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2010 – 2015 Evolución de las carencias sociales

2010 – 2015 Evolución de las carencias sociales
mayo 01
07:02 2017

El Coneval presentó un estudio en el que la conclusión general es que las carencias que se usan como criterio para el cálculo de la pobreza registraron disminuciones; sin embargo, las políticas públicas deben mejorar sus resultados en términos cualitativos.

El Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) presentó un estudio que muestra la evolución de las carencias sociales en el periodo 2010- 2015. Más allá de la importancia intrínseca de la información divulgada, vale la pena señalar que la misma compatibilizó los resultados de la medición de condiciones socioeconómicas levantada en 2016 con las mediciones previas. Como se recordará, el estudio de 2016 levantó una gran polémica en virtud del cambio de metodología y se afirmó que sería imposible contrastar los resultados recientes con los de años anteriores. Lo cierto es que, al menos en lo que concierne al rubro carencias sociales, se realizaron los ajustes necesarios que permiten comparar los resultados relativos a 2015 con los de los años previos (2010-2014). Todavía no se presentan resultados de los esfuerzos por compatibilizar la nueva medición de los ingresos con la de los años anteriores.

Pero, ¿cuál es la relevancia de las llamadas carencias sociales? Debe partirse de la premisa de que la pobreza es un fenómeno multidimensional. Si bien el ingreso es un factor crucial, no es el único determinante. La pobreza presupone privación y vulnerabilidad. Y, en dicho sentido, la vulnerabilidad social de un individuo o un grupo también depende de la falta de acceso a los activos que permiten mejorar las condiciones de vida, como la educación, salud, alimentación, seguridad social y vivienda. De esta manera, personas con ingresos que, en principio, pudiesen considerarse suficientes para sufragar sus necesidades básicas están expuestas a hundirse en la pobreza debido a diversas carencias. Ejemplos podrían ser el de la falta de acceso a servicios de salud (que pueden significar la pérdida del patrimonio familiar) o el del término de la vida laboral sin el beneficio de una pensión.

Con base en estas consideraciones, el Coneval maneja una definición de la pobreza que va más allá del establecimiento de una determinada línea de ingreso. De esta forma, la población en situación de pobreza se refiere a quienes al menos tengan una carencia social y un ingreso económico menor a la línea de bienestar, que para las áreas urbanas se establece en dos mil 542.13 pesos mensuales y en las áreas rurales en mil 614.65 pesos mensuales. Por su parte, la población en situación de pobreza extrema se refiere a quienes tienen un ingreso inferior a la línea de bienestar mínima y además tres o más carencias sociales; en las áreas urbanas la línea de bienestar mínimo se establece en mil 242.61 pesos mensuales, en tanto que en las áreas rurales en 868.25 pesos.

La conclusión general del estudio divulgado es que en las seis carencias que se usan como criterio para el cálculo de la pobreza se registraron disminuciones. Así, entre 2010 y 2015, las personas sin acceso a servicios de salud pasó de 33.5 millones a 20.5 millones como resultado de la ampliación de la cobertura del Seguro Popular. Por su parte, el número de personas con rezago educativo se redujo de 23.7 a 21.8 millones, en tanto que las carencias relativas a la calidad y el espacio de las viviendas, así como al acceso a los servicios básicos de las viviendas se redujeron de 17.4 y 26.3 millones a 14.6 y 24.9 millones, respectivamente.

Mención aparte merecen las carencias por falta de acceso a la alimentación y a la seguridad social. También en estos casos se experimentaron reducciones. Sin embargo, pese a dicha disminución, el número de personas que aún las padecen da cuenta de la gran vulnerabilidad social. Por un lado, resulta inadmisible que en 2015 se hayan registrado 26.4 millones de mexicanos que viven en una situación de inseguridad alimentaria. Por otro lado, los 68.7 millones de personas sin acceso a la seguridad social dan cuenta de la mayor vulnerabilidad social y del enorme reto que esta plantea desde la perspectiva de las demandas sociales del futuro próximo.

A pesar de todo, la reducción en el número de personas que sufren carencias es sin duda positiva. Es también favorable el hecho de que estas disminuciones tuvieron lugar, aunque en diferentes grados, en la mayor parte de las entidades federativas. Según el estudio del Coneval, los 32 estados registraron avances en los rubros de acceso a servicios de salud y acceso a la seguridad social. En materia de rezago educativo, de calidad y espacios de la vivienda y de servicios básicos de la vivienda fueron 29 estados los que reportaron mejoras. Finalmente, en el caso de carencias por falta de acceso a la alimentación, el número de entidades que registró mejoras fue de 24.

La población en situación de pobreza se reere a quienes al menos tengan una carencia social y un ingreso económico menor a la línea de bienestar.”

En la medida en que aún no contamos con datos comparables en materia de ingresos resulta imposible estimar las dimensiones del fenómeno de la pobreza y la pobreza extrema a partir de las puras carencias. No obstante, no resulta ocioso considerar que, en 2014 (año más reciente en que es posible tener indicadores completos en materia de pobreza), 33.4% de la población (40 millones de personas) era vulnerable. La mayor parte de estas personas era vulnerable por carencias sociales y solo una proporción menor lo era por el monto de ingresos recibidos. Con todo, cabe mencionar que mientras la población vulnerable por carencias sociales experimentó una disminución entre 2010 y 2014 (disminución que, como hemos visto, continuó su trayectoria en 2015), la población vulnerable por ingresos aumentó en el periodo 2010-2014.

La explicación del contraste entre el incremento de personas vulnerables por ingresos y la reducción en el número de estas por carencias sociales se encuentra en el hecho de que mientras la vulnerabilidad en materia de ingresos se asocia directamente con la coyuntura económica, principalmente con el ritmo de crecimiento del producto, la creación de empleos y los niveles salariales, la evolución de las carencias sociales está asociada con la instrumentación de diversas políticas de largo plazo que, poco a poco, se han traducido en una disminución del número de personas sin acceso a los activos requeridos para llevar una vida digna.

Vale la pena insistir en que es indispensable que, en adición a un mayor dinamismo económico, las políticas públicas dirigidas a la superación de las carencias sociales mejoren sus resultados, tanto en términos cuantitativos como cualitativos. Ello es particularmente urgente en los renglones de acceso a la alimentación y acceso a la seguridad social. La posibilidad de construir un México en el que sus habitantes cuenten con los activos necesarios para procurarse una vida digna depende de ello.

Lic. Pedro Javier González G.

Director de Seminario Político

pj1999glez@gmail.com

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