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Acuerdo nacional

Acuerdo nacional
noviembre 01
13:00 2013

Por Roberto Álvarez Argüelles

Expresidente del IMCP

mireyagarza2000@yahoo.com.mx

En mayo de 2011, atisbando “Nuestra Realidad” comentamos: “…es necesario que los actores públicos pensemos en México y no solo en nuestra parcela y acordemos. Se requiere voluntad y generosidad porque debe cederse lo necesario en aras de nuestro futuro. Hay quien sostiene que la mesa está puesta y que solo es cuestión de dialogar, debatir y acordar…” Suscribo ahora, como nunca, esta afirmación.

La necesidad, el oficio y la práctica política lograron que los tres principales partidos políticos pactaran. Se unieron frente a un enemigo común: los poderes fácticos, y crearon el Pacto por México, que ha sido de gran utilidad, pero insuficiente. Nuestra historia nos ilustra: México no ha sido un país de grandes acuerdos, más bien de lo contrario: grandes desacuerdos, donde el orden se ha establecido a partir del sometimiento de una de las partes. Las constituciones de 1857 y 1917 surgieron del triunfo de un bando sobre otro. No podía ser de otra manera, ya que las desigualdades eran enormes y los privilegiados no tuvieron capacidad para moderarse y reformarse.

Fundar la nación fue la gran hazaña histórica de la generación de la Reforma encabezada por Benito Juárez. Con Juárez, Díaz y más tarde con los gobiernos emanados de la Revolución, se fundó una Nación y un Estado, pero se hizo sobre la derrota del adversario y no como consecuencia de un acuerdo nacional. En las condiciones de la época era inevitable.

El Pacto por México parece la simiente de un Gran Acuerdo Nacional Incluyente, para construir un nuevo régimen de libertad y mayor justicia

Fue hasta 1929, con la fundación del Partido Nacional Revolucionario (el abuelo del PRI), que finalmente se logró un acuerdo, pero que solo incluía a los vencedores de la Revolución. Se aplicó a una coalición político-social amplia y resultó exitoso dándonos una larga estabilidad, sin embargo, al no ser incluyente, propició elitismo, gran desigualdad, pobreza extendida, cancelación democrática y represión.

Empezó a debilitarse a partir del movimiento estudiantil de 1968, se agudizó con la expropiación bancaria que lastimó a los empresarios. En 1985 la ineptitud gubernamental ante el terremoto que asoló al Distrito Federal dio al pacto otro golpe. La elección de 1988 evidenció la ausencia de democracia, un golpe más.

Los crímenes políticos de 1994, la crisis económica 1994-95, las evidencias de gran corrupción y el manejo opaco del rescate bancario terminaron por darle la puntilla al régimen del viejo arreglo.

En el año 2000 la alternancia abrió la posibilidad de una reconciliación rumbo a un gran acuerdo, pero no se hizo. En 2006 fue peor, se polarizó a la sociedad y el desacuerdo nacional fue más que evidente.

EPÍLOGO

El Pacto por México parece la simiente de un Gran Acuerdo Nacional Incluyente, que permita construir un nuevo régimen en el que haya libertad y mayor justicia. Ya no funcionaría la victoria de uno de los bandos y la derrota del otro, como ocurrió en el pasado. Ahora somos una sociedad diversificada y plural, tenemos una economía integrada y nos encontramos conectados con la globalidad. La coyuntura nos ofrece una oportunidad irrepetible.

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