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12° Premio de Investigación Fiscal: Fluctuación cambiaria y su tratamiento en el ISR

12° Premio de Investigación Fiscal: Fluctuación cambiaria y su tratamiento en el ISR
enero 01
2016

A través de una interpretación jurídica de las normas que predisponen el tratamiento fiscal del resultado cambiario, mediante los métodos histórico y teleológico, se analiza si debe seguir otorgándose dicho tratamiento y si este cumple con el principio de proporcionalidad.

La fluctuación cambiaria es el movimiento en la paridad de la moneda de un país con respecto a una moneda extranjera. A través del tiempo, en México se han presentado abruptas devaluaciones del peso, cobrando mayor relevancia las ocurridas frente al dólar de los Estados Unidos de América, debido a las relaciones comerciales que imperan con ese país.

  • Aspectos contables de la fluctuación cambiaria. En su acepción contable, la normatividad nacional e internacional define el término “fluctuación cambiaria” como la diferencia resultante de: i) convertir transacciones o saldos denominados en moneda extranjera a otra moneda, utilizando diferentes tipos de cambio, y ii) convertir los saldos de las monedas de registro a la moneda de informe, utilizando los tipos de cambio de diferentes fechas.

Toda transacción en moneda extranjera debe reconocerse inicialmente al tipo de cambio histórico y si no se realizan en el mismo periodo contable, tratándose de partidas monetarias, debe convertirse su saldo al tipo de cambio de cierre (tipo de cambio a la fecha del estado de posición financiera). Las diferencias de cambio surgidas en la conversión deben presentarse en el estado de resultados del periodo como un componente del resultado integral de financiamiento, de acuerdo con la NIF B-15.

  • Tratamiento fiscal del resultado cambiario. El artículo 8, penúltimo párrafo de la Ley del Impuesto Sobre la Renta (LISR) predispone que para efectos de ese ordenamiento legal, se dará el tratamiento de los intereses a las ganancias o pérdidas cambiarias que se devenguen por la fluctuación de la moneda extranjera.
  • Capitalización delgada y pérdida cambiaria. En 2012, mediante la publicación de los criterios normativos (Criterio 00/2012/ISR), la autoridad fiscal interpretó que la pérdida cambiaria devengada que derive de deudas con partes relacionadas que excedan el triple del capital contable de los contribuyentes no sería deducible.
  • Problemática detectada. En los últimos años las tasas de interés y la inflación en nuestro país han permanecido en niveles relativamente bajos, mientras que el tipo de cambio ha presentado un comportamiento volátil. En razón de lo anterior, puede existir un incentivo para manipular el endeudamiento que los contribuyentes residentes en México obtienen principalmente de partes relacionadas y así obtener un beneficio fiscal derivado de los siguientes factores
  • Las deudas en moneda extranjera generan fluctuación cambiaria deducible fiscalmente conforme se devenga, es decir, sin existir una erogación previsible, por lo que no representa una obligación de pago en el futuro, pues por la misma volatilidad de la moneda puede suceder que al momento que se materializa el pago de la deuda, no se genere en la misma cantidad o incluso sea utilidad.
  • Los contribuyentes, a contrario de la autoridad tributaria, han interpretado que las reglas de capitalización delgada no resultan aplicables a la pérdida cambiaria; los principales argumentos vertidos en el argot se enfocan a dos aspectos:

1. La naturaleza jurídica de la pérdida cambiaria no es la misma que la del interés, ya que no es un rendimiento de crédito sino otro tipo de gasto y, a diferencia de otros conceptos, en la LISR no se le “considera” interés sino que se le da ese “tratamiento”. Al respecto, cabe señalar que al sustraer del plano fáctico el fenómeno económico de la fluctuación cambiaria en los créditos y deudas de las compañías y llevarlo al ámbito fiscal, el legislador no cambia la naturaleza del elemento, simplemente lo adecua o, en este caso, le predispone cierto tratamiento para fines impositivos, por lo que no hay duda que la ganancia o pérdida cambiaria recibe el tratamiento de interés porque existe el precepto legal que así lo predispone.

