme pacto para mantener un régimen de tipo de cambio flexible. En tanto que este compromiso no presupone la modificación de la política monetaria que México ha seguido desde hace dos décadas, puede entenderse como un factor adicional de certidumbre, pues blinda la política garante de la estabilidad macroeconómica.

Lic. Pedro Javier González G.
Director de Seminario Político
pj1999glez@gmail.com

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