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A propósito del SARS-CoV-2, un compromiso empresarial con el medio ambiente

A propósito del SARS-CoV-2, un compromiso empresarial con el medio ambiente
noviembre 01
2020

El origen del problema es no comprender que el sistema ecológico y el social están relacionados. Las organizaciones deben buscar modelos de negocio sostenibles para ellas y el planeta.

Se ha opinado mucho respecto del origen del SARS-CoV-2, hasta se han escuchado teorías de conspiración. Algunos indican que se originó en el mercado de Wuhan, otros que fue creado en un laboratorio, que es un arma biológica… Incluso se habla de la torre 5G y se ha comentado que es un invento generado por los medios y los gobiernos.

La realidad es que atravesamos por una crisis sanitaria global, sin precedentes. Científicos a nivel mundial han argumentado y demostrado que el SARSCoV- 2 no es un invento, ya que sus características genéticas evidencian que se trata de un producto de la naturaleza.

Ante ello, es preciso resaltar que las acciones individuales y empresariales tienen un impacto directo en los ecosistemas, debido a que las necesidades los han modificado de manera rápida y extensa en los últimos años, dándoles un uso insostenible.

En este sentido, el desarrollo económico sólo se podrá lograr si se pone más atención en la gestión de los recursos naturales y en la generación de los servicios vitales. Se debe tener mayor conocimiento, de manera que se fortalezca la capacidad de sobreponerse a la vinculación de los sistemas socioecológicos.

Hoy, la forma en que operan las actividades industriales genera una gran contaminación, destrucción de los ecosistemas y contribuye, en gran medida, al cambio climático. Sin embargo, llaman “externalidades” a estos actos, de modo que evitan asumir su responsabilidad.

El centro de muchos problemas se debe a la deficiente comprensión que existe en torno al medio ambiente y los cambiantes sistemas sociales, que están relacionados.

Incluso las empresas anteponen sus intereses frente a los de la sociedad, oponiéndose a cambiar.

Esto deja ver una gran irresponsabilidad corporativa respecto a su actuar con el entorno, una de las principales consecuencias del daño climático. Como prueba de ello tenemos la actual emergencia de salud por el virus SARS-CoV-2, el cual surge por el deterioro ambiental que se ha generado en el planeta.

Que el mundo esté dos o tres veces más caliente, significa que el agua disponible, la comida, las enfermedades e incluso otras cosas, van a ser diferentes. Por ello, es importante resaltar que es necesario hacer las cosas de otra manera.

El punto de no retorno

El SARS-CoV-2 no ha detenido el cambio climático. La disminución de las emisiones como resultado del confinamiento no estabilizará el calentamiento global. Es por ello que la Organización de las Naciones Unidas (ONU), por medio del Programa ONU Medio Ambiente (2020), hace un llamado a los países y a todos los sectores, a tomar medidas para hacer frente a la pandemia por COVID-19 y al cambio climático.

¿Cómo lograr la reconexión con la biósfera? ¿Cómo conseguir esa vinculación entre el mundo empresarial y el ecosistema, si se sigue pensando que ésta no existe? La realidad es que las corporaciones no la consideran, porque piensan que no hay una mayor responsabilidad o contribución de su parte frente al problema.

Es importante decir que, en esta sociedad globalizada, no existe ningún ecosistema que no esté formado por personas ni individuos que no dependan de éste y de los recursos que proporciona.

Querer liberarse de esta vinculación, olvidando que las economías y sociedades están entrelazadas con el planeta, no tiene sentido. Por ello, es hora de que las comunidades reconecten con la naturaleza y actúen de manera responsable.

En la actualidad, los ecosistemas están negativamente impactados, y lo que está en juego es un cambio de vida, tal como la conocemos, para la humanidad. Un planeta absolutamente diferente al que se tiene ahora.

Las generaciones futuras comenzarán a sufrir de una forma como no ha sucedido en el pasado. Porque hoy nos enfrentamos a enfermedades como el dengue, la malaria, “mal de changas”, leishmaniosis y recientemente, COVID-19, entre otro tipo de padecimientos. Pero es un hecho que surgirán nuevos males, de los que aún no se tiene conocimiento.

En definitiva, la pandemia por coronavirus ha mostrado un mundo donde el statu quo ya no existe. Y el comienzo de esta pandemia, así como el inicio de una serie de problemas y riesgos a causa de ésta, están estrechamente relacionados con la afectación a los ecosistemas.

Indiscutiblemente, el avance socioeconómico del siglo pasado se fundamentó en un actuar que ha destruido al medio ambiente, amenazando su continuidad en el tiempo. Y como consecuencia de esa explotación, la humanidad ha tenido que enfrentar un alto costo, con afectaciones de gran alcance e impacto en todos los sentidos.

De la misma manera que ocurrió con otras enfermedades como el SARS (2003), la gripe porcina (2009) y el MERS (2012), originadas por la estrecha relación entre los humanos y las especies silvestres, así una mutación dio origen al SARS-CoV-2: un nuevo virus que cedió el paso a una enfermedad que se propagó rápidamente en todo el mundo.

Esta correspondencia es cada vez más común, como resultado de una población que se encuentra en constante crecimiento, una sociedad acostumbrada a consumir, que ha abusado de los ecosistemas y que cada vez emite más contaminantes.

Por ello, partiendo de que la propia supervivencia ya está comprometida por no tomar acciones que mitiguen el efecto, la participación del sector industrial frente a esta problemática es de suma importancia. Se trata de una responsabilidad compartida que no debe eludirse.

Después de la crisis por el SARS-CoV-2, en el mundo debería adoptarse un nuevo enfoque de salud para contrarrestar otros problemas que puedan surgir; asimismo, tendría que existir un mayor compromiso en el actuar empresarial frente al medio ambiente. La salud en el mundo depende de esto.

Cuestión de responsabilidad

Está claro que las actividades de la sociedad están destruyendo los ecosistemas, que son el sostén de la vida, poniendo a ésta en riesgo. También es evidente que los empresarios enfrentan un gran reto, ya que deben buscar y adaptarse a nuevos modelos de negocio que se alineen a un código de gobierno sostenible, para centrarse en crear valor económico, social y medioambiental, contribuyendo al incremento del bienestar de las generaciones presentes y futuras, como lo refiere la ONU.

Por ello, las corporaciones tienen la importante tarea de buscar mecanismos y formas de actuar comprometidas con el medio ambiente, llevando a cabo acciones de mitigación y adaptación ante el cambio climático. No sólo está en juego la sostenibilidad de las empresas, sino la sobrevivencia del ser humano y del planeta.

Mtra. Alejandra Galetto Bravo
Integrante de la comisión de Ética y Responsabilidad Profesional del Colegio
adelatorre5@hotmail.com

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