2. La fluctuación cambiaria es una variable no susceptible de ser controlada, ya que a diferencia de los intereses, no se negocia ni se pacta en una transacción en moneda extranjera. Cabe resaltar que si bien es cierto que las empresas no tienen control en las fluctuaciones cambiarias de las monedas, sí lo tienen, considerando operaciones entre partes relacionadas, en el monto y plazo que mantienen las cuentas por pagar.

En los últimos años, las tasas de interés y la inflación han permanecido relativamente bajos, pero el tipo de cambio ha sido volátil.”

  • A pesar de existir una regla de capitalización delgada, las tasas de interés en el mercado son bajas y los intereses, considerando que se deben aplicar reglas de precios de transferencia, que resultan no deducibles de la aplicación de dicha regla, no son significantes en relación al beneficio obtenido por la pérdida cambiaria que devengan los saldos en moneda extranjera.
  • El ingreso por la disminución real de las deudas (ajuste anual por inflación) tampoco resulta significativo por los bajos niveles de inflación presentados en los últimos años. Al ser la inflación una variable que incluso ha registrado mínimos históricos en los últimos meses, el efecto fiscal (disminución real de las deudas) no resulta significativo para las compañías, puesto que al igual que los intereses no deducibles por la regla de la subcapitalización, el beneficio obtenido por la deducción de la pérdida cambiaria devengada es mayor y contrarresta el ingreso acumulable por el ajuste anual.

En este orden de ideas, existe un entorno apropiado para que las compañías mantengan deudas con partes relacionadas, pues derivado de la combinación de los elementos analizados, se podrían generar deducciones importantes, mediante la fluctuación de la moneda, que no implicarían un desembolso para la compañía ni un ingreso susceptible de ser gravado para su contraparte, pues esta, en su momento, recibirá la cantidad en numerario denominada en moneda extranjera previamente pactada.

  • Interpretación de la norma jurídica tributaria. En una primera aproximación etimológica, el término interpretar significa tanto descubrir, como asignar o dotar de significado a ciertas cosas, hechos, signos, fórmulas, palabras, documentos. Cuando la interpretación se proyecta sobre normas jurídicas la atribución de sentido o significado se hace sobre el conjunto de normas que están vigentes en un determinado sistema jurídico.

De conformidad con el artículo 5o. del Código Fiscal de la Federación (CFF), las disposiciones fiscales que establezcan cargas a los particulares (normas que se refieren al sujeto, objeto, base, tasa o tarifa) y las que señalan excepciones a las mismas son de aplicación estricta. De la simple lectura de las normas tributarias que predisponen el tratamiento de las ganancias y pérdidas cambiarias no parecen generarse confusiones en cuanto a su aplicación, ya que serán acumulables o deducibles conforme se devenguen; sin embargo, en virtud de la aplicación de las leyes, todos los textos normativos son sujetos a interpretación y no solamente los que resulten “oscuros”, “poco claros” o “contradictorios”. Al interpretar se determinan los alcances y consecuencias jurídicas de la norma para posteriormente aplicarlas.

En este sentido, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ha sostenido que las disposiciones referentes a los elementos de las contribuciones, aunque son de aplicación estricta, admiten diversos métodos de interpretación para desentrañar su sentido:

  • Interpretación teleológica. Este método de interpretación no se queda en el análisis del contenido literal de la norma, sino que partiendo de la misma busca su sentido y alcance a través de la finalidad de la ley misma; el intérprete trata de
    captar el fin que la norma persigue.

Como se desprende de la exposición de motivos que el ejecutivo presentó en 1986, la finalidad de otorgar el tratamiento fiscal de los intereses a las ganancias y/o pérdidas cambiarias fue reflejar el costo real de las deudas que las compañías estaban asumiendo para disminuir su base tributaria del ISR a través de los intereses que devengaban las altas tasas de interés en el mercado y el reconocimiento fiscal asimétrico de la inflación. El tratamiento de interés a la pérdida cambiaria fue pensado para que formara parte de todo el costo financiero de una deuda que devengara intereses.

Mediante una interpretación teleológica del precepto que otorga el tratamiento fiscal de los intereses a la pérdida cambiaria, es posible concluir que el fin que en su momento se le dio no se cumple en el actual sistema fiscal, pues no existe (para las personas morales) una mecánica para determinar el interés real en los financiamientos que reciben; lo cual es consecuencia de los controlados niveles de inflación y bajas tasas de interés, a la par de reglas de precios de transferencia y capitalización delgada que fueron incorporadas en la legislación para inhibir el endeudamiento desproporcional de las compañías.

  • Capitalización delgada. La autoridad fiscal ha interpretado que la pérdida cambiaria debe recibir el mismo tratamiento fiscal que los intereses (en casos de capitalización delgada), lo cual genera dificultades técnicas en su aplicación (como pudiera ser que no hay limitante para el caso de acumulación de la ganancia cambiaria mensual o que se considere el neto de la fluctuación), que denotan que dicho tratamiento no tiene sentido en el ordenamiento fiscal vigente. En el actual sistema fiscal no hay cabida para otorgar el tratamiento de interés a la ganancia o pérdida cambiaria, pues figuras como capitalización delgada, precios de transferencia y créditos respaldados surgieron para regular a los intereses per se, aquellos que son rendimientos de créditos, y al pretender aplicarlas a la fluctuación cambiaria, surgen problemas técnicos que hacen evidente que su tratamiento debe ser diferente.
  • Interpretación histórica. Savigny consideraba que este método de interpretación tiene por objeto el estado de Derecho existente sobre la materia, en la época en que la Ley ha sido dada; determina el modo de acción de la ley y el cambio que introduce, que es precisamente lo que la interpretación histórica debe esclarecer.

Como se desprende del contexto económico y del proceso legislativo, lo que buscó el legislador al crear la norma fue eliminar la distorsión de las señales económicas que creó el impuesto al promover el endeudamiento, derivado de las altas tasas de interés y niveles de inflación, sin embargo, la evolución de la economía ha hecho que las variables que en su momento tomó en cuenta el legislador para realizar los cambios al sistema fiscal estén hasta cierto punto controladas en niveles bajos, lo cual evidencia que el actual tratamiento fiscal que reciben las ganancias y pérdidas cambiarias no es congruente con la finalidad que buscó el legislador al crear la norma, pues se buscaba que los contribuyentes no se endeudaran para disminuir la base tributaria a través de los intereses que pagaban por las altas tasas, al mismo tiempo que obtenían, fiscalmente un ajuste asimétrico por la inflación.

  • Interpretación histórica progresiva. La interpretación ha evolucionado hasta considerar que la intención del legislador no es el criterio decisivo para atribuirles significado a las normas jurídicas, sino que lo que se determina es cómo serían razonablemente interpretadas por sus destinatarios y la relación que guarda esa norma con las demás que integran el sistema jurídico en el que se encuentra inserta.

En este caso, se advierte un argumento de interpretación evolutiva basado en el hecho de que la norma jurídica que prescribe el mismo tratamiento fiscal de los intereses a las ganancias o pérdidas cambiarias es longevo y, por tanto, debe adecuarse y actualizarse a las nuevas necesidades, incluso copiando legislaciones de otros países, pues obviamente el legislador no previó en su momento los cambios que se darían en el entorno económico y sus repercusiones en el sistema fiscal mexicano.

  • Proporcionalidad tributaria. La capacidad contributiva es el objetivo de la proporcionalidad; no obstante, esta es más amplia y discurre en dos momentos: en la elección del objeto imponible y en la redacción del tipo impositivo.
  • Proporcionalidad en la elección. La jurisprudencia de la Suprema Corte, si bien reconoce la potestad del legislador para escoger el objeto de los impuestos, no la considera ilimitada, sino que la vincula al cumplimiento de las garantías de justicia tributaria y, de manera destacada, a la garantía de proporcionalidad tributaria. De esta circunstancia surge la necesidad de la coincidencia entre la base gravable, determinada mediante la aplicación de la ley impositiva, y la manifestación de riqueza presente en la realidad, constitutiva del hecho imponible, el legislador tiene la obligación constitucional de medirla correctamente a través de esa ley; la consecuencia para el caso contrario es la desproporcionalidad de la ley impositiva.

Debe haber un equilibrio entre la capacidad económica y la capacidad contributiva que el legislador establece, es decir, la riqueza susceptible de ser gravada.”

Considero que derivado de la fluctuación cambiaria hay una manifestación de riqueza o detrimento de esta, ya que al cubrir una deuda o un crédito que fue valuado al tipo de cambio histórico, se puede generar una ganancia o una pérdida al utilizar el tipo de cambio a la fecha de realización, ya que se requerirán menos o más pesos, respectivamente, para extinguir la obligación. Pero esto solo sucedería si se tratara de la ganancia o pérdida realizada, más no así de la devengada que dispone nuestra legislación fiscal.

  • Proporcionalidad en la imposición. Debe haber un perfecto equilibrio entre la capacidad económica y la capacidad contributiva que el legislador establece, es decir la riqueza susceptible de ser gravada. Al permitir que las ganancias y pérdidas cambiarias se acumulen o deduzcan, respectivamente, conforme se devenguen, no se está atendiendo a la capacidad contributiva de los sujetos pasivos de la relación tributaria, ya que no se ha materializado el incremento o decremento del haber patrimonial, toda vez que esto ocurrirá hasta que efectivamente se haya obtenido la utilidad o sufrido la pérdida cambiaria. El reconocimiento fiscal sobre una base de devengado tiene sentido para los intereses, pues estos sí se generan día a día y ya hay un derecho del acreedor para adquirirlos, en cambio, como su nombre lo indica, la fluctuación puede que un día genere ganancia y otro pérdida, por lo que no hay seguridad que al momento de materializarse el cobro o pago en moneda extranjera efectivamente se genere el mismo resultado, máxime en épocas de mucha volatilidad del tipo de cambio como el que actualmente ocurre.

En consecuencia, considero que el tratamiento fiscal que se le da a la ganancia o pérdida cambiaria resulta desproporcional y por tanto, contrario a lo establecido en el artículo 31, fracción IV de nuestra Constitución, ya que no atiende a la situación real de riqueza y podría originar en algunos casos tornar el impuesto en confiscatorio.

  • Propuesta. En este sentido, la propuesta que hago consiste en derogar el penúltimo párrafo del artículo 8 de la LISR que prescribe que las ganancias o pérdidas cambiarias recibirán el tratamiento fiscal de los intereses y adicionar dos fracciones (una al artículo 18 y otra al 25 de la LISR) para permitir la acumulación o deducción, respectivamente de las fluctuaciones cambiarias realmente materializadas en el ejercicio.

De la propuesta discurren los siguientes elementos: i) se prescinde del tratamiento que la LISR otorga a los intereses; ii) se realiza un cálculo anual que considera el resultado neto entre ganancias y pérdidas cambiarias; iii) se le dará efectos fiscales al resultado cambiario cuando se materialice; y iv) se evitaría propiciar el mantenimiento por largos periodos de tiempo de saldos en moneda extranjera, principalmente con partes relacionadas, para erosionar la base tributaria con las pérdidas cambiarias devengadas.

CONCLUSIONES 

El entorno económico y tratamiento fiscal del resultado cambiario han propiciado que las compañías mantengan deudas para disminuir la base gravable a través de la deducción de pérdidas cambiarias que no representa una previsible erogación de recursos.

El producto obtenido de una interpretación mediante una combinación de los métodos histórico y teleológico permite atribuir un tratamiento distinto al que explícitamente la Ley del ISR y la autoridad fiscal han atribuido a las ganancias o pérdidas cambiarias.

La LISR ha incorporado ciertas figuras para evitar la erosión de la base tributaria y el traslado de beneficios a otras jurisdicciones fiscales mediante el pago de intereses que al tratar de aplicarlas al resultado cambiario, denotan que su tratamiento como interés no tiene coherencia en el sistema fiscal actual.

Un tratamiento sobre el resultado cambiario devengado puede hacer desproporcional el ISR, al gravar un concepto económico que no denota manifestación de riqueza objetiva o que incluso puede variar de un periodo a otro como consecuencia de la volatilidad del tipo de cambio. Un tratamiento fiscal que le dé efecto a la ganancia o pérdida que efectivamente se materialice, resulta idóneo para evitar las distorsiones que se dan al mismo tiempo que garantiza el cumplimiento del principio de proporcionalidad tributaria.

“Tratamiento fiscal de la fluctuación cambiaria con base en su interpretación y proporcionalidad tributaria” es una reseña del trabajo ganador del primer lugar del 12° Premio de Investigación Fiscal.

Lic. José Manuel Zárate López
jmanuel.zarate@hotmail.com

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